CAPÍTULO 71.

2012 Palabras

El olor del café caliente me envuelve como una manta suave. Siento cómo baja tibio por mi garganta irritada mientras trato de disimular la risa que me provoca ver a Emilio con toda la cara embarrada de mango. Nicoló hace un esfuerzo casi heroico por limpiarlo, pero apenas consigue pasarle la servilleta cuando ya el niño vuelve a llenarse otra vez. La escena me enternece de una manera que no sé cómo esconder, así que acerco la taza a mis labios para cubrir la sonrisa que se me escapa. Él levanta la mirada un segundo y me ve. Su expresión es una mezcla de paciencia y resignación, pero también hay orgullo en su gesto, como si llevarse toda esa fruta encima fuera una medalla que está dispuesto a soportar por Emilio. Y lo entiendo. Yo también lo miraría igual. —¿Cómo está Dahlia? —preguntó de

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