DANA
Quedarme sola me da tiempo para pensar un poco mejor las cosas. Paso mucho tiempo sola durante semanas, bueno, no estoy sola, estoy con Killian.
Estoy durmiendo en el sillón, como cosas que me traen de la cafetería y me ducho en el baño del hospital. No quiero irme. No quiero dejarlo solo.
—HIja... Tienes que salir a que te dé el aire. Mira qué buen día hace, ha llegado la primavera.
—Puedes abrir la ventana.
—Tienes que moverte, ya te ha dicho el doctor que no puedes pasarte aquí todo el día. Venga, vamos a dar un paseo. ¿Quieres que te lleve a comprar cosas para embarazadas?
—Solo tengo tres meses, casi ni se me nota. No estoy gorda.
—Yo no te he llamado gorda, solo digo que... pues eso...
Siento que solo Andrea me entiende, ella sabe tratarme mejor y no tartamudea cuando hablamos de mi embarazo. Estos han sido los peores dos meses de mi vida. Diría que he vuelto a vivir al club pero casi nunca salgo del hospital y las pocas veces que lo he hecho ha sido para ir a comer o a dormir un par de horas en casa de mi padre. Su piso no queda tan lejos.
Me remuevo en el sillón y me cruje la espalda. Me tiemblan un poco las piernas cuando me levanto y coloco la mano de Killian sobre la cama. Sé que no ha sido "darme la tabarra", lo hacen por mi bien, he estado visitando a un psicólogo que me ha sacado muchas cosas de dentro y el doctor no deja de hacerme análisis por el embarazos y de darme recetas que debería cocinar. Yo no sé cocinar, Killian es el que nos alimentaba en casa.
—Solo para estirar las piernas —digo.
A Roy le basta para sonreír.
—Para lo que quieras.
Tienen razón, hace muy bien día, últimamente siempre hace buen clima y eso me deprime más porque yo estaría mucho mejor en casa con Killian y tomando el sol en el jardín. Dicen que puedo hacerlo pero no quiero estar allí sin él.
KILLIAN
Tiro de los cables, las máquinas empiezan a pitar.
—j***r, Killian, ¿qué haces? Túmbate de nuevo —me espeta el doctor.
—Quítame estas mierdas.
Tiene que ser Ben el que me empuja a la cama de nuevo. j***r. Necesito levantarme.
—Relájate —me manda—. Tenemos que hablar de muchas cosas. Llevas dos meses ahí tirado.
¿Qué acaba de decir? ¡¿Dos meses?! ¿Dónde coño está mi teléfono? ¿Dónde coño está Dana? Tengo que buscarla, tengo que hacer tanto...
—¿Qué?
—Te jodieron pero bien, han pasado dos meses. He intentado hacerme cargo de la banda pero no se me da tan bien, manejar la banda, el taller y la empresa es jodido. Y te cargaste al otro hijo de puta, ya no queda nada de su banda.
Joder. j***r. Me noto la barba cuando me toco la cara. j***r. Estoy más pesado, me cuesta moverme, me pesa todo.
—¿La empresa es nuestra? —pregunto.
—j***r sí.
Bien. Ha salido bien eso por lo menos.
—¿Dónde está Dana?
Veo un bolso sobre la mesilla, sé que es suyo, su teléfono está ahí pero me falta ella. j***r. Dos meses. Todavía la cabeza me da vueltas cuando veo el nerviosismo de Ben y le cuesta arrancarse las palabras. Se las quiero arrancar yo.
—Ha salido con su padre a dar una vuelta. Iré a buscarla, tenéis mucho de que hablar.
—¿Me va a dejar?
Ni yo sé por qué lo pregunto, se me escapa, ha sido un pensamiento de mierda. Dana no puede dejarme, es mía, la necesito.
—No digas gilipolleces, la chica ni se ha movido de aquí durante este tiempo. Voy a buscarla.
—Yo puedo ir a buscarla.
—No, tú no puedes.
—No me jodas, Ben...
—Yo voy a buscarla, tú te quedas y le diré al doctor que vuelva a mirarte. Haber estado casi muerto no te ha quitado la mala hostia.
No me deja discutirle, se va y me vuelvo a quitar los cables. El doctor se pasa una hora regañándome mientras me chequea y tiene suerte de ser quién es porque quiero darle un puñetazo.
Por la habitación pasan muchas personas y ninguna es mi mujer.
—¿Ya ha venido? —me pregunta Andrea, está dando saltitos y tiene una sonrisa de loca.
—Ben está buscándola. Llámale, lleva fuera más de una hora.
Lo hace y entra de nuevo a los pocos minutos.
—Están viniendo, Dana estaba descansando en casa de Roy. Lo necesitaba, ese sillón es incómodo de cojones.
—¿Cómo ha estado?
Seguro que como una mierda pero ella no me lo dirá. No dejo de mirar hacia la puerta y por la ventana. Necesito verla. Han pasado dos mes. Necesito estar con ella más que preocuparme ahora por asuntos de la banda y cualquier otra cosa.
—Bueno... más o menos. Ya te contará ella —dice.
Estoy por rebatirle cuando la escucho. Su voz desde el pasillo atraviesa la puerta hasta mis oídos y por más que me hayan repetido mil veces que no puedo levantarme, lo hago, sin embargo no he llegado ni a la puerta cuando se abre y a Dana le cambia la cara. j***r. Sigue guapísima, sigue siendo mi mujer.
Se me echa encima, está temblando entre lloriqueos y con un gesto de cabeza me hacen caso y nos dejan solos. Le abrazo con fuerza para que me sienta con ella, estoy aquí, ella está aquí. Nos arrastro hasta el sillón, se cae en mi regazo y me sujeta con fuerza sollozando en mi hombro.
—Ya está, ya está —le repito—. Ya estoy aquí.
Pasa un rato hasta que separa la cabeza de mi cuello y me mira con los ojos rojos de llorar. Le quito un par de lágrimas que le corren por las mejillas. Hasta así está perfecta.
—Te he echado de menos —dice.
Le ha crecido el pelo, sus mechones rubios se me enredan en los dedos cuando los toco. ¿Cómo he estado dos meses sin ella?
—Nos iremos pronto a casa, ¿vale, reina?
Asiente lentamente, no me quita la mirada, atenta a que yo sea real. Levanta la mano y me acaricia la barba, la mandíbula, es ella quién me besa. Dos meses sin sexo también me pasan factura, empiezo a empalmarme. Ella me frena, casi vuelve a echarse a llorar al rato así que solo existimos en silencio y abrazados durante mucho tiempo.
Suelta un jadeo de repente y se levanta, me mira con sus ojos grandes brillando por las lágrimas.
—¿Te duele? Ven, túmbate otra vez —me dice y me coge de la mano para que vuelva a la cama.
—Estoy bien, Dana.
No deja de mirarme y aunque sí que me duele, siento que tengo entumecida toda la zona del pecho hasta el hombro, yo la acojo entre mis brazos y vuelve a llorar. Tarda menos en recomponerse y pulsa un botón sobre la cama que hace que el doctor aparezca.
—Te mandaría reposo un par de días más —dice.
—En casa —digo yo.
El doctor mira a Dana y ella me aprieta la mano entre las suyas.
—¿Podemos irnos a casa ya? Descansará allí —dice ella—. Por favor.
Me da el alta esa misma tarde, Dana trajo algo de ropa para mi y me ayuda a ponerme la camiseta. No deja de mirarme, parece cansada. Ni siquiera puedo conducir de vuelta a casa, tengo toda la parte izquierda del cuerpo medio entumecida y es Roy el que nos lleva. No tarda en dejarnos solos y Dana no se despega de mi.
La casa está a oscuras, llena de polvo, como si no hubiera estado aquí en meses. Dana va abriendo las ventanas y descorriendo las cortinas a medida que subimos a la habitación.
—¿Necesitas algo? ¿Quieres darte un baño? Puedo prepararlo. Te ayudo.
Estiro la mano hasta enredarme su pelo en la mano y acercármela. Tiene que relajarse. Todavía la cabeza me da vueltas por esta mierda. Cuando la miro, el pecho se me revuelve también. La veo igual, igual de guapa, de atractiva, igual de mía.
Lo que necesito es follarla. Me devuelve el beso con la misma necesidad, sus manos se empuñan en mi camiseta, sujetándose a mi mientras busco el elástico de sus pantalones para meter la mano y tocarla. j***r. Está empapada. Podría follarla tan rápido, tan duro...
—¿Me has echado de menos?
—Sí —asiente y abre más las piernas.
—¿Te has estado tocando? Estás muy mojada...
Jadea y se separa de mi. Me saca la mano de ella. ¿Qué coño hace?
—Umm... Tenemos que hablar primero.
—¿Primero? Deja que te folle y luego me lo cuentas, mira como estoy ya...
Joder, la polla me va a atravesar los pantalones. No puedo pensar claro pero la sangre me sube al cerebro cuando veo como me mira. Esto es serio. Logra preocuparme, han pasado dos meses ¿qué me he podido perder? ¿Han vuelto a joderla?
—Dana, ¿qué pasa?
Se retuerce los dedos y se muerde el labio con fuerza.
—Dana —insisto—. Dímelo.
Y cuando creo que se va a poner a llorar de nuevo, me mira con los ojos brillantes y la voz se le baja tantos tonos que casi ni la escucho, pero lo hago. Escucho lo que dice:
—Estoy embarazada.