Más tarde, le pedí a Adam vigilar la puerta de mi habitación y no dejar pasar a nadie menos que fuera de Joseph. Reflexioné las palabras de mi madre, no sabía si tomarlas como una amenaza o como un aviso de las posibles fatalidades que podrían tocar mi puerta. Tenía en cuenta muchas cosas, pero la que encabezaba todos mis problemas era mi padre. Aquel hombre de buen corazón que me acogió como a su hija legítima. Si de volverse realidad todas las promesas de Joseph; tenía que tomar en consideración que nuestro padre se enteraría tarde o temprano, pero no sabría decir, como reaccionaria antes de nuestra relación. Toda persona que nos conocía, sabía que éramos hermanos no consanguíneos, es decir hermanostros. Nunca me gustaría esa palabra, jamás le llamaría a Joseph de esa manera. Me suena co