LUCIA Me doy la vuelta lentamente, tan lento como si todo sucediera en cámara lenta, como si estuviera tratando de estirar el tiempo tanto como sea posible y hacer que el momento simplemente desaparezca. En el momento en que mis ojos se dirigen a esta persona frente a mí, a quien pensé que nunca volvería a ver, un torrente de emociones me recorre, me siento conmocionada primero, al ver que efectivamente es él y no me lo estaba imaginando, luego siento alegría de saber que está vivo y que parece estar bien, aunque parece más viejo y delgado que hace casi cuatro años cuando se fue, confusión de por qué está aquí ahora, ¿por qué regresó? Y finalmente, la emoción más poderosa de todas: la ira. Siento que mi cuerpo empieza a temblar por la rabia que poco a poco se apodera de mí,

