Al llegar estaba cansada, soñolienta y hambrienta. El recibidor del hotel era justo como lo mostraba el sitio web, con acabados de color mármol, el techo alto y una gran sensación de profundidad. Pero es difícil apreciar el buen gusto del diseño cuando todo en lo que puedes pensar, es en llegar a la habitación, tumbarte sobre la cama y convertirte en una muerta.
– Bienvenidos – dijo el recepcionista con una gran sonrisa y nos acompañó a la habitación.
Creo que nos dio un pequeño recorrido. Habló sobre la piscina, los accesos privados a la playa, la terraza, el gimnasio, el minibar y el menú del restaurante, entre otras cosas, yo bostecé y esperé a que se fuera para buscar la habitación, ahí, me lancé sobre la cama.
– Quiero morir – exclamé. Estaba muy cansada, medianamente me di cuenta de que él me quitó los zapatos y me incorporé para saber si fue cierto o lo estaba soñando. Leo también se quitó el calzado y se recostó sobre la cama.
Había un aroma relajante y el aire acondicionado estaba encendido. Una hora después, desperté y parpadeé varias veces porque no recordaba en dónde estaba.
Leo aún dormía.
Me levanté de la cama, abrí mi maleta para cambiar mi calzado por unas sandalias más cómodas y dejé la habitación. El interior era amplio, con una hermosa vista y nos dejaron cócteles de fruta sobre grandes copas, tomé un poco y me senté.
Leo despertó unos minutos después y miró hacia la ventana, era el ocaso. Hice bien al elegir el hotel, tenía la vista perfecta y esa hora era muy especial, podíamos ver al sol escondiéndose dentro del océano. Fue hermoso, demasiado. Sentí que el universo se estaba burlando de mí.
– ¿Tienes hambre? – le pregunté ofreciéndole una copa y él se sentó.
– El sujeto que nos trajo dijo que había una pantalla con el menú del restaurante y que podíamos pedir la cena – buscó alrededor mientras comía las uvas – lo encontré – me dijo.
Nos sentamos juntos para mirar los platillos y elegir la cena.
– Quiero este – señalé y toqué sin querer dos veces, él cambió la orden para que no nos enviaran demasiada comida.
Después de hacer nuestro pedido, volvimos a la sala, yo cerré las cortinas para encender las luces.
– Sobre las habitaciones – dijo Leo de pronto – el baño está a la derecha, tiene el tamaño de una habitación y hay un pequeño estudio de ese lado – me miró – no encuentro mi habitación.
Pensé que había escuchado mal – acabamos de estar ahí, dejamos las maletas, usamos la cama, ¿no la viste?
Leo resopló – esa es tu habitación, hablo de la mía.
Sentí que me arrojaban un balde de agua fría – es una suite de luna de miel – expliqué, pero él obviamente no estaba captando el mensaje – solo hay una cama.
Leo se sorprendió.
No quise enojarme tan pronto, o tal vez si – déjame adivinar, ¡dormirás en la sala! – me levanté, revisé el minibar y tomé una botella de vino.
– Apenas iba a sugerirlo.
– Sé honesto, ¿soy tan horrible? – pregunté alzando la voz.
– No fue lo que dije.
Cierto, no lo dijo, pero lo pensó. Y yo enloquecí – porque creo que es importante dejarlo en claro, es nuestra primera noche de un matrimonio que durará por lo menos un año. Pienso que necesito tener esa información.
Él se levantó de la sala y me quitó la botella – no has comido.
– Puedo tolerarlo – se la arrebaté.
– Bien.
– No respondiste mi pregunta. Solo falta que me compares con un monstruo que se oculta en el armario o debajo de la cama, tienes que dormir en la sala para que no te asalte o te haga un daño irreparable.
Él resopló – como dije, iba a sugerirlo, en caso de que tú no te sintieras cómoda.
Fue la excusa más ridícula que he escuchado en mi vida, entonces, se suponía que él quería dormir lejos de mí, para facilitarme las cosas, porque yo, soy la que iba a sentirse incomoda, ¡yo!, la que propuso el contrato de matrimonio, la que planificó la boda, la que pagó por todo, el anillo, el vestido, el banquete, las invitaciones y el maldito hotel – cobarde – susurré.
Leo me miró enojado, me quitó la botella de las manos y también se sirvió una copa.
El servicio a la habitación nos llevó la cena, todo lo que pedimos, más un pastel con forma de corazón y una caja de chocolates, era la misma marca que venden en Royale Nocturne.
Leo tenía razón, no debí beber con el estómago vacío. Poco después de comenzar a comer tuve una fuerte migraña, podía sentir que alguien tomaba dos clavos, los colocaba a ambos costados de mi frente y martilleaba.
Leo volvió a llamar al servicio a la habitación para que me trajeran una pastilla.
Seguí comiendo mientras hacía efecto, porque moría de hambre, aparte, yo elegí gran parte del menú y no quería que se desperdiciara.
Leo también probó la comida y encendió la televisión, no la miró, supongo que la encendió para que hubiera ruido y no tuviéramos ese silencio incomodo en el que estábamos sumidos. Media hora después la pastilla hizo efecto y gran parte del dolor se fue.
Leo me miró – ¿vas a querer pastel?
Era uno de esos pasteles de chocolate con cobertura de fresa y rosas comestibles en la parte de arriba, le dije que sí, y él tomó el cuchillo y lo partió justo por la mitad. Yo tomé la analogía de un corazón roto y lo comí, ya que las cosas iban a ser así. Decidí en disfrutar de la comida.
En la película hubo una explosión.
Leo agarró los chocolates mientras yo miraba la escena de acción, imagino que él no sabía de qué clase eran, porque abrió el paquete y se metió uno a la boca, después me miró y destapó otro para dármelo.
Esperé un poco después de la cena para bañarme. Junto a la tina vi una caja decorada con un gran moño en la parte de arriba y una nota. Eran sales de baño, velas aromáticas, pétalos de flores y todo lo necesario para tener una cita romántica, en la tina.
Lo encontré muy divertido, pensé; ¡no puedo convencerlo de compartir la cama y voy a lograr que se meta a la tina conmigo!, ni de broma. Seguí mirando la nota, tenía una descripción de cada artículo, también revisé la caja y tomé las velas, tenían un aroma muy delicado, pero una vez que pegabas la vela a tu nariz, podía sentir el intenso matiz.
En consecuencia, estuve más de una hora en el baño.
Fue un poco desconsiderado, tomando en cuenta que era el único baño en la habitación. Salí, Leo entró y yo fui a la habitación para usar el secador.
No había revisado mi celular en un largo tiempo, tenía docenas de mensajes de felicitaciones, imágenes divertidas y un mensaje de bienvenida del hotel. Me dio pena responderlos, estaba en la luna de miel y se suponía que no tenía tiempo para pensar en otra cosa. Perdí el tiempo viendo videos de…, nada, y de pronto, Leo entró a la habitación. Yo traía un camisón blanco y un saco de seda encima. Lo había comprado especialmente para esa noche, él llevaba la ropa con la que supongo, duerme siempre y traía el cabello mojado.
– Traje mi secador, puedes usarlo si quieres.
– Estoy bien así – me respondió y acomodó las almohadas.
Me tomó por sorpresa – ¿dormirás aquí?
– Si – me respondió secamente y tomó el control del aire acondicionado para bajar la temperatura, después se metió entre las sábanas.
Debí quedarme callada, no sé por qué tenía esa sensación de querer discutir, era como si hubiera algo en mi boca que me hacía imposible tenerla cerrada. Él ya estaba acostado y yo dije – pensé que dormirías en la sala.
Él se incorporó – dime, ¿en dónde quieres que duerma? – me preguntó, pude ver las gotas de agua bajando por su frente y el tenue color rojo en las esquinas de sus ojos.
– Aquí – respondí.
– Bien, dormiré aquí – dijo él, se acomodó y retiró las sábanas.
Yo aún tenía el celular, me topé con varias recetas saludables para bajar de peso y de repente, lo miré. Se había acostado con el cabello húmedo y seguía sudando.
Tuve un mal presentimiento, me levanté de la cama, fui a la sala y descubrí que mientras yo estaba en el baño, Leo se comió los otros dos chocolates que venían en la caja. Serví un vaso de agua con mucho hielo y volví a la habitación.
Nocturna es una marca de chocolates con cacao, damiana y miel fermentada, tienen un sabor muy dulce. Después de comerlos aumentan la temperatura, producen una sensación de cosquilleo en el estómago, como si hubiera mariposas y te vuelve muy sensible a los olores y al tacto.
Estaba enojada con él, por eso no le dije que eran chocolates “especiales”, no calculé que se comería tres.
Había una lámpara de lava sobre el buró que estaba encendida, la apagué y me senté en el borde de la cama que estaba de su lado – te traje agua.
Él giró y me miró – estoy bien así – dijo.
– De acuerdo, si quieres lidiar tú solo con los efectos del afrodisiaco, ¡es tu decisión!
Él se incorporó de golpe y me miró.
– Los chocolates, por eso tienes tanto calor y estás sudando. Toma – le di el vaso de agua.
Él pasó las manos sobre su rostro y aceptó el vaso, una parte del agua se fue por las esquinas de sus labios, después, dobló las piernas y recargó la cabeza sobre sus rodillas. Su mirada tenía ese deseo que esperé desde el primer día, colocó el vaso sobre su frente, casi en seguida se dio cuenta de algo, porque me devolvió el vaso – tú, ¿ya tomaste?
– Yo estoy bien.
– También comiste los chocolates.
Quise decir, que cada minuto a su lado hay mariposas en mi estómago o que soy de sangre caliente y esos chocolates no me hacen efecto, pero no podía decirlo sin ponerme en evidencia o admitir que los he comido antes.
¿Qué hice?
Me excusé en un afrodisiaco de bajo efecto que no funcionaba en mi organismo y lamí el agua que escurría por su cuello.