El tintineo de los cubiertos contra la porcelana fina era el unico sonido que irrumpia el denso silencio de la habitacion. Emilia se mantuvo rígida, con la espalda recta y las manos entrelazadas sobre el regazo, mientras las dos empleadas se acercaban para servirle. Se movían con gracia evitando mirarla a los ojos, como si temieran que cualquier gesto erróneo pudiera hacer enfadar aun mas al señor Cavallaro. —Ella es Agata —dijo Elio, señalando con un leve movimiento de cabeza a la mujer mayor, cuyo rostro surcado de arrugas suaves la hacian lucir muy gentil y amable—, y la joven es su sobrina, Sofía. Ambas son parte fundamental de esta casa desde hace mucho tiempo y conocen bien el significado de la lealtad. Agata hizo una pequeña e impecable inclinación de cabeza, mientras Sofía termin
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