—N-No... Tenía entendido otra cosa —murmuré, con un nudo asfixiante en la garganta. —Ah, ya veo...―comprende la confusión ― Bueno, supongo que ahora por fin ya lo sabes. En ese preciso instante, una ola de confusión y culpa mal administrada me golpeó el pecho. Ahora me sentía rematadamente mal: él, este monstruo frío y dominante, había sido quien me rescató de morir aquel fatídico día en manos del desquiciado que me atacó en mi niñez, cuando salí a pasear con mamá. Jamás, ni en mis peores pesadillas, me imaginé que Cassian hubiera hecho algo tan heroico por mí en el pasado. Pero, a pesar de esa revelación que me sacudió el alma, el hecho irrefutable de que me hubiera salvado la vida en el pasado no le otorgaba ningún derecho divino para tratarme hoy en día como si fuera un vulgar objeto

