CAPÍTULO 48.-2

983 Palabras

Un leve movimiento en la cama me saca de mis pensamientos. Giro la cabeza y veo a Emilio, estirándose entre las sábanas, frotándose los ojos con esas manitas que siempre me derriten. Una sonrisa pequeña se dibuja en mi cara, involuntaria, pero real. Me levanto, cierro el portátil y camino hacia él. —Buenos días, mi vida —susurró, y mi voz suena más cálida de lo que me siento por dentro. Lo tomo en brazos, siento su calor, su olor suave, ese que siempre me recuerda que todavía hay cosas puras en el mundo. Me doy cuenta de que ya son más de las siete y el tiempo se me ha ido rápido. Con cuidado cambio a Emilio, con movimientos casi automáticos, pero cada tanto lo beso en la frente, porque necesito que sienta que todo está bien, aunque por dentro yo sea un torbellino. Abro la maleta y saco

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