A la mañana siguiente, Bianca llegó a la oficina más temprano de lo habitual, usualmente llegaba ligeramente tarde. Pero esa mañana no podía quedarse en casa un minuto más. El eco de lo que había ocurrido anoche se le incrustaba en cada pensamiento, como un latido extra.
Recordaba sus gemidos descontrolados y ese deseo arrebatado de Tyler, lo buen amante que era, esos movimientos que la hicieron llegar al orgasmo, el infeliz sabía cómo hacerlo.
¿Había algo que Tyler Hale no pudiera hacer?.
Apenas puso un pie en el vestíbulo, sintió un temblor en el estómago.
“No puede ser que haya hecho eso. Con él, con mi maldito jefe.”
Un recuerdo fugaz le cruzó la mente como un destello demasiado brillante: sus manos tocando ese perfecto abdomen marcado, la forma en que él la miró cuando se entregó completamente, la vulnerabilidad que jamás habría imaginado en un hombre así.
Bianca parpadeó rápido, tragando aire, después de aquel encuentro, ella se sintió avergonzada, no podía ni verlo a los ojos, así que huyó del lugar, “Es todo por hoy, te dejo para que te vistas”, eso fue todo lo que le dijo.
Concéntrate, mujer. Actúa normal.
Se sentó en su escritorio, ordenó papeles, abrió correos, cerró correos, abrió la agenda y olvidó de inmediato qué estaba revisando. Cada vez que intentaba enfocar la vista, otra imagen nocturna le golpeaba la conciencia y la hacía perder el ritmo.
—Enfócate. Por favor —murmuró para sí misma entre dientes.
Pero no funcionaba, no importaba cuanto se regañará, nada parecía mantenerla concentrada.
Y entonces, lo sintió antes de verlo: ese paso firme, medido, casi arrogante, que ella conocía demasiado bien. Tyler. Caminó a su oficina, actuando como si el mundo entero se adaptara a él.
Ella lo siguió con la vista sin querer, y ahí estaba…
El mismo rostro serio, la misma elegancia calculada, la misma mirada afilada que usaba para mandar y controlar.
Pero ella ya había visto su otro lado, había visto lo que había debajo de todo eso, y le gustaba.
Tyler notó su mirada apenas por el rabillo del ojo, y por un instante, su expresión se quebró. Una respiración contenida. Un gesto mínimo. Como si él también recordara algo que no debía en la peor hora del día.
Bianca se tensó aún más al notar esa mirada fugaz.
Tyler entró a su oficina sin decir nada, pero dejó una frase flotando en el aire:
—Buenos días Bianca.
La forma en que lo dijo la atravesó.
Normal.
Demasiado normal.
Y por eso mismo, sospechoso, parecía que hoy estaba de buen humor, aunque no lo demostrara, esos pequeños detalles, eran una buena señal.
Bianca volvió a su trabajo, pero su mente seguía traicionándola: la sombra del cuerpo de él, su voz ronca, la cercanía, la entrega…
No, no pienses en eso aquí. Por favor, no ahora.
El teléfono sonó. Ella lo tomó sin ver quién marcaba.
—D-¿Diga? —se le quebró la voz. Quiso golpearse la frente contra el escritorio al sentirse tan torpe, tal vez si era verdad lo que Tyler decía, tal vez si era realmente torpe y no se daba cuenta ella misma.
La voz de Recursos Humanos respondió por el auricular, hablando de formularios y actualizaciones. Bianca apenas podía registrar una palabra. Sus pensamientos estaban ocupados en otra cosa.
Cuando colgó, Tyler salió de su oficina con unos documentos.
Ella sintió que el alma se le congelaba.
—Revisa esto cuando tengas tiempo —dijo él, dejándolos en su escritorio.
Sus dedos rozaron los de ella.
Un toque mínimo. Accidental.
Pero suficiente para disparar otro recuerdo, su piel, su cercanía, el tremendo contraste entre la noche y el día, y con él, un rubor súbito se apoderó de Bianca, rubor que ella trató de disimular agachando la cabeza.
Tyler vio el movimiento.
No comentó nada.
Pero su mirada se quedó un segundo más sobre ella… evaluándola, reconociendo algo que no debía reconocer.
—Voy a la sala de juntas— dijo Tyler para después marcharse.
Cuando estuvo lejos, Bianca dejó escapar un suspiro que llevaba conteniendo desde que entró al edificio.
Estoy perdida, pensó….
….
Aquella mañana parecía ir bien, hasta que de pronto…
Tyler salió de su oficina con un expediente en la mano, el ceño fruncido y el paso firme que hacía que todos corrigieran su postura apenas lo escuchaban venir.
—Bianca— Su voz cortó el aire como un látigo seco.
Ella se levantó de un respingo, inclusive se sorprendió ella misma de haber reaccionado tan rápido, intentó mantener la calma, pero conocía ese tono en su voz, aquí venía de nuevo.
Los otros empleados levantaron la mirada, discretos, sabiendo que venía una tormenta.
Tyler dejó el expediente sobre su escritorio con un golpe tan fuerte que varios se sobresaltaron.
—¿Qué es esto? —preguntó él, con el tono de quien ya decidió que todo está mal.
Bianca tragó saliva, sus manos empezaron a temblar ligeramente. —Es el reporte actualizado, señor…ayer…
—No. —La interrumpió él sin mirarla—. Esto está lleno de inconsistencias, ¿Esto es un trabajo bien hecho para usted?.
Ella abrió la boca, pero él no le dio espacio. —No entiendo cómo puede ser tan difícil para ti seguir una instrucción simple.
—Señor, yo…
—No. —Esta vez Tyler levantó la mano, señal absoluta de silencio—. Estoy hablando.
Bianca sintió el calor subiéndole al pecho, vergüenza, enojo, impotencia… un nudo que solo Tyler sabía provocar.
—Todos los demás entregaron su parte correctamente —continuó él, mirando alrededor para asegurarse de que todos escucharan—. Pero tú… tú siempre entregas tarde, siempre está mal, siempre hay un error, uno, tras otro.
Bianca apretó los dientes tan fuerte que casi le dolió la mandíbula.
Los demás empleados fingieron mirar sus pantallas, pero todos escuchaban con atención, sintiendo pena por la pobre mujer.
—Si no puedes mantener el ritmo —prosiguió Tyler — tal vez este no es el puesto adecuado para ti.
Ese golpe fue personal, demasiado directo, era como si él en verdad la odiara.
—Rehazlo —ordenó con frialdad absoluta. —Desde cero. Y lo quiero antes de las cinco.
—Pero señor es…
—Antes de las cinco, Bianca —repitió. —Si no lo entregas, estarás despedida, dijo él para después darse media vuelta y regresar a su oficina sin esperar respuesta, mientras Bianca sentía cómo todos evitaban mirarla para no avergonzarla más.
Ella recogió los documentos con manos tensas, respirando por la nariz para no dejar que la rabia le subiera hasta los ojos.
ineficiente, lenta.
Las palabras de él rebotaban como piedras dentro de su cabeza.
Pero ninguna dolía tanto como la ironía.
Porque esa misma noche…
El mismo hombre que la acababa de humillar…
Sería el que se arrodillaría a sus pies.
Bianca apretó los papeles contra su pecho y murmuró para sí misma, apenas audible.
—Esta noche… — La voz le tembló, llena de una mezcla salvaje. —Esta noche vas a entender lo que es “seguir instrucciones”, Tyler.
Y volvió a su trabajo con un fuego contenido que nada lo podía apagar.
Esa misma tarde, ella tuvo que hacer milagros y pedir favores, pero al final, entregó a tiempo aquel informe, y esa misma noche.
La sala estaba a oscuras cuando Bianca llegó.
Solo una luz tenue bañaba el centro del cuarto, dejando sombras que atestiguarían la venganza de esa mujer.
Ella avanzó con pasos lentos, aún con el eco del día retorciéndose entre sus entrañas.
La humillación, el enfado, la impotencia contenida, ella no quería mezclar su vida personal con trabajo, pero él lo volvió personal.
Esos sentimientos, estaban todos ahí… convertidos en un calor profundo bajo su piel, mientras ajustaba la peluca, el antifaz, y las lentillas que la volvían irreconocible.
No me verá, nunca sabrá, pero hoy sí va a sentirlo.
Tyler llegó puntual, como siempre.
Entró sin levantar la mirada, la postura ya moldeada por la sumisión que solo mostraba allí, solo para ella.
—Buenas noches —murmuró.
Pero Bianca no respondió de inmediato.
Caminó hacia él en silencio, rodeándolo, observando cada línea de su cuerpo.
Él tensó los hombros, percibiendo algo diferente… algo más afilado que en las sesiones anteriores.
Él pensó que fue debido a su arrebato de ayer en la noche, ella iba a castigarlo y eso lo hacía sentir extasiado, no podía esperar a ver.
Cuando Bianca finalmente habló, su voz era un susurro que cortaba.
—Arrodíllate.
Tyler lo hizo sin dudar, el gesto dominado por la necesidad más que por la disciplina.
Bianca se detuvo frente a él y tomó su barbilla para alzarla hacia ella con un ángulo muy calculado.
—Parece… —dijo, — que tuviste un día… complicado.
Tyler exhaló. —Un poco.
Bianca casi rió por lo irónico.
—Siento curiosidad, ¿Cómo eres allá afuera?.
La pregunta lo hizo tensarse. —Allá afuera, yo tengo el control—Respondió sin verla a los ojos.
—¿Eso te gusta?.
—Si.
“Si, ¿Te gusta hacerme sufrir?, infeliz “.
Bianca cerró los ojos por un segundo.
Abrió los ojos y su expresión debajo del antifaz se endureció ligeramente.
—Bien —dijo ella, se inclinó hacia él, sin tocarlo. —Aquí no tienes, ni poder, ni control, ni firmeza, ayer…—dijo ella haciendo una pausa, no tenía quejas de lo de ayer, el sexo fue extrañamente fabuloso, glorioso inclusive. —Desobedeciste una orden.
Su voz era una caricia peligrosa.
—Aquí vas a ser exactamente lo contrario de lo que eres allá afuera, ¿Lo entiendes?, aquí no mandas tú.
Tyler tragó saliva, entregado.
—Mírame.
Él obedeció.
Sus ojos temblaron apenas bajo la intensidad de ella.
—Quiero ver cómo se desmorona el hombre que hoy se creyó dueño de todo —susurró Bianca.
Tyler respiró hondo, el pecho subiendo con un temblor casi imperceptible.
Bianca dio un paso más cerca.
—Esta noche, Tyler…— Su voz bajó aún más. —Vamos a hacer algo diferente.
De un armario, ella sacó un látigo, parecía indefenso, pero apenas lo desenrolló, Tyler tragó saliva al ver lo peligroso que podía ser, ella dio pequeños pasos hasta él.
—Quítate la ropa, toda.
Él fue obediente, quedó totalmente expuesto ante ella, ella lo guio hasta una pared, de esta pared colgaban unas esposas, ella lo ató sin dudar y le vendó los ojos, haciendo que Tyler se sintiera realmente vulnerable, sin control de nada.
Y así comenzó la sesión de esa noche.
Primero, un latigazo en la espalda, no demasiado fuerte, pero que hizo a Tyler contraer los músculos.
—Yo no quiero ser mala contigo, pero tú, me orillas a esto.
Tyler respiró con fuerza. —Lo merezco, castígame…
Un rato después, cuando Bianca observó el cuerpo de Tyler, se sintió algo extraña, había un poco de sangre en la espalda de Tyler, sus piernas temblaban mientras que su respiración era rápida, parecía que dolía, pero él no la detuvo, ¿Por qué?, ¿Lo disfrutó?, parecía que sí.
Bianca se alejó apenas dos pasos, observándolo mientras su respiración aún se ajustaba, su enojo se había apaciguado, se apresuró a soltarlo y lo miró caer de rodillas, exhausto, ella no podía perder el control de nuevo, se dijo así misma que debía de mantener el profesionalismo.
—Levántate —ordenó con voz suave, pero firme.
Tyler se puso de pie con una lentitud reverente, aún temblante, aún rendido.
Ella lo recorrió con la mirada, midiendo cada reacción, cada tensión que él no sabía que mostraba.
Ella le quitó la venda de los ojos. —A la cama.
La recompensa venía ahora, esta vez fue ella misma la que buscó el preservativo, lo miró hacer una mueca cuando su espalda tocó las sábanas y se sintió fascinada, eran totalmente opuestos, el Tyler de la oficina y este hombre indefenso frente a ella.
—¿Quieres que te toque?.
—Si—Respondió él sin dudar.
—¿Quieres que sea gentil?.
—No.
Bianca asintió, se montó sobre él y empezó a acariciar su pecho. —No te muevas— Ordenó.
Tomó una fusta de cuero y le dio un pequeño golpe en el pecho, solo para provocarlo, le puso el preservativo y se desvistió, este nuevo juego, empezaba a ser realmente satisfactorio.