Mis ojos se abren lentamente, no sé en qué momento me quedaré dormida. Por las ventanas aun no se filtra el sol, así que deduzco que aún es de noche o tal vez de madrugada. Los brazos de Joseph rodean mi cuerpo. Mi cabeza esta apoyada sobre el pecho varonil y fornido de él. Puedo escuchar su respiración, es tan lenta y suave, los latidos de su corazón van al ritmo de su inhalación. Esa escena me produce una paz interior que no había tenido días. Joseph había utilizado todo su vigor y en algún momento también se rindió ante el cansancio, nos acobijo a ambos y se durmió a mi lado. Me levante quitando con suavidad el brazo que rodeaba parte de mi espalda y cintura. Mi cuerpo desnudo resintió el frio de la madrugada al momento de levantarme. - ¿Te marchas? —Murmuro Joseph detrás de mí. Aun se