Capitulo 4

2112 Words
Observo la sala, todos me miran fijamente como si fuese algún tipo de fenómeno extraño de la naturaleza. Hasta mis mejores amigos me miran como si eso no hubiese tenido que pasar. Sé que es solo sorpresa, técnicamente no tendría que haber pasado. No tendría que haberle dejado tanto espacio a Reina como para que tomase más control del que le estaba dejando. Lo sé, mi padre me lo ha dicho demasiadas veces. Salgo corriendo mientras aún todos parecen demasiado sorprendidos por lo que ha ocurrido. Esto me supera. Veo a mi padre y a otros lobos y lobas que no logro reconocer mientras salgo corriendo del cuartel, pero por supuesto ellos no solo ven a la niña pequeña de su Alfa, ven mis ojos. Ahora todos lo saben, ahora todos saben que soy su alfa y eso me aterra. Me hace preguntarme tantas cosas que no debería, ¿cómo reaccionarán después de la sorpresa inicial?¿Me aceptarán?¿me odiarán?¿Tendrán preguntas que no quiero responder? Seguro. Todas las preguntas se aglomeran en mi mente, mientras que de fondo comienzo a escuchar a mis hermanos, mis amigos, mi padre y a Caleb llamándome para que vuelva. No puedo hacerlo. El haberme equivocado y rebelar que soy sin estar preparada me aterra tanto que corro por horas, entre tres y cuatro. Soy bastante rápida porque estoy a medio de transformación, sería más rápido en mi forma de loba pero no quiero que ellos me vean. Ya saben que soy su Alfa, saben que tengo una loba pero no puedo hacerlo. No me transformo en mi preciosa loba blanca de ojos rojos hasta que no estoy cerca del límite de mi manada con la manada Red Moon. Por supuesto que esto podría traerme problemas, podrían creer que vengo en busca de pelea porque ni siquiera he pedido permiso para acercarme. Pero es que no puedo, estoy aterrada. Paso un rato sentada, mirando a la nada en mi forma loba. Hasta ella no sabe que hacer, volver a casa aún no quiero volver, pero tampoco quiero tener una conversación con Reina. Ella sabe que yo no quería que esto pasase, estaba intentando contenerse pero hasta ella tiene un límite. No deja de ser una loba, no es tan racional como nosotros. De un momento a otro me llega el olor inconfundible de varios hombres lobos. Intentaría huir, podría parecer lo más lógico pero eso me haría parecer sospechosa, y no quiero que hombres lobo adulto me persigan hasta mi casa. Además, entre ellos hay un olor familiar, aunque que yo sepa no conozco a nadie de esta manada a pesar de no estar demasiado lejos de la mía. Al tenerlos enfrente encuentro a la persona de olor familiar, pues si que conozco a alguien de esta manada, es solo que lo había olvidado. Soy olvidadiza. — Tranformate. – me pide un tipo de más de veinte años con muy poca amabilidad. Abro el enlace que compartimos todos los cambia forma. — ¿Tenéis algo de ropa? Digo, no quiero andar desnuda frente a hombres que no conozco. – asiente. Me tiende algo de ropa que coloca sobre mi lomo con delicadeza. Para lo tosco que ha sido en un inicio, ahora se está comportando como todo un caballero de brillante armadura. Me voy tras un árbol, vuelvo a mi piel de humana. Me doy prisa en ponerme la ropa, si tardo mucho seguro que vendrán a ver si no me escapado y no quiero que me pillen desnuda. Mi desnudez solo me pertenece a mi, y a mi futura pareja destinada. Al salir de detrás del árbol me siento aún más observada, ¿por qué todo el mundo me mira tanto? Sé que soy bonita pero si me miran tanto me van a terminar por desgastar. Le devuelvo la sonrisa a Maverik, hace mucho que no nos vemos. — Sígueme. – me ordena el más adulto. Hoy parece ser el día de darle órdenes a Alina, hacía tiempo que nadie me daba tantas órdenes en un solo día. Estoy acostumbrada a papá, es mi alfa hasta que yo tome el mando y mi padre. Él tiene que darme órdenes. Como no quiero discutir, aquí no tengo a penas autoridad alguna, lo sigo por las callas de su manada. Por supuesto llamo la atención de los habitantes que están fuera de sus respectivas casas, soy una extraña y huelo a otra manada. Pero tampoco me dejo intimidar por sus miradas, me pongo recta, levanto el mentón y sigo adelante como me enseñó mamá. No me extraña nada cuando llegamos ante la casa de su Alfa, puedo oler que todos estos tipos son betas. Su Alfa debe de haberme olido y los habrá mandado a traerme ante él para que analice si soy una amenaza o simplemente una chica de diecisiete años que se acercó demasiado a sus límites. Al entrar me encuentro con un hombre de edad similar a la de mi padre, no debe de tener más de cincuenta o cincuenta y uno. Su aspecto tampoco dista mucho al de mi padre, es un Alfa con toda la palabra, lleno de músculos y algo de su pelo ya gris por la edad, incluso en su barba bien recortada. Al verme me mira con una mezcla de admiración y sorpresa. No entiendo su reacción. — Siéntate querida. Miro a Maverik que asiente dándome ánimos para que le haga caso a su Alfa. Mi propia naturaleza algunas veces me lo pone complicado, pero lo hago y me siento frente a él. — Eres igual que Katrina. – susurra con fascinación. — ¿Conoció a mi madre? La pregunta sale antes de que pueda llegar a pensarla de verdad, no he conocido a muchas personas que conociesen a mi madre. Ninguna fuera de la manada o del reino de demonios que gobiernan mis hermanos mayores. Me gusta conocer gente que conociese a mi madre, me hace sentir que estoy cerca de ella de alguna manera. — Claro que conocí a Katy, una mujer sin igual. – sonríe. – ¿Cómo te llamas querida? — Alina. — ¿Eres la próxima Alfa de White Blood Moon? – asiento. – Comprensible, tus hermanos tienen que ser entonces más demonio que lobo. – se toca la barbilla como si no estuviese cometiendo un error. — No, en realidad no. – me río. – Soy la menor de cinco hermano, yo soy la quinta. Mis dos hermanos mayores, lo más mayores si que son más demonio pero tengo dos hermanos mellizos que son puramente lobos. – aclaro. No son puramente lobo, pero creo que tanto él como sus hombres pueden entender a lo que me refiero. Soy Alfa pero no porque sea la única hija lobo de mi padre, de hecho solo la mitad de mi lo es. — Interesante. (Recuerda eliminar el capítulo 5) — ¿Por qué estás aquí? — Huí de casa. — ¿Por qué? — Sé que soy la alfa de mi manada desde los catorce, cuando me transformé. – veo su asombro. – Si, muy joven, pero se lo he ocultado a la manada hasta que hoy mi querida loba se salió un poco de control. — ¿Heriste a alguien? — No, solo le gruñí a otro Alfa como le gruñiría usted a un sublevado. — Entiendo, ¿pero por qué ocultarlo? — Porque soy una mujer joven siendo una Alfa, soy… no se supone que las mujeres sean Alfas o eso he creído toda la vida, no existe más mujeres Alfa y tengo miedo de que mi manada me rechace por no ser un hombre. Es miedo al rechazo. — ¿Por qué deberías tener miedo al rechazo? Tu manada no sobreviviría sin un Alfa, sea mujer u hombre. – asiento. – Además, creo recordar que hasta el momento de su muerte tu madre solía ser la reina de varios reinos demonio, y hasta ella no había habido antes una reina demonio. Tu madre rompió el molde, ¿por qué no lo harías tu? — No lo sé. — Lo mejor que puedes hacer es ser tu misma, tu gente te va a querer si simplemente lo haces bien y conociendo a tus padres sé que te han criado para que seas una Alfa excelente. – sonrío. – Solo tienes que confiar. — Confiar, si, creo que puedo hacer eso. — ¿Tu padre va a convocar a los Alfas a reunión? — Dijo que lo haría cuando la manada supiese de mi. – me encojo de hombros. — Pediré ser tu supervisor. — ¿Enserio? — Te ayudaré, Alina. — Gracias. Los supervisores son súper importantes para los Alfas jóvenes. Los padres no pueden ser supervisores porque tienden a no ser objetivos y pueden olvidarse de enseñarle bien a como ser un buen Alfa. El supervisor de Ryan es mi padre, y aunque falla un poco su personalidad, sé que es buen Alfa en su manada aunque aún su padre no le vaya a heredar la manada. — Es tarde, deberías volver a casa. — Si, seguro que papá está preocupado. — Ve, Maverik acompañala. Me despido de Elias con un hasta pronto, si lo aceptan como mi supervisor comenzaré a verlo un poco más. Podré preguntarle sobre mi madre. Mav y yo no hablamos hasta que llegamos a los límites. — Alina, ¿puedo pedirte un favor? – asiento. – Pídele a Anton que sea sincero con tu padre y le diga que su pareja destinada es un hombre. Estar separado de él me está matando. — Lo haré. Esta vez decido ir a la manada en mi forma loba, llegaré bastante antes si lo hago. Así que dejo que Reina estire las piernas y se marque una carrera hasta nuestra casa. Sigo algo asustada por como se va a tomar la gente que yo sea su Alfa aunque tampoco es que tengan mucha elección, es eso o convertirse en renegados y ningún lobo quiere esa jodida etiqueta. Es como ponerlo en el blando de una diana, acabará muerto demasiado pronto. Después de una hora cuando estoy cerca de mi manada, siento fija una mirada sobre mi pero pronto esa sensación desaparece y yo sigo mi camino. Adoro dejar que Reina salga, es la mejor sensación del mundo, el sentir el aire de frente, sentir la tierra bajo las patas, oler la naturaleza. Sigo corriendo durante otra hora hasta que llego a los limites de mi manada y uno de los guardias me gruñe hasta que yo le hablo por el enlace. — No creo que debas gruñirle a tu próxima Alfa. – se limita a agachar la cabeza y dejarme pasar. – No bajes tu cabeza ante mi, no quiero que me tengas miedo. Quiero que me tengas respeto. – me dedica una sonrisa al subir la cabeza y volver a su puesto. Aún es forma de lobo corro hasta casa, hasta la puerta trasera que debería estar abierta. Papá siempre la deja abierta para mi. Me transformo de nuevo al estar en un lugar seguro, y me pongo la ropa que siempre guardo para emergencias en esa parte de la casa. Al entrar en el comedor todos me están esperando ahí. Y cuando digo todos, me refiero a todas las personas importantes para mi y los hombres de la manada. Menos mal que el comedor de la casa es gigante, y aún así se siente demasiado pequeño ahora. — Sé que esto debe de ser muy confuso para vosotros y que vuestra primera pregunta debe de ser ¿desde cuándo lo sabes? – empiezo. – No voy a mentiros, no creo que os merezcáis eso, lo sé desde que me transformé por primera vez con catorce. Supongo que vuestra siguiente pregunta debe de ser ¿por qué no lo has dicho hasta ahora? No lo dije por miedo, pensé que podían rechazarme y me daba mucho miedo. – termino asfixiada de hablar tan rápida. Un hombre toma la palabra en cuanto termino de hablar yo, menos mal que no se han quedado en completo silencio. — Creo que hablo en nombre de todos cuando digo que estamos felices de saber que serás nuestra Alfa, entendemos el miedo no se preocupe. – el resto de hombres asienten y yo me quito un peso de encima. — Te juramos lealtad futura Alfa. – dice Caleb al tiempo que todos se arrodillan. Estoy sonriendo cuando una voz se cuela en mi cabeza, una voz familiar al mismo tiempo que demasiado extraña para mi, una voz que no logro identificar pero que me hiela la sangre con lo que me dice.
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