Jamás hubiese imaginado convertirme en esta versión de mí mismo. Hay instantes —como este— en los que apenas me reconozco. Enamorarse no estaba en mis planes. Jamás lo estuvo. Pero tampoco estaba previsto encontrarme con esos ojos que me desarman, con esa mujer que consiguió mover todas las piezas que yo creía inamovibles. Nuestros padres ya se han marchado. La casa volvió a quedar en silencio, envuelta en una calma que no es vacía, sino expectante. Nosotros seguimos celebrando a solas, brindando con un champagne exquisito que apenas pruebo… porque me entretiene demasiado observar cómo se posa en sus labios, cómo los humedece, cómo los vuelve todavía más peligrosos. —Siento envidia de esa copa —murmuro, acercándome por detrás para rodearle la cintura y atraerla contra mi cuerpo. Dasha

