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1694 Words
KILLIAN —¡No podéis hacer eso! ¡¿Sabes con quién me he aliado ahora?! —me grita. —Con los hijos de puta que secuestraron a tus hijas, lo sé. No me importa arrasar con todos vosotros. No he venido a discutir, hemos venido a tener una reunión, a que este c*****o vea que ya no le queda nada. He saldado sus deudas y me he quedado con el resto de su dinero, solo es cuestión de horas que me quede con su puta empresa. Se queda blanco cuando se entera, le cambia la cara, a él a esta familia. Ya no tiene ni cómo mantener sus lujos ni esta casa. Ben tira la mochila a la mesa. —¿Qué es eso? —pregunta. —Lo justo para comprarte la empresa. Hay un millón —digo. —No te voy a vender nada. Solo basta que diga eso para tener un par de pistolas apuntándole. Su mujer casi se echa a llorar entre tembleques. Quiero terminar esto cuanto antes y no discutir, al final tarde o temprano voy a conseguir lo que quiero. —Firma esos papeles y nos dejamos de rollos —ordeno. Su seguridad ya no existe, cuando este sitio sea mio van a cambiar muchas cosas. Presiono la pistola contra su cabeza empujándolo a la mesa. La madre de Dana no deja de llorar y es insoportable, le pegaría un tiro a ella también. —Firma los putos papeles, Carl. No es como si lo necesitara de verdad, pero me mata la humillación, verlo enfadado es un placer y que sepa que ya no le va a quedar nada es un beneficio para mi. —Eres un hijo de puta —me dice. —Todos lo sabemos pero tú no eres mejor que yo. Las cosas se descontrolan muy pronto, tan pronto que la reunión se me escapa de las manos, de mi control, los oídos me retumban por el estadillo y la madre de Dana aprovecha el despiste para huir del salón. > —¡¿Qué hacemos ahora?! La mansión se convierte en una batalla campal, hay cristales por todas partes y aunque no quiero protegerlo, necesito que siga vivo para que vea como yo le jodo la vida. Lo empujo detrás de una estantería, Carl se cae y no me importa menos. Ya hay heridos. Los disparos cesan cuando el presidente de la banda del sur entra por la puerta cargado hasta las cejas con sus imbéciles. —Me he enterado de esta pequeña reunión —dice con una sonrisa. Se la quiero partir. —¿Qué coño quieres? Veo a Carl levantarse. —Gracias por venir... —no termina la frase, una bala le cae en la rodilla y cae chillando como un cerdo. —¿Qué coño haces tú aquí? —bramo, repito. —Lo mismo que tú. —No te va a salir, no eres yo, estás solo en esto. —A mi me parece que aquí tengo ventaja. Estamos en cuenta justa, su banda contra la mía. Podría dejarlo ir, yo ya tengo todo su dinero y la satisfacción de que de esta no remontarán, pero quiero esa empresa, es mi nuevo capricho. —No me jodas, he saldado las deudas de este anormal hasta con tu banda. Ya no pintas nada aquí. Sigue sosteniendo la pistola en la mano, la levanta y me apunta, basta eso para que todos nos estemos apuntando. —Déjate de gilipolleces, Killian. Dame la empresa y el dinero y me voy. —Sobre mi c*****r. Sonríe como un puto psicópata y dispara. Yo también disparo. El ipacto es tan fuerte que me lanza al suelo con un dolor insoportable. He recibido muchos disparos pero nunca uno tan directo que me deje en un charco de sangre casi inconsciente. DANA —No podemos salir pero creo que tengo uno por ahí —me tranquiliza Andrea. Me coge de la mano y corremos escaleras arriba hasta su habitación. Los pocos chicos que se han quedado a cuidar del club y de nosotras nos miran como si estuviéramos locas. Se rebusca en los cajones. —Voy a vomitar otra vez —digo. —¡Ni se te ocurra! Mira, lo he encontrado. Siempre tengo uno por si tengo un retraso y necesito hacerme la prueba. ¿Sabes cómo va? Las instrucciones vienen dentro. Nunca me he hecho una prueba de embarazo y esperaba no hacerme ninguna en mucho tiempo. Estoy de los nervios cuando me siento en la taza del váter y tengo ganas de llorar pero Andrea me regaña. ¿Y si lo estoy? ¿Cómo se lo voy a decir a Killian? ¿Estoy acaso preparada para esto? —Tranquila —me consuela y me frota la espalda—. Va a estar todo bien. —No nos conocemos de hace tanto. Bueno, Killian y yo nos vimos por primera vez hace más de tres años, pero creo que las pequeñas charlas por la mansión no significan nada comparado a lo que llevo viviendo medio año aquí con él. No sé si es suficiente para tener un hijo juntos. ¿O si? —Eso no importa, os queréis. Ese señor está obsesionado contigo. Que lo llame "señor" me hace reír un poco. Yo lo dije una vez y casi me tira a la piscina helada. Esperamos sentadas en el suelo del baño y de vez en cuando ella se asoma a ver qué pone, hasta que lo hace una última vez y se queda paralizada. > —¿Andrea? —pregunto tiritando, casi llorando. Me levanto para ver el resultado y me paso llorando el resto de la noche. Ella me arrastra hasta su habitación y me abraza con tanta fuerza que calma un poco mis temblores. Casi para cuando me voy relajando escucho el sonido de los coches y las motos fuera del club, miro la hora en un reloj digital que tienen en la mesilla. Las tres de la madrugada. ¡Killian! Me levanto de golpe de la cama y Andrea está tan inquieta como yo por ver a Ben, sin embargo solo parece él: Ben. —¿Y Killian? ¿Dónde está? Falta gente, faltan muchos hombres. Ben no suelta a Andrea cuando me mira y me vuelven las ganas de vomitar. No, por favor no... —Se lo han llevado a la clínica del doctor —me dice—. He venido a dejar algo y me voy. Veo la bolsa que sujeta y con el corazón acelerado como una moto me seco las lágrimas. —Quiero ir contigo. Quiero ir a verlo. —No creo que te venga bien. —No me digas lo que me viene bien. Andrea me ayuda a convencerlo y termino montada en su moto yendo a toda velocidad por la carretera hasta la clínica. Es muy tarde pero está llena de hombres heridos, sangrientos, ¿y el mío? —¿Dónde está? —Lo están operando —responde—. Lo suyo ha sido lo peor. Irá para largo. Ver todo esto, el vuelco que me da el corazón y el estómago... Tengo suerte de encontrar casi a tientas un baño para vomitar. Ben está fuera cuando salgo. —Dana... En silencio me arrellano en una silla solitaria en mitad del pasillo y espero. Espero mucho, se me hace eterno hasta que por fin escucho ajetreo y veo tras una puerta con cristalera como sacan a Killian en una camilla. No me importa nada, empujo las puertas, Ben me grita pero yo sigo adelante. —¡Dana! No puedes estar aquí —me dice el médico—. Lo llevamos a planta y allí podrás verlo. —¿Está bien? ¿Qué ha pasado? Nadie me responde, me tropiezo con mis pies y sé que voy en pijama, que me he pasado gran parte de la noche llorando y que estoy histérica. Veo como le dejan en una habitación, descamisado, le han intentado limpiar la sangre pero tiene los pantalones manchados y las manos, y salpicaduras en el cuello, y una gran gasa en el pecho. Le dejan conectado a un montón de tubos y cables. —¿Cuándo va a despertar? —pregunto, insistiendo—. ¿Qué le ha pasado? —Estábamos en la mansión y tuvimos un confrontamiento. Le han disparado —cuenta Ben. —Demasiado cerca del corazón —añade el doctor—. Es un hombre fuerte, esperaremos a ver cómo su cuerpo se recupera. Eso no me resuelve nada. —¿Cuándo? Me acerco a la cama, casi ni puedo tocarlo sin mover un cable pero puedo coger su mano. —No hay tiempo certero. Tengo mucho trabajo ahí fuera, si pasa algo pulsad el botón ese de ahí. Me pasaré de vez en cuando. Cuando Ben y yo nos quedamos solos me lo cuenta todo. Yo termino acercando un sillón a la cama y me arrellano aunque incómoda, no quiero separarme de él. —¿Le ha pasado algo a Andrea? —me pregunta al buen rato. Sujeto la mano de Killian con más fuerza entre las mías. —No. —Estábais llorando, la conozco mejor que a mi mismo. ¿Killian me conoce mejor que a sí mismo? Lo sabe todo de mi, a veces creo que me conoce mejor de lo que lo hago yo misma. —Era por mi —susurro—. Estoy embarazada. ¿Puede escuchar lo que digo? NI siquiera sé si siente mis manos en su piel. Ben se separa de la pared y me mira con los ojos bien abiertos, con la mandíbula casi en el suelo. —No jodas —suelta—. ¿Es enserio? —Yo asiento—. Y él no lo sabe. —Me acabo de enterar. Siento que voy a llorar otra vez, ya estoy soltando algunas lágrimas. —Voy a pedirle al doctor que te haga unas pruebas —dice y se da la vuelta para salir—. Dana... —¿Qué? —Eres parte de esta familia, todos te vamos a cuidar hasta que Killian mejore. Y enhorabuena.
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