Ian
Al despertarme escucho ruido en la parte baja de la mansión, me doy cuenta de que Sebas ya no está conmigo en la habitación así que hay muchas posibilidades de que estén desayunando abajo y que yo sea el último en despertarse.
Al entrar en el comedor me encuentro con una escena extraña. Los gemelos tienen la cara pajiza, casi grisácea, están pálidos y con los ojos rojos e inflamados como si llevasen horas llorando. Además, hablan un idioma que ni siquiera Mav entiende a pesar de llevar un par de años con Anton.
La conversación se detiene de manera abrupta cuando un hombre típicamente italiano, Dante recuerdo que se llamaba su Alfa, entra en el comedor. Los gemelos intentan recuperar la compostura, sonreír como si sus ojos no delatasen que no están bien. Su padre se da cuenta de inmediato, igual que lo hice yo al entrar, de que algo no está bien.
— Por favor, decirme que esas caras tan desastrosas son porque no habéis dormido bien esta noche. Decirme que vuestros compañeros no os han dejado dormir.
Los gemelos incluso evitan mirar a su padre mientras permanecen callados. Mi padre al entrar y ver lo nervioso que está el Alfa intenta tranquilizarlo.
— Ángel, Anton. – vuelven a mirarlo. – No, no, no, decirme que no es lo que estoy pensando. Por favor, decirme que no es lo que estoy pensando. – les suplica a sus hijos.
Me fijo entonces en los demás a mi alrededor. La cara siempre tranquila de Maverik está llena de preocupación, y la del brujo que nos presentaron anoche, Kailand, está llena de lágrimas que parece no poder dejar de derramar.
Mi hermana, Sebas y yo parece que somos lo únicos confusos, ¿qué está pasando?
— Papá. – intenta Anton, pero antes de que pueda formar una frase su voz se rompe. – No… no sabemos si le ha pasado algo. – consigue terminar la frase pero con mucho esfuerzo.
— Anton, hijo mío, sois trillizos vínculo. – está al borde de las lágrimas. – Su hermana, mi niña, es la loba vínculo. Está claro que a vosotros dos no os ha pasado nada, puedo ver que estás bien y sin ningún golpe. Si estáis bien, pero con esas caras, solo puede significar que mi niña, que mi única hija está herida y pérdida porque no le dijo a nadie donde iba anoche.
Trillizos vínculo, los gemelos son mellizos de la jodida Alfa de esta manada y además son lobos vínculo. Yo pensé que esa r**a de lobos estaba extinta. Si ya es raro ver gemelos, es aún más extraño ver trillizos y que encima sean vínculo. Hace más de treinta años que no se ven mellizos o gemelos vínculo en manadas de lobos, y a los últimos creo que los asesinaron.
— No… no lo sabemos papá. – solloza Ángel ante nuestra mirada incrédula.
Por sus caras, por el agotamiento casi todos podemos decir que algo le ha pasado a la loba vínculo.
Antes de que alguien más pueda decir una palabra, la puerta de la cocina se abre dejando ver a una chica delgada, rubia con una particularidad de lo más especial en sus ojos, uno verde y otro rojo como la sangre. Al repasarla nos damos cuenta de que está herida, tiene varios cortes en su cuerpo. Intento que sus heridas sean mi principal foco de atención, pero no, su olor a frutas del bosque combinado con el fuerte olor de sangre fresca es lo que más llama mi atención.
— Es nuestra compañera, hemos encontrado a nuestra pareja destinada. – me chilla mi lobo.
Siento que me duele la cabeza con esta información, hay mejores maneras de conocer a tu compañera por supuesto. Al mirarla mejor me doy cuenta de que una de sus manos está estirada mientras la otra permanece, aún con sus garras fuerza, en su estómago. Un gran corte le atraviesa todo el pecho medio ocultado por su mano y por lo que queda de su camisa.
Intento acercarme a ella sin asustarla, pero sus hermanos mayores son más rápidos y la atrapan en el momento justo que se desmaya.
— Alina. – la llaman. – Alina, peque. – sus voces se combinan en un lamento que taladra la cabeza. – Peque, despierta.
Siento que me asfixio, ¿Cómo puedo haber encontrado a mi pareja y estar perdiéndola? No puede ser, no puedo ser tan desgraciado como para que esto esté ocurriendo de verdad.
Entre todo el caos y las lágrimas se cuela por mis fosas nasales el inconfundible olor de un par de demonios, demonios fuertes. No simples niñatos, príncipes o reyes demonio.
Alucino cuando los tengo frente a mi, aunque con evidentes diferencias, también puedo decir que hay evidentes similitudes con los gemelos y mi compañera.
— Anton, Ángel. – cada uno apoya su mano sobre el hombro de uno de los gemelos. – Tienen que dejarla en el suelo.
— ¿Cómo podéis estar tan tranquilos cuando nuestra hermana está en tan mal estado? – le chilla con furia Ángel, al que parece ser el más mayor de los dos demonios.
¿Híbridos de lobo y demonio? Los hermanos mayores salieron más demonio que lobo, los menores más lobo que demonio. No es una hibridación que se dé normalmente. Los lobos y los demonios son enemigos tan naturales como los lobos y los vampiros. Pero si la naturaleza marco a un demonio como compañero de un lobo es porque tenía que ser así.
— Porque nuestra pequeña no es una loba normal, tendrían que saberlo como sus hermanos mellizos. – los hermanos entonces se alejan un poco.
Una mujer que posiblemente sea la madre de Kailand, y la bruja que mencionaron anoche que no teníamos que despertar, Zafiro, aparece también por una de las puertas de la cocina.
— Zafiro, por favor calma el dolor de nuestros hermanos menores. – la bruja les obedece sin oponer resistencia, y con reticencia los hermanos se alejan para acercarse a su padre.
Me alejo también de ella sin querer hacerlo, me acerco a mi hermana menor buscando el apoyo que necesito. Esto es demasiado confuso para mi.
— ¿Por qué la estamos dejando ahí?
— Porque como la toquemos mientras la curan posiblemente los que acabemos muertos seamos nosotros. – me informa Anton en los brazos de Mav. – Alina es distinta de nosotros.