Hay algo que me pone en alerta, pareciera que es la sensación previa. Esa quietud espesa que se instala cuando alguien ya tomó una decisión y solo está esperando el momento exacto para ejecutarla. Llevo días sintiéndola bajo la piel. Desde el mensaje. Desde la amenaza disfrazada de frase ambigua. Desde que entendí que Sergei no piensa retirarse… piensa escalar. Entramos a la empresa con escolta. Dos hombres adelante, uno detrás. Nuevos protocolos, nuevas cámaras, nuevas rutas. Todo parece más sólido, más blindado. Nada se siente realmente seguro. Le tomo la mano a Dasha cuando cruzamos el lobby. No es un gesto teatral. Es instinto. Es confirmación. Es decirle sin palabras que sigo aquí. Ella aprieta mis dedos con fuerza. —No me sueltes —murmura, apenas audible. No lo haría aunque qu

