El día resulta mucho más movido de lo que Lucía imaginó. Entre la tensión con Oliver, las miradas incómodas de los demás empleados y el incidente con Santos, siente que acaba de vivir una semana completa en apenas unas horas. Ahora recoge sus cosas con calma, decidida a regresar a la mansión y dejar atrás ese ambiente sofocante. Al salir a la calle, se detiene bruscamente al ver una figura conocida apoyada en un auto de lujo. Adrián está allí, de pie, esperando, con su habitual traje a medida, elegante, sobrio, un gris oscuro que resalta su tez blanca. Lucía parpadea, sorprendida. No recuerda haberlo llamado ni haberle dicho a qué hora saldría. Oliver y Karina, que también están dejando la empresa, se detienen al ver al doctor. Ambos fruncen el ceño, incapaces de ocultar la incomodidad.

