Capítulo 4. Un cliente más.

1756 Words
La oficina olía a café costoso y documentos nuevos. Bianca estaba revisando unos informes, intentando concentrarse, cuando escuchó el paso firme de Tyler detrás de ella. Un escalofrío le recorrió la espalda. —Otra vez esto mal —dijo él, dejando un archivo caer sobre el escritorio con un golpe seco. Bianca lo miró ligeramente avergonzada. Ese tono mezquino. Esa superioridad. —Lo revisé dos veces —respondió ella, controlando la mandíbula y aquella voz que amenazaba con delatar lo nerviosa que él la ponía. —Pues hazlo tres —ordenó Tyler sin verla siquiera—. No puedo trabajar con gente ineficiente. Las palabras le atravesaron el pecho. Cuando Tyler se alejó, Bianca tuvo que cerrar los ojos un momento. Lo odiaba. Odiaba cómo la hacía sentir, pequeña, torpe, prescindible. Bianca recordó cómo la noche anterior él había mirado a Nyx con devoción silenciosa. Un contraste delicioso, extraño, difícil de entender. No perdió mas el tiempo y se puso a trabajar. Una hora después… —Traje el informe que pidió —dijo al fin, dejando la carpeta sobre el escritorio, con las manos aún temblorosas por lo que sabía. Tyler tomó la carpeta sin agradecer, sin mirarla. Bianca esperaba que esa frialdad no le molestara. Pero lo hacía, un poco… también la intrigaba. Había algo atractivo en ese autocontrol casi doloroso. Algo que ella conocía íntimamente, aunque él creyera que nadie lo sabía. —Organiza los documentos para la reunión de las once. Y por favor, hazlo bien esta vez —dijo él. Bianca respiró hondo, conteniendo la sonrisa que amenazaba con traicionarla. “Si supieras lo bien que me salen las cosas… cuando tú decides no mirarme a los ojos.” Ella prefería esa mirada con deseo contenido, que ardía debajo de su piel tan fría durante el día. Bianca dio media vuelta y se dirigió a su escritorio. Sus pasos se sintieron extrañamente firmes. El doble juego apenas comenzaba, pero la tensión ya estaba ahí, vibrando entre ellos como una cuerda demasiado tensa. Y mientras fingía ordenar papeles, no pudo evitar pensar en lo inevitable: Tyler Hale deseaba a Nyx, deseaba ser sumiso, pero solo con ella. La luz que entraba por los ventanales de la oficina parecía más brillante de lo normal, casi incómoda. Bianca parpadeó varias veces, ajustándose las gafas, un accesorio que ni siquiera necesitaba, pero que había descubierto útil para reforzar su fachada de secretaria. Había dormido poco. Muy poco. Era imposible cerrar los ojos sin recordar la noche anterior, la manera en que Tyler había pronunciado “Lo haré”, con una mezcla de vulnerabilidad y determinación que ella jamás había visto en él durante el día. Nyx había mantenido el rostro impasible, como debía ser… pero Bianca, debajo de la máscara, había sentido algo inesperado. Algo cálido, algo peligroso. Sacudió la cabeza, como si quisiera expulsar la sensación. No podía permitirse eso, ella tenía reglas. De noche era poder, de día era silencio. Punto. Pero cuando Tyler pasó frente a su escritorio esa tarde, Bianca sintió cómo el aire cambiaba. Él llevaba el traje oscuro que siempre lo hacía parecer más impenetrable, la corbata perfectamente recta, el paso firme que hacía resonar el piso, era un hombre que nunca perdía el control. —Le pediré algo de comer—dijo Bianca con voz neutra, él siempre comía a estas horas. Tyler se detuvo. Solo un segundo. Un instante mínimo, pero suficiente para que ella notara un detalle: su respiración cambió. Muy ligeramente. Como si algo en su memoria hubiera sido rozado por una sensación reciente. No podía reconocerla, ¿Verdad?. La peluca, las lentillas, la postura, la voz modulada… Nyx era otra mujer. Una que Bianca había creado con precisión quirúrgica. Pero el cuerpo… el cuerpo no miente. —Si, gracias—respondió él, sin mirarla directamente. Ese “sin mirarla” era nuevo. Tyler siempre la observaba con juicio, con desdén profesional, con ese gesto de “¿por qué contratamos a esta persona?”, pero hoy… hoy parecía evitar sus ojos. Bianca se acomodó en la silla, saboreando el cambio sutil. —El informe de ayer ya está en su escritorio —dijo ella, intentando mantener su tono normal. Tyler asintió, pero la forma en que lo hizo era… distinta. Como si él mismo no estuviera cómodo dentro de su propia piel. Y entonces ocurrió. La mirada, tan solo fue por unos segundos, pero pareció, eterna. El cruce más fugaz del mundo, pero suficiente para que Bianca lo sintiera como un roce palpable. Él la miró, no como jefe irritado, no como hombre que critica la eficiencia de su secretaria. La miró con una duda suave, con una pregunta muda. Como si, en un rincón remoto de su mente, hubiera una chispa que reconocía… algo. Bianca se apresuró a mirar hacia los papeles, fingiendo buscar un bolígrafo. Su corazón latía con demasiada fuerza. No podía permitirse ese desliz. Ni permitir que él se acercara a esa verdad. —Necesitaré la agenda reorganizada para la tarde —dijo Tyler, recuperando su voz firme. —Pospón las reuniones después de las cuatro para mañana. —Claro —respondió Bianca, sin levantar la vista, ahora ella era la sumisa, la que necesitaba permiso para verlo, era gracioso hasta cierto punto. Cuando él entró en su oficina y cerró la puerta, ella dejó escapar el aliento que había estado conteniendo. No debía afectarle. No debía gustarle tanto ese riesgo. Pero algo en la tensión silenciosa de la mañana tenía un sabor distinto, casi… adictivo. Bianca sabía que Tyler no era un hombre fácil. Ni de día. Ni de noche. Pero también sabía algo que él aún no comprendía. Él ya le había cedido más poder del que imaginaba. Mientras se acomodaba en su asiento, la esquina de sus labios se curvó sin permiso. Recordó su propuesta, tener intimidad con él, ella había evaluado cada pro y contra, y al final tuvo una respuesta clara, nunca había intimado con otros clientes, jamás la habían tentado lo suficiente, Tyler por otro lado. Cielos, solo bastaba verlo para tener pensamientos pecaminosos, aun con ese ceño fruncido y ese genio del carajo. “Solo es un cliente mas”, se dijo así misma, ¿Que podía salir mal?, para cuando el supiera, si es que lo sabía, para entonces, ella ya habría ahorrado lo suficiente para empezar en cualquier lugar que deseara. Y esa noche… Esa misma noche, cuando Bianca se transformó, peluca, antifaz, ojos falsos… Tyler entró en la sala, con la cabeza gacha. Los hombros tensos. La respiración contenida, como si esperara permiso para existir. Bianca lo miró con una mezcla de rencor y poder. “Si supieras quién soy”…, pensó. —Arrodíllate —ordenó ella, y Tyler obedeció de inmediato. Bianca lo rodeó despacio, saboreando la ironía. —He pensado en tu propuesta. Él la miró un poco desesperado por saber, ella sonrió. —Hagámoslo, pero el precio será el triple de lo que pagas por una sesión. —Esta bien— respondió él de inmediato. Bianca respiró profundo y lo miró arrodillado, obediente, no lo humillaría, no rompería el rol. Pero sí lo guiaría con más firmeza, con más precisión. Con la seguridad de saber que cada orden suya, cada mirada suya, era también una venganza silenciosa que Tyler jamás descubriría. —Bien, Tyler —dijo ella, posando la mano en su nuca—. Entonces empieza. —Sí, señora —susurró él. Tyler se desvistió de la parte superior, dejando libre cada zona, expuesto y sin protestar, ella lo ató de las manos con su propia corbata, le dio latigazos firmes por toda la espalda, dejándolo disfrutar y calmar el ardor en su piel. —Eres mío Tyler, dilo—Ordenó ella. —Soy tuyo— murmuró él con la voz entrecortada por el deseo. —Boca abajo— ordenó ella. Tyler se tiro en el piso, estaba alfombrado, tal vez no limpio, pero eso no le importó, si ella lo pedía, él lo haría sin dudar. Bianca se montó sobre su espalda y acarició su piel, se inclinó hasta su nuca y lo tomó del cabello, ese cabello perfecto qué él poseía. Le dio un par de mordidas en los hombros y miró como su piel se erizaba, mientras que su respiración se agitaba. —¿Quieres mas?. —Si. —Suplica, quiero escucharte. —Por favor, no pares, te lo suplico, dame lo que necesito. Ella aruñó su espalda y Tyler tembló. Bianca sintió un placer oscuro al verlo. “En la noche, te tengo yo. En el día, crees que me tienes tú”. La sesión duró media hora más, hasta que finalmente, Bianca lo soltó y le ordenó acostarse en la cama, él obedeció, respiraba fuerte mientras que un bulto sobresalía en sus pantalones. —Desvístete todo— ordenó ella, quería verlo antes de quedar expuesta ante él. Tyler llevó ambas manos a sus pantalones, se quitó el cinturón y desabotonó su pantalón de vestir, se quitó todo sin dudar y Bianca tragó saliva sin poder apartar la vista. El infeliz además de ser guapo y adinerado, estaba bien dotado, ella debió de suponerlo. Se lamió los labios y sonrió. —En ese cajón hay preservativos, ponte uno. Tyler caminó desnudo hasta aquel cajón y sacó un preservativo, se lo puso con calma y solo hasta entonces Bianca se empezó a desvestir, Tyler la observaba de un modo diferente, desesperado. Ella tenía un cuerpo perfecto, tal y como él lo imaginó, piel blanca, cintura pequeña, tenía las curvas perfectas. Bianca creyó que tendría el control de todo, y de un momento a otro, Tyler la sujeto de la mano, esa mirada cambió, esa mirada de sumisión cambió a depredador, Bianca estaba estupefacta. —Espera— dijo ella titubeante. Él no la escuchó, empezo a devorarla como si fuera una bestia hambrienta, Bianca apenas y podía contenerlo, de un modo asombroso él la sujetó con una sola mano y la cargó, ella tuvo que sujetarse de su cuello para no caer, el jamás la soltaría, pero ella no lo sabía. Se miraron a los ojos, debajo de ese antifaz ella escondía su mas intimo secreto. A él no le importaba, ella había despertado un deseo en él que no podía controlar y tampoco quería. Bianca se sujetó con fuerza de sus hombros al sentir como su miembr*o se posicionaba en su intimidad. Respiró hondo y entendió, que por primera vez, había perdido el control dentro de esas cuatro paredes.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD