- ¿Señorita? —Escuche a lo lejos la voz de una mujer y un golpe incesante - ¿Señorita, esta despierta? Poco a poco mis ojos se abrían, hace algunas horas Joseph me había traído nuevamente a casa, aunque deseaba que estuviéramos juntos, también estaba agotado y tenía un buen descanso para menos tiempo otro día de trabajo lleno de estrés y cansancio. Con todo el dolor de mi corazón, insiste para dormir en su habitación y yo en la mía. - ¿Quién es? —Conteste medio dormida. —Señorita su madre me ha enviado a buscarla —dijo cortésmente— Un joven llego hace unos minutos y desea verla. - ¡Ahora no puedo! —Me excusa con la intensión de que se fuera y me deja dormir un poco más. —Disculpe que insista señorita, pero aquel joven dijo que no se iría hasta que usted lo recibiera. Yo bastante