KILLIAN
¿He escuchado bien?
—¿Qué coño acabas de decir?
—Que... estoy embarazada —susurra.
Joder. ¿Embarazada ha dicho? Sí, eso ha dicho.
Y cuando me quiero dar cuenta está llorando otra vez. Esto está siendo una locura. Una puta locura.
No puedo dudar, sé que es mío, confío tanto en ella que sé que no es como ninguna otra de esas que han intentado colarme sus mierdas. Esta vez es de verdad. >
—¿Desde hace cuánto que lo sabes? ¿Por eso no querías que me fuera esa noche?
—Me enteré esa noche cuando ya te habías ido —admite. Se limpia las lágrimas, el pecho le tiembla—. Yo... ha sido difícil.
Más y más mierda. Mi mujer embarazada y yo en una mierda de bandas.
Abro los brazos para acogerla en ellos y aunque no tiene mucha fuerza intenta abrazarme con todo lo que tiene. Por lo menos no vuelve a echarse a llorar.
—Ya no va a ser difícil. No voy a salir de casa en un tiempo para que me controles si es lo que quieres.
Escuchar como se ríe me alivia un poco.
—Vale —murmura—. ¿No estás enfadado?
Creo que todavía no me lo estoy creyendo. Está embarazada de mi. He embarazado a mi mujer. Voy a ser padre.
—Claro que no.
Separa la cabeza de mi pecho, me ha mojado las camiseta con sus lágrimas pero no importa
—¿Qué va a pasar ahora? —me pregunta.
Con los pulgares le quito las lágrimas. Siempre estoy seguro de lo que hago y de lo que quiero. Quiero a Dana, a mi mujer, quiero esto. Voy a hacerla mi mujer oficial y voy a cuidarlos.
—Que vamos a ser una familia —asumo. Decirlo en voz alta me hace más consciente de todo esto—. Me han dicho que no has estado descansando bien, así que cuando lo hagas hablaremos mejor de todo.
Asiente, su pelo rubio se balancea.
—Vale. La verdad es que lo necesito, he pasado unos meses asquerosos. Te vas a tumbar conmigo, ¿verdad?
Ha cambiado, ahora está más abierta a decirme las cosas y no puedo negarme. Se pone el pijama y me quedo con ella hasta que se duerme. Me doy una ducha, me afeito, casi no me veo la herida entre los tatuajes. El entumecimiento se me va poco a poco. Dana sigue dormida cuando termino y me encuentro siendo un puto loco acercándome a ella y levantándole mi camiseta sobre el abdomen. ¿Está embarazada? No se nota nada.
En lo que ella duerme yo me pongo a tono con todo. Hago llamadas y quiero ir al club, pero sé que si salgo de casa Dana no me lo va a perdonar y se pondrá de nuevo a llorar.
—Quédate en casa —me dice Ben al teléfono—. He estado con esto dos meses, podré aguantar un poco más, pero no mucho —me advierte—. Todo es una puta locura. Suerte que Roy y su banda nos han ayudado con algunas mierdas. Y la empresa está bien, ahí, he mandado a un par a trabajar allí de forma legal. Pero está todo tranquilo.
—Pásame un informe, papeles o lo que sea que haya llegado.
—Me parece que tú tienes otras cosas ahora.
—¿Lo sabéis todos o qué?
—Hemos estado cuidándola y Andrea lo pregonó por el club. Ya sabes cómo es. ¿Cómo llevas la noticia?
¿Qué como lo llevo? Me he enterado hace menos de una hora de que voy a ser padre. He estado como un puto vegetal dos meses. Llevo esto lo mejor que puedo.
—Bien.
—Tú nunca has querido ser padre —me recuerda.
Y tiene razón, todas esas veces que esas zorras querían encasquetarme sus embarazos no deseados estaba asqueado de solo pensarlo. Tener un hijo en esta vida es jodido y no tenía ningún interés de cuidar un mocoso de esos. Pero ahora... j***r. Es con Dana, ya ha pasado tres meses y yo no he estado para nada. Vamos a ser una familia.
—¿Ella ha dicho algo? —indago.
¿Habrá pensado en abortar?
—Tenía fe en que despertaras para elegir qué hacer. Creo que ella sola no hubiera salido adelante.
Pero no está sola, estoy aquí y voy a cuidarla como se merece. Voy a darle lo que le prometí: la buena vida, la felicidad.
—Voy a quedarme aquí con ella esta semana, pero estaré pronto por allí y hablaremos de la situación de la banda.
—Vale, presidente. Disfruta del inicio de la paternidad.
Cuelgo y vuelvo a la habitación. Dana sigue dormida, extendida en la cama con su pelo rubio revuelto sobre las almohadas. He pasado dos meses tumbado, pero vuelvo a la cama con ella.
DANA
No estaba muy segura de si Killian aceptaría las cosas como son: el embarazo, pero parece que lo lleva bien aunque me gustaría estar en sus pensamientos para estar completamente segura de que esto es lo que quiere. Yo ya he pasado tres meses con esto, sola, lo he aceptado y la realidad de que de verdad estaba embarazada me golpeó cuando el doctor me envió a hacerme una ecografía. Estaba ahí, está ahí nuestro bebé.
Todavía estoy un poco aturdida por la presencia de Killian. He pasado dos meses asquerosos y por fin ha vuelto, está en casa, está bien. Ahora me encanta muchísimo más que esté tan cubierto de tatuajes porque así no pienso tanto en lo que le ha pasado gracias a que a penas puedo encontrar la herida de bala. Él dice que se encuentra bien, pero yo quiero cuidarlo como él ha hecho conmigo.
A la mañana siguiente me despierto sola en la cama pero la casa entera huele a café y casi vomito. Son cosas de las que tenemos que hablar. De eso y de mis hormonas. Verlo descamisado haciendo el desayuno me provoca muchas cosas. He tenido que buscar en Google muchas de las cosas que le van a pasar a mi cuerpo y aprovechando la de tiempo que he estado en la clínica he preguntado si eran normales. Me han crecido los pechos y a veces me duelen, voy más veces al baño y hay un montón más de cosas que me han cambiado.
—Buenos días —saludo al entrar a la cocina.
Por primera vez en meses es un buen día.
Killian me sonríe y me pilla por su camiseta que uso para dormir acercándome a él. Lo he echado mucho de menos, todo de él, sobre todo sus besos.
—Te quiero —dice y casi me da por llorar.
Sonrío y vuelvo a besarlo. Su boca caliente es mi favorita.
—Yo también te quiero muchísimo.
—Tenemos que hablar las cosas.
—Lo sé —digo—. También tengo que limpiar. —El olor del café se me hace tan isoportable que me llevo la mano a la boca por las náuseas—. Perdón, no soporto el olor del café últimamente, te...
Solo basta que diga eso para que él apague la cafetera aunque eso no disminuye el olor.
—Entonces se acabó el café en esta casa. Espera... —saca un vaso del armario y lo llena con agua—. Toma.
Me calma un poco las náuseas. Pensaba que ya habían terminado a estas alturas.
No hay nada de comida en casa, todo lleva aquí dos meses y nada sirve. En estos momentos me arrepiento de no haber aprendido a conducir.
—Puedo hacerlo, Dana —me dice Killian—. Iré a comprar y...
—Voy contigo.
—No. Tú descansa.
—No necesito descansar tanto.
—Estás embarazada, tú te quedas a descansar —me sentencia.
Frunzo el ceño. Yo llevo a su lado dos meses con el culo plantado al sillón, he descansado, puede que no haya pensado mucho en el bebé porque me costó asimilarlo, pero lo hice y me he cuidado lo mejor que he sabido.
—No me mandes ni me hables así. Yo quiero ir contigo, sé lo que necesito —suelto y me arrepiento al momento. No quiero hacerlo sentir mal y que piense que le estoy echando en cara que no ha estado presente estos meses para conocer lo que es tenerme embarazada—. No quiero que vayas solo por si te pasa algo, Killian —confieso.
No puedo convencerlo, se va en el deportivo y no puedo controlar lo desbocado que me deja el corazón. Intento distraerme limpiando la casa, tengo trabajo para toda la semana pero no es suficiente y a la media hora ya lo estoy llamando.
—¿Has llegado bien? —pregunto.
—Estoy perfecto.
Ya... aun así no es hasta que lo veo entrar cargado de bolsas que me alivio. Deja todo sobre la isla de la cocina. Hay de todo. Hay helado de fresa, muchísimo. Cojo una tarrina y una cuchara, y nos echamos al sofá mientras desayunamos. Lo tengo preparado y se lo pongo delante. Él lo coge y se lo pega a la cara.
—¿Es esto? —pregunta y verlo tan perdido a como estaba yo me hace reír.
—Eso dice el ginecólogo. Tengo una cita para dentro de dos semanas, se supone que podremos saber el sexo.
—No se te nota —dice y me mira—. ¿Es normal? ¿Va todo bien?
—Sí que se me nota, no sabes la de cosas que me molestan y... Me quedan pequeños unos vaqueros.
Suelta una risa ronca. Me encanta esto, me encanta él, me está encantando la idea de tener una familia con la persona que más quiero en este mundo.
—Puedes ir desnuda por casa, no tengo ningún problema.
A pesar de lo pervertido que es, estamos hablando de que vamos a ser padres.
—¿Tú quieres esto de verdad, Killian? —me atrevo a preguntar.
Sus ojos oscuros me miran y me encanta como lo hacen. Killian lleva mucho tiempo mirándome como si de verdad fuera la cosa más bonita del universo. Hace que me sienta así.
—Yo quiero todo contigo.