Dulce hogar

1860 Words
Después de acomodar las cosas de Leo, cenamos y nos fuimos a dormir. El siguiente día nos ocupamos de organizar el estudio para oficialmente, volver al trabajo. En ese cuarto solía estar mi pizarra con la información de Leo y mi propósito de casarme, ahora que lo había logrado, lo siguiente en mi lista era convertirme en parte importante de la junta directiva de NaturaBelle. Se decía fácil. Para alguien que pasó toda su vida ignorando la empresa de la familia, iba a ser un reto. Víctor acomodó toda la información que teníamos – tu padre es el actual director, su sucesor iba a ser tu hermano. Hasta el día de la lectura del testamento, ahora el sucesor más evidente es Iván Duarte, tu tío. Sin embargo, hay rumores de que el director le cederá la posición a uno de sus asistentes, no es seguro – agregó de inmediato – pero muchos dicen que ahora que el socio fundador, tu abuelo, ya no está. El director planea priorizar el futuro de la empresa por encima del linaje familiar. Y esa palabra la dijo Regina – me señaló. Mi padre, definitivamente es esa clase de persona. Leo asintió – es una buena noticia. – ¿Disculpa? – lo miré muy fijamente – es una mala noticia. Víctor acaba de decir que mi padre elegirá a uno de sus asistentes en vez de a uno de sus familiares, y yo soy su hija. El asunto del linaje me convenía, este escenario ¡no! – Es una buena noticia porque significa que, si demuestras que eres la persona correcta, te elegirá sin importar sus prejuicios – dijo Leo. Y eso solo funcionará, si yo demuestro que puedo con el trabajo. Los dos me miraron. Bueno, ¿qué esperaban de mí?, los que prácticamente nacieron en la empresa fueron mis hermanos, a mi no me dejaron poner un pie en el edificio hasta que cumplí los veinte años y cuando me buscaron un rol para desempeñar; me enviaron a recursos humanos. – ¿Qué tanto conoces la empresa? – preguntó Leo. Víctor recargó los codos sobre la mesa – le di el listado de las fábricas hace más de dos meses, junto con información de sus ventas, administración y programas. Hagamos un pequeño examen – me sonrió y yo quise golpearlo. Obviamente, no diría en voz alta que estuve ocupada con los arreglos de la boda y sé que repasé esos informes una o dos veces, así que respondí – adelante, pregunta. – ¿Qué porcentaje de agua recicla la fábrica del norte? – ¡Es una maldita broma! – le reclamé – hazme una pregunta que importe, ¿cómo se supone que voy a saber eso? Víctor alzó las cejas – el 70% y lo sé, porque lo puse en el reporte, ¿lo leíste? – Saben, una boda no se planea sola, los reto a tener una sola queja, la ceremonia fue perfecta, los arreglos florales eran una auténtica obra de arte, la comida fue preparada por un prestigioso restaurante y las invitaciones tenían láminas de oro en los decorados. No logras todo eso y además tienes tiempo para memorizar, ¡el 70%!, en serio, ¿no es demasiado? Los dos intercambiaron miradas. No me gustó su lenguaje corporal. – De acuerdo – dijo Leo y tomó una hoja para darle la vuelta – dibuja el arreglo floral que estaba sobre las mesas, no recuerdo cómo era. Pensé, “interesante, considerando que fuiste el novio”, y vaya que deseé decirlo, pero no quise darle el gusto, tomé la hoja y dibujé el arreglo floral comenzando con el florero de vidrio, las flores, el moño y ya que tenía un lápiz, puse notas para los colores, no contraté a cualquier persona, busqué artistas expertos para cada detalle de mi boda, al final, le devolví la hoja a Leo. – Tienes una memoria increíble – me dijo, pensé que era un halago, hasta que lo vi tomar el reporte de Víctor – ahora, memoriza esto. Con lo malas que eran mis calificaciones, dependía totalmente de mi memoria para pasar los exámenes y graduarme, el problema es que tengo memoria selectiva, las cosas que me interesan se quedan grabadas, las que no, pasan desapercibidas. Tomé el reporte y lo abrí en la primera hoja, completé un párrafo antes de detenerme y decir – no lo memorizaré en cinco minutos. – Tienes tiempo – dijo Leo – ¿cuándo es la siguiente junta? – En tres semanas – respondió Víctor. Me molestó que él supiera eso y por la forma en que actuaban parecía que la que menos sabía sobre la empresa, era yo. Tomé el reporte y me levanté – iré a mi habitación a memorizar, diviértanse hablando mal de mí – me despedí. ***** Después de que Regina se fue, Víctor ladeó la cabeza hacia Leo – sabes, generalmente no me gusta ser entrometido y creo que es importante trazar una línea entre lo personal y lo privado, pero tú eres mi compañero de trabajo y el esposo de mi jefa, así que “personal y privado”, ya no son conceptos separados. ¿Pasó algo en la luna de miel?, ¿algo por lo que deba preocuparme? Leo respondió honestamente – no tengo idea. Pensó que todo estaba bien, Regina eligió el destino y el hotel, así que no había forma en que estuviera molesta por eso, estuvieron gran parte del tiempo juntos y una vez de regreso, Regina pidió su privacidad de regreso. Tenían habitaciones separadas, tal y como ella lo deseaba. El papel de Leo como su esposo era avanzar y retroceder cuando ella lo pidiera. Eso fue lo que hizo. Entonces, ¿cuál era el problema? – De acuerdo – dijo Víctor y se levantó – tomaré el resto del día libre, avísame si algo cambia. ***** Lucas Duarte tenía una reunión en menos de quince minutos y uno de los temas a tratar era el acuerdo con Princesa, la tienda de su hija, por lo que era muy importante que estuviera presente. Pero lo que ocupaba su mente, era un correo electrónico que acababa de recibir. El remitente era Antonio Evans, hijo de un empresario conocido y la información correspondía a un informe de Leonardo Rivas, el esposo de Regina. Asunto: Información sobre el Sr. Leonardo Rivas. Estimado Sr. Duarte: Reciba un saludo. Agradezco su iniciativa al contactar conmigo; es lo adecuado dadas las circunstancias. En relación al Sr. Rivas, puedo comentarle lo siguiente: Tuve un encuentro profesional con él hace aproximadamente siete años. En ese entonces me encontraba realizando mis prácticas en el despacho jurídico de mi padre como parte de mi formación académica. Una conocida me solicitó, en tono de súplica, que admitiera a un joven estudiante de derecho. Por consideración, accedí. Desde el principio asigné al sr. Rivas un puesto de baja responsabilidad. Tome esta decisión en consideración a los practicantes que llegaron sin recomendación y para no generar problemas en el ambiente laboral. Sin embargo, siento totalmente honesto, debo admitir que el sr. Rivas me generó un sentimiento de desconfianza desde nuestro primer encuentro, razón por la cual intervine para darle un cargo en el que su acceso a la información fuera limitado. Lamentablemente el sr. Rivas se presentó con expectativas irreales generadas por un problema de comunicación y cuando descubrió los límites de su cargo y la falta de beneficios, su reacción fue desproporcionada y francamente poco profesional. Intenté manejar la situación lo mejor posible y advertirle que, en caso de no estar conforme con las disposiciones del cargo que estaría ocupando, podía optar por buscar en otras empresas. El sr. Rivas aceptó desempeñar el cargo que se le dio y durante varios meses no hubo problemas, por lo que me di la libertad de olvidar el tema y seguir con mis actividades. Un día me solicitó una reunión “urgente”. Por cortesía, acudí a la cita. El resultado fue un incidente automovilístico provocado, que sucedió cuando él se arrojó sobre mi vehículo. Adjunto el expediente judicial que detalla los hechos y las declaraciones de testigos. El caso fue llevado por el despacho de mi padre y eximió completamente mi responsabilidad. Además, durante el proceso recibí amenazas directas y fui víctima de actos de vandalismo. Aunque no reporté el crimen para no provocarle al sr. Rivas más problemas, todo quedó documentado y los abogados de mi familia decidieron extender una orden de restricción para evitar problemas futuros. Sin embargo, dado que fui yo quien incorporó al sr. Rivas al despacho y generé sin proponérmelo, grandes expectativas por su parte, me sentí culpable y decidí pagar los gastos médicos y la operación que el sr. Rivas requirió, así como también dar marcha atrás a la orden de restricción. Pero dejé en claro que no habría más compensaciones. Anteriormente intenté advertirle a su hija sobre las intenciones del sr. Rivas, pero su postura fue firme. Consideré que cualquier intento adicional sería inútil y opté por no insistir. No fue por falta de evidencia, sino por respeto a la señorita Regina Duarte. Espero que la información le sea de utilidad, y que la administre con el criterio que la situación exige. Atentamente: Antonio Evans. – Director, la reunión comienza en cinco minutos. Lucas asintió y dijo – un minuto. Descargó los archivos, miró el CV de Leonardo que fue enviado al despacho, los informes de actividades y después, el expediente judicial. Leyó la dirección dos veces y la repitió en su cabeza. Lucas guardaba en el primer cajón de su escritorio una agenda personal donde anotaba las direcciones y fechas más importantes. Prefería mil veces el papel impreso al formato de los programas digitales y se sentía más cómodo. Un minuto después encontró la dirección de su hermana Verónica. El lugar donde ocurrió el accidente, era en la esquina de la calle donde ella vivía. – Disculpe, director. – El que da las órdenes soy yo, no tú – reclamó mientras marcaba. Verónica no escuchó el teléfono, Jonathan estaba transmitiendo y toda la casa se llenó del sonido de la batería y las guitarras. Lucas dejó de insistir, envió un mensaje y fue a la junta. ***** Tengo algo que confesar, me suscribí al canal de mi primo. Al principio pensé que era mentira, no es posible que Jonathan gastara su parte de la herencia en una cámara, una batería, tres guitarras y un creador de contenido para administrar un canal de música por internet. Es como, ¿tía!, ¡en serio lo dejaste hacer eso! Pero luego miré sus videos y está realmente metido en el papel de una estrella de rock, previo a su descubrimiento. Incluso tiene eventos de promoción, canciones dedicadas para aniversarios, enamorados y cumpleaños, y transmisiones especiales en vivo. Sería excelente, si no fuera porque lo que transmite no es música. Es ruido. ¡Ah! Lo más triste de ese día, fue que antes de darme cuenta, ya habían pasado tres horas y todo lo que hice fue mirar los videos de mi primo. No memoricé ni una sola línea de los reportes que me dio Víctor.
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