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Casado con la ¿Gordita?

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Blurb

Cuando Franco Giordano recibe un ultimátum por parte de su padre para casarse y sentar cabeza a cambio de todos los bienes familiares, lo pensará mil veces, todas las mujeres que se acercan a él lo hacen por dos motivos: el primero; placer, y el segundo y más relevante; su valiosa fortuna.

Para obtener la fortuna de su padre, debe casarse. Pero para él, ninguna de las tantas modelos que han pasado por su cama están a la altura, nunca se ha enamorado y no cree que pueda hacerlo, es un Casanova, su corazón no le pertenece a una sola mujer.

Elizabeth James, su mejor amiga o cómo prefiere él llamarla: Bett, es la única mujer en la cuál confía, y quién goza incluso de más poder que él, ella es una heredera, y si lo vemos por esos dos motivos es la esposa perfecta, excepto por una única razón: Bett ha sido gordita siempre, desde que él puede recordarla, no es su tipo de mujer. Pero como dice el dicho “Situaciones extremas, requieren medidas extremas”

Total, Bett lo conoce de toda la vida, sabe que haría cualquier cosa por él.

Franco tiene la maravillosa idea de crear un contrato prenupcial y ponérselo en frente a su mejor amiga.

¿Aceptará ayudar a su mejor amigo? ¿Qué pasará después? Descúbrelo leyendo esta maravillosa historia.

“Todos los derechos reservados”

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Capítulo 1/“Solo firma”

Bett acaba de entrar a mi sala de conferencias, la he citado aquí está mañana. Mi padre me ha dejado la compañía en un periodo de prueba pero me ha puesto como ultimátum casarme. ¿Yo? Como si no supiera lo maravillosas que son las mujeres, no puedo siquiera pensar en estar con una sola mujer “por siempre”

Por suerte para mí, conozco a una mujer que no está interesada en mi fortuna, la conozco lo suficiente como para saber que lo único que le interesa de mi es mi bienestar. Así que ella es mi salvavidas en estos momentos, mi mejor amiga Bett.

Me acerco a ella y la saludo cariñosamente como suelo hacer, Bett me regala una sonrisa, la invito a sentarse y le pido a mi secretaria que le traiga un café fuerte, como a ella le gusta, además lo va a necesitar, no será fácil convencerla pero sé que podré.

Bett se sienta con una mirada interrogante puesta en mí.

— Dime, Bett. ¿Cómo estuvo tu viaje? ¿Cómo está tu hermano? — Bett me sonríe, pero antes de que pueda responderme mi secretaria entra y le da su café para luego marcharse.

— Mi viaje estuvo bien, pero algo me dice que no es por eso que estoy aquí. — Bett le da un sorbo a su café con un gesto de evidente sospecha, y con motivo. — Te conozco lo suficiente como para saber que algo traes entre manos... ¿Acaso es otra de tus conquistas? ¿Quieres que la llame y diga que soy tu prometida? — me miró sonriente, Bett siempre me cubría la espalda. Sonreí y negué levemente con la cabeza.

— Me conoces muy bien, pero es algo peor. — sus ojos se abren con curiosidad. — el periodo de prueba está por terminarse, mi padre ha decidido que soy apto para manejar la empresa. — Bett me mira sonriente y aplaude.

— ¡Pero si eso es maravilloso! ¿Es lo que querías o no? — asentí con la cabeza. Pero mi mirada de decepción le hizo ver que algo iba mal.

— Sabes lo importante que es para él la familia... — ella asintió dubitativa, sabía que quería preguntarme pero prefirió dejarme continuar. — él me ha puesto un ultimátum....

— ¡¿Qué?! Oh, uhao. Ya me imagino lo que quieres...

— Él quiere que me casé, si lo hago pobre conservar toda la herencia de mi padre, él se jubilara y yo seguiré dirigiendo la compañía. — Bett asintió entendiendo mi situación.

— Entonces, imagino que quieres que te ayude a conseguir a la “indicada” — dijo haciendo comillas con los dedos en la última palabra.

— No. — dije negando con la cabeza. Nuevamente parecía sorprendida. — Yo ya tengo a la indicada...

— Ya veo, no sabía que estabas saliendo con alguien. — le sonreí. — entonces seré tu madrina de bodas. — aplaudió efusivamente.

— No, Bett. Creo que no nos estamos entendiendo. — me levanté y rodee la mesa hasta llegar a donde estaba ella, me pare justo detrás de ella y pose ambas manos en sus hombros. — en algo tenías razón hace un rato. Solo que ya no tienes que fingir ser mi prometida... — Bett se giró a verme con una expresión de susto. ¿Por qué se asustaba? ¿Acaso ser mi prometida era tan malo?

Caminé de vuelta a mi asiento, aún de pie tome la carpeta con el documento, me acerque un poco a ella y deslice la carpeta para que quedara en medio de sus manos. Bett miró la carpeta con desconfianza.

— Ábrela. — le pedí. Bett la abrió y ojeo las páginas para luego quedarse pasmada en su sitio. — No me asustes, Bett. — dije preocupado. — ¿Acaso son fotos inapropiadas de mí? ¡Le dije a mi secretaria que se deshaciera de eso... — trate de bromear, pero Bett seguía con la misma expresión. — ¡Ay, por Dios Bett! No nos casaremos en serio, di algo... — ella levantó la vista hacía mí.

— ¡Estas completamente loco! ¿Acaso me has visto? — me quedé sorprendido al ver su reacción. — mírame bien, Fran. No tengo senos de plástico, ni caderas pronunciadas, no soy nada tú tipo. ¿Acaso crees que tu papá creerá está lamentable broma? — sacudió la carpeta en su mano derecha. Sus mejillas estaban rojas al igual que sus orejas, eso siempre le pasaba cuando se enojaba.

— Está pasando, Bett. Te estás poniendo roja, si no dejas de gritar y  respiras, seguro que aquí quedas y yo no quiero que mi prometida se muera antes de poder darle el anillo. — trate de sonar divertido pero la mirada fulminante de Bett me dijo que no le parecía nada divertido, de igual manera saque la pequeña caja de terciopelo con el anillo de compromiso que había mandado a comprar por la mañana a mi secretaria, seguramente ella había elegido bien, yo aún no lo había visto.

— ¡Me importa un bledo si me pongo roja, me has visto así un millón de veces! — dijo exasperada mientras se acercaba a mí y me señalaba con un dedo en el pecho. — tú, mocoso imprudente, tú más que nadie sabe que cuando mi cara está roja es porque hay problemas. ¡Imbécil! — voltee los ojos, si lo sabía, solo que también sabía que Bett jamás me haría nada.

Puse mi mano derecha en su mejilla para tratar de tranquilizarla.

— Shh, basta Bett, sabes que no te lo pediría si no fuese una urgencia, además no entiendo porque te pones así. — sus ojos me miraron fijo. — fuiste tú quien me enseñó a ser paciente y tolerante. — ella suspiró.

— Si, pero siempre eres tú quien logra hacerme olvidar cuan paciente y tolerante soy yo. — giró su rostro evitando mirarme, pero no sé lo permití, volteé con suavidad su rostro hacía mí.

— Mírame, te prometo que te lo explicaré. Haremos lo posible porque esto sea creíble. — ella bufó molesta, sonreí.

— Fran. — está vez su voz era suave, me hablaba con más calma. — me gustaría ayudarte, y lo sabes, pero nada de lo que dije es mentira. Solo ponte a pensar, alguna vez... Piensa. ¿Alguna vez has salido con una chica que no sea modelo o actriz? — no tenía que pensar demasiado, pero fingí que lo hacía, negué con la cabeza. Bett suspiro y continuó. — ¿Qué crees que pensará la prensa de este compromiso? ¿De mí? Sabes que no soy para nada tú tipo y todos saben que soy tu mejor amiga, deducirán que es una farsa, que me caso contigo para ayudarte. — está vez fuí yo quien suspiro.

— No me subestimes, Bett. — me aleje un poco de ella. — he pensado en todo. Les diré que siempre estuve enamorado de ti y que el motivo de que nunca tuviera un relación estable era por ti, que te amo y que es contigo con quién quiero estar por siempre... — a la prensa le fascina este tipo de historia, son las que más atraen la atención. — miré el rostro de mi mejor amiga, tratando de descifrar lo que pensaba, parecía decepcionada y sorprendida... — tu podrías decir lo mismo, que me amas desde la infancia y que ese amor ha evitado que salgas con chicos. — Bett empezó a toser, preocupado la agarre de la mano, y con la otra mano libre la tomé de la espalda. — ¿Estás bien, Bett? — tosió un par de veces más.

— Eh, sí, si. — empujó mis manos apartandolas de ella. Siempre que me acercaba ella hacía lo mismo, deje de hacerlo porque parecía incomoda. — quizá... Pueda funcionar. — me miró nuevamente, sus manos se enredaban entre sí, conocía sus gestos, lo hacía cuando estaba incomoda o molesta.

— Lo sé, es el plan perfecto... — ella se acercó a la jarra de agua que había en la mesa y se sirvió un poco para luego beberla.  — puedes leer el contrato... Pero también puedo resumir te lo más importante. — tan pronto el vaso estaba vacío me miró y asintió. — Bueno, son las capitulaciones matrimoniales, agregué un par de puntos más para nuestra tranquilidad. Los puntos más importantes: No habrá sexo, nos besaremos y o tendremos contacto físico solo en público, ya sabes, para hacerlo más creíble. — Bett se acercó a mí preocupada.

— ¿Tendré que besarte? — pregunto preocupada.

— Claro Bett, eso hacen los novios... Acaso nunca viste una bo... — Bett tapo mi boca con su mano antes de que terminara la frase.

— Se como es el proceso de una boda, pero podemos darnos un pequeño beso en la boda y después no hacerlo más. — reí ante su suposición. Tome su mano en la mía y la apreté, para luego decirle algo que me venía carcomiendo hacía mucho tiempo.

— Bett, quiero preguntarte algo que he estado pensando hace mucho y me gustaría que fueras sincera conmigo. — ella me miró preocupada. — ¿Eres lesbiana? — sus ojos se abrieron como platos por la sorpresa, quizá la había tomado desprevenida.

— ¿Qué? — preguntó, aún sorprendida. — ¿Por qué crees eso?

— Bueno, Bett. No soy estúpido, me doy cuenta que te molesta el contacto con hombres, bueno lo digo porque cada vez que te toco me alejas, y sí, Bett, me doy cuenta. Además, nunca has tenido un novio, siempre estás viajando a visitar a tu hermano y sé que allí vive esa amiga tuya, ¿Cómo se llama? ¿Stela? Y no lo niegues, se que ella es lesbiana. ¿Acaso tienes una relación con ella? ¿Es por eso que los besos te incomodan? Porque si es así puede complicarse el plan... Aunque podrías contarle o pedirle tiempo, hazlo por mí, Bett...

— ¡Espera! Cállate. ¡Franco Giordano! ¡Por Dios!. — Bett freno mis suposiciones antes de que continuará. La miré preocupado. — No. No soy lesbiana, y no porque Stela lo sea quiere decir que yo también, y me parece el colmo que siendo mi mejor amigo pienses eso sobre mí... — suspiro, decepcionada.

— Lo siento, Bett. Es que no me explico porque no querrías besarme, yo te aseguro que será momentáneo, no dañaremos nuestra amistad. — ella suspiró nuevamente.

— Sabes más que nadie que nunca he salido con nadie en mis 25 años, tampoco he besado a nadie y... — no me lo esperaba, Bett era reservaba, yo tenía otro concepto de ella, pero no sabía que jamás había salido con nadie, ni besado a nadie, entonces Bett era... — Ya basta de pensar, Giordano. Se lo que estás pensando, te conozco, esa cara lo dice todo. Y si, es cierto, no he salido nunca con nadie, por lo tanto tampoco he besado a nadie y mucho menos he tenido, bueno... Relaciones sexuales. — la miré estupefacto.

— ¡Demonios, Bett! ¿Por qué nunca me lo dijiste? — pregunte molesto. ¡Yo era su mejor amigo!

— ¿Y qué querías que te dijera? Imagínate Fran, no se besar y tampoco he tenido sexo con ningún hombre jamás, en ese caso hubiera preferido que pensaras que era lesbiana. — soltó una pequeña risita, me reí un poco también.

— No importa, tienes razón, hubiera sido incomodo para ti. De cualquier manera puedo enseñarte a besar, besos simples, para que podamos actuar delante de todos. — ella me miró sorprendida. — perdona Bett, se que quisieras que tu primer beso sea con alguien a quien ames, soy un monstruo. — ella sonrió.

— Da igual, seguramente serían los primeros y últimos besos que reciba en mi vida. — trato de sonar divertida, pero la conocía. Tome su cara en mis manos.

— Elizabeth James, te prohíbo menospreciarte de esa forma, eres la chica más dura para los negocios y más amable con los tuyos, además tú no te das cuenta pero en industrias Giordano se habla muy bien de la heredera de los James, para muchos eres inalcanzable, cuando me casé contigo seré el hombre más envidiado del país. — le sonreí con ternura para luego abrazarla.

— Lo dices porque eres mi mejor amigo, es tu deber. — susurro en mi pecho.

— Porque soy tu mejor amigo te digo la verdad, Bett James. Créeme cuando te digo, eres hermosa y muchos hombres se mueren por ti. — la sentí reírse entre mis brazos. Le di un casto beso en su cabeza.

— Bien, lo pensaré. — dijo saliendo de entre mis brazos.

— ¡¿Qué?! ¡No, Bett! No hay tiempo para pensar. Debes firmar lo antes posible, tenemos que hacer creer a mi padre está historia, sino no tendré la compañía, mi padre es muy audaz, lo sabes. — ella asintió. — bien, hazlo por mí, por tu mejor amigo, firma. — Bett soltó un fuerte suspiro de exasperación.

— Bien, dame eso. — dijo quitándome el bolígrafo del bolsillo de mi traje, abrió la carpeta y firmo cada espacio en el documento.

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