Cementerio Paleu, Rumanía Enrique Si algo aprendí desde que su mano sujetó la mía, es que Claude Laval-Scieri es un hombre incomprendido, un demonio temido y un ángel despreciado, eso era él para el mundo, pero para mí es mi maestro, mi juez, mi verdugo, el único que me comprendía a lo largo y ancho de este mundo, el único que me conocía más de lo que nunca he podido conocerme. Casi quince años he estado a su merced, he trabajado como un esbirro para él, le he dado mi tiempo, mi experiencia, mi conocimiento, mis pecados y mis fortalezas, le he dado más de lo que jamás di a nadie sin importar si estaba o no de acuerdo con sus decisiones, jamás le impedí hacer su obra a menos que considerara viables otras opciones que quizás él no quería o no había contemplado, pero si había algo que le en

