Todo los presentes en el cuarto se quedan mirándome, mientras yo hago lo mismo. Veo miradas de miedo en algunos de ellos, miradas de sorpresa en otros, y miradas que intentan fingir indiferencia en unos pocos. Miro la dirección real en que todos miran, miro hacia mis manos normalmente pálida, pero ahora son incluso más espectrales, más de otro mundo, en especial cuando mis uñas ya no lo son sino que ahora son garras de un color n***o carbón. Y esa es la primera señal de que no estoy conservando toda mi parte humana, y que me estoy transformando en demonio. Normalmente no me molesta, no odio ser la única híbrida cincuenta cincuenta de la familia, pero detesto transformarme por estar molesta.
Me tenso al sentir una mano en mi hombro derecho, me tranquilizo cuando otra mano idéntica en peso y forma se posa en mi hombro izquierdo. Mis hermanos, mis gemelos están aquí conmigo. Sus olores logran tranquilizarme, devolverme a un estado más normal y menos caótico.
Poco a poco, porque a mis transformaciones no les gusta que les metan mucha prisa, mi piel vuelve a su pálido natural y desaparecen mis garras dejando mis uñas humanas en su lugar.
Suelto un bufido exasperado, mi padre ya me avisó que estoy podría pasar, que sería más inestable conforme los años pasasen. Que tenía que aprender a controlar a mi loba y a mi demonio antes de que ellos aprendieran a controlarme a mi. Ambas pueden tomar posesión de mi cuerpo con mucha facilidad cuando se me acumulan emociones muy fuertes, y no puedo consentir perder el control, pero tampoco puedo detenerlas sin hacerme daño. Tengo que aprender a que ellas son parte de mi, y no que yo soy parte de ellas. Todo es más fácil en teoría que en la práctica. He aprendido a controlar a Reina porque mi padre es un lobo, pero mis hermanos están demasiado lejos como para ayudarme con mi demonio interior. Algunas veces desearía que todo fuese jodidamente más fácil, ser una cosa u otra como mis hermanos serían infinitamente más sencillo.
— Caleb. – mi padre le llama la atención. – Mi hija tiene razón, todos aquí llevan lo que quieren y ella también puede hacerlo. – me defiende como buen padre.
— Tiene razón Alfa. – baja la mirada. – Perdón Katy.
— Caleb. – retengo las lágrimas. – Katy era mi madre, y por respeto a ella te agradecería que me llamases por mi nombre y no por el de ella.
— No era mi intención hacerte sentir mal, lo siento Alina. – acepto sus disculpas porque no sirve de nada discutir. – Vamos, empieza primero entrenando con el saco.
Sintiendo el cuerpo pesado me muevo hasta la zona de raso, la zona para lobos de entre dieciséis y diecinueve años, lo que nosotros llamamos iniciados. Por supuesto aquí se encuentran todos mis amigos, lo que me ayuda a tranquilizarme, pero también se encuentra Ryan aunque lo deteste. Aunque es de otra manada, su padre y el mío son amigos, y como la resulta que gran parte de sus amigos forman parte de mi manada, pidió permiso para entrenar en nuestra manada y mi padre se lo concedió. Claro que lo hizo porque yo no le he dicho lo mal que me llevo con él y con Dakota. Así que ahora además de soportarlo en el instituto, porque el idiota repitió el último año, también tengo que soportarlo cuando se acaba en las horas de entrenamiento obligatorio que tenemos todos los lobos jóvenes.
Paso de las miradas inquisitivas de todos los lobos de mi edad, las miradas dirigidas al tatuaje de mi espalda. Tatuaje que no debería tener, y que para ellos no significa nada aunque para mi significa demasiado. No puedo asegurar que sea la primera vez que lo ven, no debería pero será la primera vez que lo vean al completo y no solo parte de él.
Durante media hora le doy distintos golpes al saco, siempre midiendo la fuerza para que mi loba no acabe derribando el pobre saco. Sé que varios ya lo han tirado y hemos tenido que comprar más de quince sacos en el último año porque acaban rotos e inutilizables.
— Alina. – vuelve a llamar Caleb mi atención. – Me gustaría verte luchar con otro lobo, sé que has estado entrenando con tu padre hasta ahora. – me quito los guantes y voy al cuadrado. – ¿Alguien que desee pelear contra Alina?
Los observo a todos, pero es claro quien quiere luchar conmigo. El mismo que ha luchado con mis hermanos cada vez que tiene ocasión para recordarles que él es un Alfa y ellos unos simples betas. Le encanta que todo el jodido mundo le diga lo importante que es por ser un Alfa, uno muy pesado y con demasiado ego la mayor parte del tiempo.
Por supuesto el muy idiota se planta delante de mi, como si su sola figura tuviese que intimidarme. Me he visto con tipos que dan el doble de miedo siendo varios años más pequeña, Caleb no es más que un lobo soberbio. No existe en él el tipo de maldad al que ya me he tenido que enfrentar, y que desearía no tener que enfrentar jamás. Algo poco probable, no encontramos a quienes me secuestraron, cuando intenté llevarlos no pude localizar el sitio, así que todavía hay alguien que quiere matarme.
— Ryan y Alina lucharán, ¿necesitan que les recuerde las reglas?
— Nadie me ha dicho que hubiese reglas.
Caleb procede entonces a darme un repaso por las quince reglas que hay en luchas amistosas. Tengo que hacer de todo mi esfuerzo por escucharlo, quiero a Caleb como a un tío pero hay que reconocer que a veces cuando habla con esa voz tan monótona lo único que te dan ganas es de dormir. Entiendo muy bien porque Camille le hace preguntas absurdas a su padre cuando quiere dormir, su tono te noquea casi de inmediato.
— ¿Listos entonces?
— Listos. – decimos a la vez.
— Idiota.
— Espero no hacerte mucho daño cachorra.
Ryan lanza un primer golpe que da directo en mi estómago, ni siquiera intento defenderme. No quiero luchar, porque cuando lo hago no puedo controlar del todo a Reina y sé que todos se van a dar cuenta de lo que soy. Tan solo me protejo la cara, no quiero que me la partan en un entrenamiento.
Mientras intento protegerme la cara él alcanza mi rodilla, me tambaleo y con el siguiente golpe caigo al suelo. Oigo como mis amigos y mis hermanos le piden a Caleb que pare la pelea, más por mi ego y por la probabilidad de que mi loba despierte para defenderse aunque yo no quiera, que por las razones que pueda estar pensando el beta de mi padre.
El que mis amigos le griten a Caleb que detenga a Ryan porque me va a hacer daño molesta a Reina, no se toma demasiado bien que me llamen débil, que nos llamen débiles cuando en verdad no lo somos en absoluto. Es una loba un poco irascible, un poco como yo no vamos a mentirnos. No soy débil y odio demasiado verme débil.
Antes de que me dé cuenta estoy de nuevo en pie, y dándole golpes ahora. Lanzo un golpe demasiado fuerte a su mandíbula, lo destabilizo y cuando intenta darme otro puñetezado no logra alcanzar su objetivo, sino que esta vez consigo yo darle un golpe en el estómago que le saca el aire. Pero el golpe no va solo, va acompañado de un gruñido que tendría que haberse quedado dentro de mi, que no tendría que haber salido. Y Reina lo sabe en el momento que me quedo congelada.
Ryan me mira sorprendido, por supuesto que él sabe que tipo de gruñido acabo de soltarle. Él suelta ese tipo de gruñidos a diestro y siniestro entre los lobos jóvenes de su manada para que lo respeten como su alfa.
— Tus… tus ojos. – titubea con un miedo que no quiero que nadie sienta por mi.