[ADRIEN]
El aire de la tarde en Italia tiene una cualidad distinta a la de cualquier otro lugar donde haya estado. No es solo más cálido que el de París; parece moverse con otro ritmo, como si el tiempo mismo se desacelerara entre las colinas cubiertas de viñedos que rodean el hotel. Apenas salimos del edificio principal y cruzamos el pequeño patio de piedra, Claire se detiene unos segundos para mirar el paisaje que se extiende frente a nosotros.
No dice nada al principio. Sus ojos recorren lentamente las filas ordenadas de viñas que descienden por la colina, el valle que se abre más allá y las construcciones de piedra clara que aparecen dispersas en la distancia. La luz del atardecer comienza a teñir todo de tonos dorados, y durante un momento me doy cuenta de que Claire está intentando absorber cada detalle como si no quisiera perderlo.
—Es hermoso —dice finalmente, con una voz más baja de lo habitual.
Asiento, observándola más a ella que al paisaje.
—Lo es.
La conduzco por un sendero estrecho que desciende suavemente entre las viñas. Las plantas están alineadas con una precisión casi perfecta, sostenidas por postes de madera clara que parecen formar un patrón interminable a lo largo de la colina. El aroma de la tierra cálida se mezcla con el olor fresco de las hojas verdes, y el silencio del lugar solo se rompe por el canto lejano de algún pájaro o el sonido ocasional del viento moviendo las ramas.
Claire camina a mi lado con pasos tranquilos. Durante unos minutos ninguno de los dos habla, pero no es un silencio incómodo. Es más bien el tipo de quietud que aparece cuando alguien está descubriendo un lugar nuevo y necesita tiempo para entenderlo.
Finalmente ella vuelve a mirar el paisaje.
—Nunca había visto algo así —dice.
—¿Un viñedo? —pregunto con una ligera sonrisa.
Claire asiente.
—Uno real, sí.
—Pensé que en Bruselas habrías tenido alguna excursión turística —comento.
Ella deja escapar una pequeña risa.
—Adrien, fue un curso técnico sobre control de calidad en materias primas. Pasé tres días encerrada en un laboratorio escuchando conferencias sobre estabilización de compuestos aromáticos.
—Suena fascinante.
—Lo fue —responde sin dudarlo.
La naturalidad con la que lo dice me hace mirarla con más atención.
—¿De verdad?
Claire se encoge ligeramente de hombros.
—Claro. Aprendí cosas que sigo usando todos los días.
Sacudo la cabeza con una leve sonrisa.
—Eres la única persona que conozco que hablaría así de un seminario químico en Bruselas.
—Probablemente —admite con calma.
Continuamos caminando hasta que el sendero se abre en una pequeña terraza natural desde la que se puede ver todo el valle. Claire vuelve a detenerse, y esta vez su silencio es más largo. El sol ya está descendiendo detrás de las colinas, proyectando sombras alargadas sobre las viñas y tiñendo el cielo de un color cálido que parece extenderse sobre todo el paisaje.
Durante un momento simplemente permanecemos allí, observando.
—¿Siempre viajas así? —pregunta ella finalmente.
—¿Así cómo?
—Decidiendo en el momento qué hacer.
Pienso en la pregunta unos segundos antes de responder.
—No exactamente. La mayoría de mis viajes están llenos de reuniones, agendas, cenas de negocios. Todo suele estar planeado con semanas de anticipación.
Claire gira la cabeza hacia mí.
—Entonces esto es raro para ti.
—Un poco.
Ella vuelve a mirar el paisaje.
—¿Y por qué lo haces?
La pregunta me sorprende.
—¿Qué cosa?
—Esto —dice señalando el valle con un gesto suave—. Mostrarme todo esto.
La observo durante unos segundos antes de responder.
—Porque nunca lo has visto.
Claire me mira con atención.
—Eso no responde la pregunta.
Tiene razón.
Respiro lentamente antes de hablar.
—Porque quiero que lo veas.
No añade nada más, pero noto que su mirada cambia ligeramente antes de que volvamos a caminar por el sendero.
Un poco más abajo aparece una pequeña bodega construida con piedra antigua. La puerta de madera permanece abierta y desde el interior llega un aroma profundo a vino y madera envejecida.
Claire se asoma con curiosidad.
—¿También haces vino? —pregunta.
—No —respondo—. Pero el propietario del hotel es un viejo conocido de mi abuelo. Nos deja explorar el lugar cuando queremos.
Entramos.
El interior está fresco y silencioso. Filas de barricas se alinean contra las paredes de piedra, y la luz que entra por pequeñas ventanas altas crea sombras suaves sobre el suelo.
Claire camina lentamente entre las barricas, pasando los dedos por la madera de una de ellas.
—Huele diferente aquí —dice.
—¿Diferente cómo?
Cierra los ojos un momento antes de responder.
—Más profundo… más vivo.
La observo con curiosidad.
—Esa es una forma interesante de describir el vino.
Claire abre los ojos y sonríe apenas.
—Estoy acostumbrada a analizar aromas.
—Lo había olvidado.
—Tú olvidaste que trabajo en un laboratorio —dice con suavidad.
—No. Lo recuerdo cada vez que hablas de algo con esa precisión.
Ella se vuelve hacia mí.
—¿Eso te molesta?
—No.
Doy un paso más cerca antes de continuar.
—De hecho, creo que es una de las cosas que más me sorprendieron cuando te conocí.
Claire ladea ligeramente la cabeza.
—¿Sorprendieron?
—No esperaba que alguien hablara así en mi oficina.
—¿Cómo?
—Sin intentar impresionarme.
Durante un momento ninguno de los dos habla.
Claire baja la mirada hacia la barrica que tiene frente a ella.
—Nunca intenté impresionarte —dice finalmente—. Solo quería que me escucharas.
—Lo hice.
Cuando vuelve a mirarme noto que la distancia entre nosotros es menor ahora. No porque ninguno haya decidido acercarse deliberadamente, sino porque la conversación nos fue llevando lentamente hasta ese punto.
El momento dura unos segundos antes de que Claire dé un pequeño paso hacia atrás, como si recordara algo importante.
—Deberíamos volver antes de que oscurezca —dice.
Asiento.
—Sí.
Salimos de la bodega y comenzamos el camino de regreso al hotel. El sol ya casi ha desaparecido detrás de las colinas y el aire se vuelve más fresco mientras avanzamos entre las viñas.
Claire guarda silencio durante varios minutos, pero cuando finalmente llegamos al patio de piedra se detiene otra vez.
—Gracias —dice.
La palabra es sencilla, pero suena sincera.
—¿Por qué?
—Por mostrarme todo esto.
La observo unos segundos antes de responder.
—Todavía no has visto nada.
Claire sonríe ligeramente.
Y por alguna razón que todavía no termino de entender, esa sonrisa me deja con la sensación extraña de que algo entre nosotros acaba de empezar a cambiar… aunque ninguno de los dos esté listo para admitirlo todavía.