Rudi y Lucía tienen una reunión larga durante todo el día, tan larga que ambas pierden la noción del tiempo. Corrigen bocetos y extienden muestras de materiales por toda la mesa. Ambas trabajan muy bien juntas. Lucía aprovecha el tiempo con su amiga y le explica cada detalle de su conversación con Edmond y lo que Sebastián detectó en el contrato. Rudi la escucha con los brazos cruzados y una expresión difícil de definir, de molestia absoluta. —Lucía, esto ha funcionado todo este tiempo porque nadie sabe quién eres realmente —dice finalmente—. Puedes seguir haciéndolo, y todo seguiría bien. Lo que me asusta no es que estés allí. Es como si fueras a meterte en la boca del lobo. Lucía sonríe con suavidad. Rudi rara vez se muestra vulnerable, y verla así la enternece. —Me conoces, amiga —r

