Era momento de volver a Moscú, Damián se despidió de sus padres y se marchó con el amargo sabor que era la indiferencia de su hermana. Esta no se había despedido de él, salió desde temprano para evitarlo. Él subió al jet y pasó todo el vuelo durmiendo, dándole por fin a su mente un respiro. Llegó con buenos ánimos a la ciudad y se sentía preparado para enfrentar a esa mujer de la que había estado huyendo. Marcó su número cuando ya se encontraba en su departamento con una copa de Whisky en su mano. —Damián o hermana de Damián —ella rió sin ganas recordando lo desagradable que fue aquella conversación. —Soy yo, estoy en mi departamento y esperándote para esa urgente conversación —contestó serio —Al salir del trabajo llego a tu casa. —¿No puede ser ya? —preguntó fastidiado —Estoy