CAPÍTULO 76.

1553 Palabras

Salimos del juzgado como sombras que se resisten a ser vistas, deslizándonos entre la multitud sin querer ser tocadas por su atención. Cada lente, cada micrófono y cada grito de los periodistas me atraviesan la piel como agujas invisibles. Siento su peso, un calor agudo que me hace querer desaparecer, y, aun así, tengo que mantenerme firme. Nicoló camina a mi lado con nuestras manos entrelazadas y gesto imperturbable, un muro sólido que absorbe la hostilidad exterior y la convierte en silencio. Su presencia es un ancla, y yo me aferro a ella con cada fibra de mi ser. A unos pasos detrás, Gary y el abogado Caravaggio avanzan con rostros que delatan cansancio y satisfacción, pero también una serenidad que contrasta con mi caos interno. El aire está cargado de tensión; cada bocanada parecía

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