Alexander apenas cruza el pasillo que lleva a su oficina cuando escucha la voz de su primo. —Alexander —Lorenzo sonríe, esa sonrisa amplia y sincera que siempre tiene cuando lo ve. Alexander, sin embargo, solo le dedica una mirada tensa, seria. —Lo siento —se disculpa Lorenzo enseguida al darse cuenta de que lo acaba de llamar con su nombre—. Es bueno verte, Adrián. —Tardaste —replica Alexander, sin suavizar el gesto. —Hubo un accidente de tránsito en el centro, el paso estaba atascado. Alexander responde con un breve: —Mmmm. Lorenzo ya está acostumbrado a eso. Después de todo, en el extranjero vivieron juntos varios años, y conoce de memoria el humor variable de su primo. Alexander no es frío, simplemente no desperdicia palabras. —Por mis exámenes no pude venir a tu boda —dice Lo

