Confusiones

1205 Words
EVAN- Las constantes reuniones con los proveedores son interminables, sin embargo mi cabeza no deja de pensar en Andrea. En ese beso, en la pasión y deseo que sentí por hacerla mía. Esa mirada desencajada, cuando nos separamos, despertó un temor por haberla tocado, al mismo tiempo que me arrepentía de no correr tras ella. Xime, se había convertido en otro problema, sus constantes llamadas me molestaban, insistió tanto para que la acompañara el fin de semana a una fiesta que terminé aceptando. Xime en su vestido de lentejuelas doradas era casi una diva, lucía espectacular sin embargo no podía despertar ningún signo de pasión en mi. Cuando llegamos, me estacioné a un lado del local reconociendo de inmediato el auto de al lado. Entramos, tenía la mirada inquieta buscando a Esteban, sabía que estaba ahí con ella. Caminamos hacia las escaleras, de pronto veo a Esteban bailando con otra, noté de inmediato la molestia en su rostro. Sentí la presencia de Andrea, salía casi corriendo del lugar, me apresuré y la seguí. La sujeté tan fuerte para impedir su caída, sentí de inmediato el olor alcohol en sus labios, traté de ayudarla, pero ella solo quería deshacerse de mí. La amenacé para que entrara al auto. Al notar sus lágrimas no pude controlar mis celos, la impotencia de sentir que estaba así por Esteban, mientras mi mente me reprochaba: que yo también la había lastimado y lo seguía haciendo. El silencio entre nosotros confirma la incomodidad que la hago sentir, sin embargo, no puedo evitar contemplarla dormir. Traté de despertarla, sin reacción alguna, Tatiana me abre la puerta, la dejo sobre su cama, se veía tan hermosa, aún con esas lágrimas. Sabía que Esteban la había lastimado, regresé al local, lo vi, estaba preocupado al no encontrarla.     - ¿La estás buscando? Al parecer la chica de rojo te hizo olvidarla mientras bailabas - me senté a su lado con una sonrisa sarcástica Esteban jamás había sido agresivo, lo consideraba la persona más pacífica y tranquila. Su reacción me desconcertó      - No te le acerques ¿entiendes Evan? ya la hiciste sufrir bastante - amenaza con sus ojos llenos de odio.     - Al parecer no soy el único - repliqué mientras volteaba - o ¿como crees que se sintió al verte bailar con su amiga? - levanté la mirada para ver su expresión- acabo de llevarla a su casa.     - Evan no te le vuelvas acercar ¿entiendes? - advirtió     - Al parecer tú no entiendes, ella me ama - su cara hervía por la ira de mis palabras -Si tenían una relación no creo que te perdone después de esto, deberías alejarte - odiaba su amor por Andrea, no soportaba la idea de verla con él ni con otro Se fue sin decir una sola palabra más. No podía contener mi mal humor, la impotencia de no poder estar con Andrea, simplemente me refugié en el alcohol. Xime al ver mi estado, me llevó hasta mi casa. Me dejé caer sobre el sofá, ella se acerca insinuandose, tan provocativa y sexy, como una vez lo sentí, pero ahora no despertaba nada en mi.     - ¿Qué haces? -repliqué, estaba mareado pero no tanto como para aceptarla.     - Evan, sé que me deseas - susurró, mientras su vestido caía entre sus piernas.     - Solo la observé, mientras se acercaba a besarme - Es momento de que te vayas - mi ceja se levantaba mirándola indiferente- Ya no te quiero y lo sabes.     - Eres un idiota, es por esa maldita chiquilla - gritó con odio, recogiendo su vestido - no sé qué puede tener ella, en lo que yo no sea mejor.     - Mi cara se endureció, la odié por lo sínica que podría ser y grité- Ella jamás me traicionaría, o ¿Piensas que he creído tu absurda mentira ?, ¿Acaso crees que soy estúpido? - me reí de la ironía de mis palabras.     - Eres un maldito idiota Evan, te dije que no pasó nada esa noche. Esa maldita noche me reuní con Patrick, no tenía ninguna intención de engañarte, yo te amaba -Explicaba llorando - Pero tus celos me sofocaban, TÚ me asfixiabas con tu maldita actitud prepotente. No pensé que todo se complicaría, lo siento, simplemente... Patrick me brindó la mirada más cálida que una mujer pueda desear. Sentí el deseo de caer en su seducción, de probar esas cálidas manos porque las tuyas ya no me llenaban. ¡Entiende Evan! te volviste frío, indiferente, parecía un accesorio de el "exitoso Evan" un premio que podías exhibir en todos lados como si fuera tuya. Eso no era amor o eso fue lo que creí - explicaba con más calma lo que había destruido la relación que pensé era perfecta.       - Tú fuiste lo más importante para mí, mi primer amor, te amé como a nadie, hubiera dado mi vida de ser preciso por ti - grité desesperado para hacer entender que fue mi mundo, tras la decepción e impotencia reflejada en mis ojos - no puedo creer que te sintieras como un objeto, jamás te traté como tal.  Sus lágrimas me detuvieron, no quería lastimarla más. Me sentí como un monstruo, nada valía la maldita pena. Ya no sé quien soy - me dije mirando mi reflejo - una vez más destruía lo que más amaba. Me quedé a su lado tratando de consolarla porque a pesar de todo ella no merecía sufrir más.  ... A la mañana siguiente, Tatiana quien se había convertido en mi cómplice, me entrega la llave de la casa diciendo "tiene una terrible jaqueca, no creo que salga de la casa en todo el día". Corrí a comprar algún medicamento para la resaca y algo de comida. Traté de ser educado y esperar a que me abra la puerta, pero no lo hizo. Entré. La encontré sentada sobre su cama, su malestar era evidente, tenía el ceño fruncido. Me acerqué muy lento a su cama, su pequeño short me dejaba ver sus hermosas piernas, mientras que su fina blusa me tentaba con la transparencia de sus pechos. Quería lanzarme sobre ella y llenarla de besos, de caricias sin embargo solo me senté en silencio, sabía que ella no sería mía, que solo la lastimaría como lo hice con Xime.     - Toma esto, es para la resaca - le ordené - De inmediato se lo tomó, sin quejarse - Y eso es tu almuerzo, necesitas comer - añadí señalando la bolsa sobre la mesa.     - ¿Cómo es que tú, tienes esa llave? - dijo entre dientes     - ¿Esta? - levante la llave haciéndome el inocente - tengo ciertos contactos - me reí     - Al parecer te sientes mejor - suspiré con la mirada baja - Entiendo porque saliste del club anoche, también vi a Esteban con tu "amiga" aunque podría decir que era ella quien se ofrecía -su rostro se quedó pasmado entre el asombro y el desconcierto de mencionarlo y es que hasta yo dudaba de mis palabras.     - Hablé con Esteban anoche, le dije que estabas en casa - resoplé al mencionarlo nuevamente.  Quería quedarme a su lado; pero una parte de mí no soportaba lastimarla más, mientras que la otra no quería dejarla sola.  Aún así salí de ahí sin decir más.
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