La casa me recibe en silencio, como siempre. Pero esta vez no se siente vacía. Cierro la puerta detrás de nosotros y el sonido no es definitivo, no es frío. Es apenas un límite contra el mundo que dejamos afuera. El aire todavía vibra con lo que pasó, con la tensión del enfrentamiento, con las palabras que no se pueden desoír una vez dichas. Dasha permanece quieta unos segundos, de pie en el recibidor, como si no supiera dónde colocar el peso del cuerpo ahora que ya no hay peligro inmediato, ahora que la adrenalina empieza a caer. La observo. Tiene los ojos cansados, el gesto agotado, pero hay algo distinto en su postura. Ya no está encogida. Ya no parece prepararse para el golpe siguiente. Está herida, sí… pero no sola. Me acerco despacio. No quiero invadirla. No después de todo. —Aq

