Desde la última sesión, Tyler no era el mismo, por fuera, nada había cambiado, seguía siendo el CEO estricto, meticuloso, el que caminaba por los pasillos con paso firme y mirada afilada. El que hacía temblar a los jefes de departamento con una sola frase.
El hombre que jamás cometía errores y que no los toleraba.
Pero por dentro…
Por dentro era un caos cuidadosamente oculto.
Habían pasado solo dos días desde que ella, Nyx, su domina, había aceptado su oferta de exclusividad, y sin embargo, para él, parecía que habían pasado semanas. El recuerdo de sus palabras no lo dejaba dormir:
“Seré exclusiva para ti… pero el que obedece sigues siendo tú.” Aquellas palabras le causaban un cosquilleo interno qué lo hacía sentir impaciente.
Cada vez que cerraba los ojos, la veía frente a él, la sentía tan real que tenía que abrirlos de golpe para asegurarse de que no estaba ahí.
Por algún tiempo se sintió realmente enfermo, sus gustos, ese placer causado al ser dominado, creyó que había algo mal en él, fue a terapia, trató de no pensar en lo que no debía, y todo para que al final se sintiera realmente miserable, no podía huir de lo que era, así que dejó de nadar contra corriente.
Esa mujer… esa voz…ese control tan absoluto, era todo lo que él necesitaba para sentirse completo.
Solo había un detalle, él no sabía que esa mujer era su secretaria.
Para una mente obsesionada con el dominio en el mundo real, aquello era insoportable. Pero también adictivo, ella solo protegía su identidad, él lo aceptaba, jamás le pidió que mostrará su verdadero rostro, le gustaba así, ese misterio, aunque si sentía un poco de curiosidad.
Un día, Tyler estaba sentado en su oficina, revisando informes que no lograba procesar, su mente saltaba una y otra vez a la misma pregunta.
“¿Qué hace ella cuando no está conmigo?”.
La idea de que pudiera tener otros clientes lo había carcomido estos días, por eso había pedido exclusividad, por eso había ofrecido una cifra absurda, no era por sexo, ni siquiera por placer, era porque ella era la única persona que lograba desarmarlo, dejarlo sin aire, sin ego, sin armadura.
Y eso no se encontraba dos veces, golpearon a la puerta.
Bianca entró con una carpeta en la mano.
—Aquí están los reportes que me pidió —dijo ella, con ese tono profesional y sumiso que siempre usaba en la oficina.
Tyler levantó la mirada.
A veces, cuando la veía, sentía una extraña punzada en el pecho, como si hubiera algo familiar en su postura, en su calma.
Jamás indagó en la vida privada de Bianca, ella era tan…aburrida ante sus ojos, no es que eso le resultara algo malo, solo que no la podía imaginar bailando en un club o bebiendo con amigas.
No era segura de sí misma, su ropa era sencilla, siempre el mismo peinado, una coleta perfecta, y esas gafas que escondían esos hermosos ojos, ella vivía en su comodidad y punto, no había más, fue por eso que la contrató.
En cambio, su Domina tenía una presencia que eclipsaba todo, esta era simplemente su secretaria, la que se esforzaba por ser buena en su trabajo, lo estaba haciendo bien, al menos había durado más que las demás.
—Déjalos ahí —ordenó él, sin mirarla demasiado.
Bianca lo hizo… y salió.
Tyler exhaló lentamente cuando la puerta se cerró.
Se pasaba los días en esa misma tensión, profesional por fuera, quebrándose por dentro.
Esa tarde, durante una reunión, su teléfono vibró, nadie lo notó, pero su corazón se disparó.
Una notificación, una sola palabra que lo hizo temblar.
“Hoy.”
Él supo de inmediato quién era, y eso lo desmoronó por completo.
En cuanto leyó el mensaje, sintió cómo su respiración se descontrolaba por un segundo, tuvo que ajustar la corbata discretamente para disimular.
Era patético lo rápido que la palabra lo afectaba.
Pero ella era la única persona en el mundo que podía manejarlo así, él no dejaría a nadie más someterlo como ella lo hacía, eso era lo que volvía todo mucho más apetecible.
El resto del día lo pasó mirando el reloj, incapaz de enfocarse, sabía que esta noche sería la primera sesión bajo su nuevo acuerdo, la primera noche donde ella sería exclusivamente suya.
Y, aun así, no podía evitar sentir miedo, miedo de decepcionarla, miedo de que ella descubriera cuánto la necesitaba y eso la fastidiara.
Miedo… de que no estuviera listo para la magnitud de lo que significaba pertenecerle.
Cuando llegó la noche, Tyler salió de la oficina sin despedirse de nadie, sus pasos eran rápidos, casi ansiosos.
Mientras conducía hacia el lugar, una sola idea le recorría la mente como un mantra.
“Ella es adictiva, y es mía.”
Ella tenía el control total, acaso, ¿Entendía el poder que tenía?, tal vez no, y era mejor así.
Mientras tanto, Bianca se terminaba de arreglar en su auto, sería una pérdida de tiempo ir hasta su departamento y luego volver, quería llegar antes que él, estacionó a una distancia prudente y bajó, cubierta por un abrigo, caminó hasta aquella dirección y sonrió al ver la enorme casa en aquella zona, una de las más caras de la ciudad.
Debió suponerlo, a Tyler no le gustaban las pequeñeces, se preguntó si habría cámaras, se puso el antifaz antes de continuar y una vez lista, caminó hasta la entrada, no parecía haber nadie, así que sacó su juego de llaves y la puerta se abrió para ella, apenas dio un paso adentro, la luz se encendió automáticamente.
Sus ojos brillaron con emoción, el vestíbulo era hermoso, elegante y luminoso, ¿Él vivía ahí?.
—¿Hola?—Preguntó ella antes de dar un paso más, pero no hubo respuesta de nadie.
Todo se veía muy limpió, ella no quería ensuciar nada, así que se quitó las zapatillas y las dejó en la entrada, caminó hasta la sala y examinó el lugar, todo ahí parecía nuevo, los sillones blancos impecables, los floreros blancos y las flores qué parecían recién cortadas, no había cuadros familiares ni nada por el estilo.
Había un enorme televisor y una chimenea eléctrica.
—Vaya, te gusta vivir bien.
Estaba en eso, cuando escuchó la puerta principal abrirse, Tyler había llegado con prisa, al ver aquellas zapatillas en la entrada, la emoción lo golpeó.
Ella ya estaba aquí, respiró hondo, no quería parecer un idiota, caminó a paso firme hasta llegar a la sala, donde ella estaba de pie admirando todo, por un segundo tuvo la necesidad de abrazarla.
Y cuando ella lo miró, toda su armadura se vino abajo.
—¿Está es tu casa?—Preguntó ella con naturalidad.
—Si—Respondió él tratando de sonar igual, tratando de controlar su respiración.
—Es enorme, ¿Por qué querías que nos viéramos aquí?.
—Es más privado y seguro, si no te gusta podemos elegir otro lugar.
Nyx sonrió y negó. —Está bien— dijo para después quitarse el abrigo y quedar solo en aquel vestido ajustado de color negr*o que se cernía a su cuerpo.
Aquello hizo que Tyler tragara saliva. —¿Quieres algo de tomar?.
Bianca lo miró. —¿Estas buscando algo en específico esta noche?.
Él solo negó.
—Solo agua por favor—Respondió ella mientras lo admiraba.
El asintió y se apresuró a ir por dos vasos de agua, mientras que Bianca seguía admirando el lugar.
Cuando Tyler volvió, le entregó su vaso y ella lo tomó con firmeza. —¿Quieres que lo hagamos aquí?.
—No, tengo…una habitación para eso, sígueme— pidió él.
Ella lo siguió sin dudar, él era alto, en el trabajo no podía admirarlo de ese modo, él jamás se lo permitía, pues siempre estaba con esa mirada.
Fueron al sótano, allí él había acondicionado un cuarto rojo, cuando ella lo miro, sonrió asombrada, era mejor que el club, la cama, los sillones, todo era pura diversión.
—wow, si tienes este lugar, ¿Por qué ibas al club?.
—Te estaba buscando…bueno, buscando una compañera—Titubeo él.
—No soy tu compañera, soy tu domina.
—Si, lo siento, no quise…
Ella caminó hasta la pared que estaba llena de juguetes y tocó una fusta con sus dedos. No quería entrar en detalles personales, pero sentía curiosidad.
—¿Qué le pasó a la anterior?.
—Tuvimos diferencias, ella quería formalizar la relación, yo no.
Bianca asintió. —¿No la extrañas?.
—No.
—¿Y a mí?, ¿Me extrañarías si me voy ahora?.
Tyler se arrodillo delante de ella. —Haré lo que me pidas, excepto dejarte ir.
Habían firmado un acuerdo, no podría irse, aunque quisiera, no al menos por los próximos tres meses. —¿Quieres que empecemos?—Preguntó ella mirando esa necesidad dentro de él.
—Si.
—Cierra la puerta entonces, y quítate esa estorbosa ropa.