Lumus sintió que su estómago se revolvía – lo que dices no tiene sentido, en quinientos años estaré muerto. No necesito ir tan lejos – se burló de sí mismo – quince. Veinte si tengo suerte – se llevó la mano al rostro para presionar sus ojos – no viviré más que eso y esperas que crea que esa…, era mi voz quinientos años en el futuro, ¿por qué? Su corazón latía muy rápido, era consciente de sus problemas médicos, pero al decir que moriría en quince años ese tiempo se sintió tan corto, que tuvo que detenerse. – ¡Por qué siquiera estoy escuchándote! El espíritu se mantuvo en calma. – Dime – pidió Lumus, más centrado en el problema y dejando de lado la misteriosa voz – ¿por qué me estás haciendo esto?, no soy el maestro de la torre, ¿por qué a mí? El espíritu levantó la mirada – yo no lo