CAPÍTULO 42.-4

886 Palabras

—No —le digo yo ahora, con firmeza—. No. No voy a dejar que esto quede así. Necesito que me escuches, Nicoló. Él no se mueve. Ni siquiera me mira. Pero sé que me oye. Me acerco un poco y me muerdo el interior de mi mejilla cuando mi voz tiembla, pero no se quiebra. —Conocí a Franco meses antes de conocerte. —Nicoló no me mira. Pero algo cambia en la tensión de su cuerpo. Algo se inmoviliza y lo tomo como mi señal. —Lo conocí en el restaurante donde trabajaba como camarera —continúo—. Era encantador. Tenía ese tipo de carisma que te envuelve sin que te des cuenta. Empezamos a hablar. A coquetear. —Mi voz es apenas un hilo, pero persistente. Es la única cuerda que me sostiene. —Nunca me dijo que estaba comprometido —agrego—. Nunca me dijo quién era realmente. Me dijo que trabajaba en el ár

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