Oskar Le di tiempo a Mina de soltarse y en lo que ella volvía del baño (después de mucho llorar), yo rellené su copa y colocaba más leña en la chimenea, aunque era imposible no sentirme identificado con ella, motivo que me hizo tomar una decisión que no creí hacer nunca. —¿Te sientes mejor? —pregunté, entregándole su copa. —Sí, gracias por escucharme. —Al contrario, te agradezco por confiarme tanto y por eso me gustaría contarte algo. —No es necesario que me hables de ti, yo solo sentí que quería decírtelo, pero no era el momento indicado y menos porque es un día para estar felices, no tristes —la invité a sentarse en el sofá y en lo que veía sus postres, todavía servidos, recordaba nostálgico mi pasado. —Cuando era niño, fui adoptado por el matrimonio Lemaire-Vanccini —sus párpados

