Capítulo 4

1323 Words
  Cuando volví en mí, ese olor tan típico a desinfectante me golpeó de frente. Estaba en el hospital de la manada otra vez—ni recuerdo cuántas veces me han traído aquí. Un rayito de sol entraba por la ventana, débil y distante, como si reflejara perfectamente cómo me sentía por dentro.   El crujido de una silla arrastrándose por el suelo me sobresaltó. Giré la cabeza y vi la cara de preocupación de Coby. Se notaba agotado, con el cabello rubio hecho un desastre y esos ojos gris-azulados llenos de angustia.   “Scarlett, por fin estás despierta”, soltó un suspiro de alivio y tomó mi mano con cuidado. “¿Cómo te sientes?”   “¿Qué pasó? ¿Por qué estoy en el hospital?” pregunté algo desorientada. Todavía sentía el ardor en la marca de mi cuello.   “Te desmayaste en la planta de empaque. Ruby te encontró y me llamó”, respondió Coby, con el tono cargado de preocupación.   Entonces me vinieron de golpe los recuerdos de anoche—Alexander y Faye apareciendo otra vez. Después de contarle todo al consejo, pensé que me apoyarían. Entre los sobrenaturales, los lazos de pareja lo son todo. Es la base que nos ha hecho fuertes por generaciones.   Pero a Alexander ya no le importaba nada de eso. Su manada era la segunda más poderosa, solo detrás de Nightshade. Ya podía hacer lo que quisiera. Supongo que todo ese estrés me terminó abrumando.   Sentí la preocupación de Coby envolviéndome como una manta suave. Forcé una media sonrisa y negué con la cabeza, aunque por dentro me carcomía la culpa. “Perdón… otra vez te hice pasar un mal rato, Coby.”   Él apretó la mandíbula, el entrecejo fruncido. “No tienes por qué disculparte conmigo. El que debería pedir perdón es Alexander. Ningún Alfa trata así a su pareja—traiciona todo lo que juramos como especie.”   Suspiré bajito y cerré los ojos un segundo. Volví a ver las caras frías del consejo en mi mente. “Pero no quieren meterse. Alfa Reno fue claro—no intervendrán en asuntos internos de las manadas.”   Coby apretó los puños con fuerza. “¿Y así nomás vamos a dejar que te destruyan?”   ¡No! Pensé de inmediato en el hermano de Kathleen—Lucien.   Me vino su imagen de golpe: esa mirada profunda, intensa, siempre con un toque posesivo. “Voy a buscar al Alfa de la manada Nightshade. Lucien.”   “¿De la Nightshade? ¿El líder de la manada más fuerte del país nos va a apoyar?” preguntó Coby, con sorpresa a flor de piel.   Pero recordé la única vez que hablé con él, y me entraron dudas. Sacudí la cabeza con suavidad. “No lo sé. Ni siquiera siendo mejor amiga de Kathleen me ha tratado especial jamás. Siempre se ha mantenido… neutral.”   Coby se quedó callado, pasándose una mano por el cabello, nervioso. “Aun así, vale la pena intentarlo.”   “Asentí con firmeza. “Sí. Apenas me den el alta, hablaré con Kathleen. Tal vez pueda ayudarnos.”   Justo cuando terminé de hablar, la puerta se abrió de golpe. Faye entró como si fuera su casa, con su barriguita de embarazo y esa sonrisa falsa que se le da tan bien. Con una mano acariciaba su panza, la otra la usaba para lucirse. Coby la miró con cara de pocos amigos. Ni se levantó para saludarla—la ignoró por completo.   La sonrisa de Faye se desinfló apenas un segundo, luego se hizo más afilada. “¿En serio me estás ignorando, Coby? Espero que no se te haya olvidado quién soy.”   Coby soltó una risa seca. “¿Quién eres? ¿La amante que arruinó una pareja con título prestado? No veo qué de eso merezca respeto.”   Pero Faye no se inmutó. Sabía usar bien su máscara.   Le sonrió dulcemente. “Solo quiero paz, Coby. Al fin y al cabo, seguimos siendo parte de la misma manada. O… al menos algunos de nosotros, todavía.”   “No puede ser que estés hablando en serio”, explotó Coby, con las venas del brazo marcándose. Extendí la mano rápidamente. “Coby, no vale la pena que te metas en problemas por mí.”   Él me miró con rabia contenida, se levantó de golpe con un gruñido de molestia y salió dando un portazo.   El silencio se apoderó del cuarto. Me giré a mirar a Faye con frialdad. “¿Qué haces aquí?”   Ella volvió a posar la mano sobre su panza y habló con voz suave. “Vengo a darte buenas noticias, claro. ¿Recuerdas que ayer me dolía el estómago? Alexander estaba tan preocupado—dijo que este era su único cachorro y que tenía que asegurarse de que no pasara nada. Pero el doctor ya confirmó—todo está perfecto con nuestro bebé.”   Apreté las sábanas con los dedos. No entendía por qué nunca pude quedarme embarazada de Alexander. Mi silencio solo pareció darle más confianza a Faye.   Elevó la voz con dramatismo. “Ay, Luna Scarlett, no tienes que sentirte mal por no poder tener hijos. Yo lo haré por ti. Después de todo, Alexander y yo ya fuimos pareja una vez. Nuestro hijo será fuerte. Va a ser el mejor heredero.”   Escuché ruido afuera. Algunos miembros de la manada estaban escuchando, y al parecer, sus caras decían que les parecía lógico lo que decía. Cada palabra me hundía un poco más.   Sonreí con calma. “Qué generosa eres, Faye. Gracias por asumir tanta responsabilidad. Pero me preocupa algo por ti, ¿sabes? Hace poco pasó algo parecido en la Northern Manada. El Alfa trajo a una amante embarazada. Pero cuando nació el niño, la echaron sin miramientos. Solo la usaron como incubadora. Espero que tengas más suerte que ella.”   La sonrisa de Faye se congeló. Su rostro se tensó mínimamente—claramente no esperaba que contraatacara con su propio juego. Sus ojos se oscurecieron, brillando con rabia contenida.   De pronto, se agarró la panza y cayó al piso con un quejido. La puerta se abrió de golpe. Alexander entró hecho una furia.   “Alexander… Luna… ella—ella usó sus feromonas contra mí… mi estómago…” gimió Faye débilmente, con voz lastimera. “Te lo dije—me embaracé por el bien de la manada, no por arrebatarle el puesto de Luna. Pero ella está tan furiosa que quiere eliminarme…”   Alexander se arrodilló junto a ella, protegiéndola entre sus brazos. Me fulminó con la mirada, una que parecía cortarme la piel. “¿Estás loca, Scarlett? ¿Atacaste a una mujer embarazada?”   Sentí el golpe en el pecho, como si me hubieran quitado el aire. “¿En serio prefieres creerle a ella antes que a tu propia pareja?”   Los ojos de Alexander eran hielo puro. “¿Y cómo quieres que te crea? Tus actos hablan por sí solos últimamente. Scarlett, ya basta—antes de que de verdad se me acabe toda la paciencia contigo.”   La cargó en sus brazos y salió a zancadas, pateando la puerta al pasar.   Afuera, los murmullos entre los lobos regresaron.   “Pues sí necesitamos herederos… sobre todo ahora que somos la segunda manada más fuerte. Eso va a traer enemigos…”   Alexander lo escuchó. Su cuerpo se tensó. Giró hacia mí.   “Llévense a la Luna Scarlett de regreso a la planta de empaque. Hasta nuevo aviso, no se le permite acercarse a Faye.”   Su Gamma, Carson, dio un paso al frente. “Luna, por favor, acompáñeme.”   Apreté los puños con fuerza. Tenía que contactar a Lucien—ya. Si no lo hacía, esto solo iría a peor.   Me arranqué el suero sin pensarlo, ignorando las miradas a mi alrededor. Me puse de pie y seguí a Carson fuera del cuarto—lista para pelear.
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