(Últimos capítulos). El museo de cera estaba casi vacío. Las luces eran tenues, amarillas, y proyectaban sombras extrañas que hacían que todo pareciera suspendido en el tiempo. Wendy caminaba un poco delante de Vincent, observándolo todo con curiosidad. —Es… inquietante —murmuró ella, deteniéndose frente a una actriz de mirada eterna—. Siento que en cualquier momento van a parpadear. —Si eso pasa, prometo salir corriendo contigo —respondió Vincent admirando la misma figura, el trabajo de los artistas era casi perfecto. Wendy soltó una risa suave. —Entonces Vincent Priego si tiene sentido del humor, ¿He?. —No te acostumbres, solo me sale de vez en cuando. Ella asintió. Avanzaron juntos, sin tocarse demasiado, pero lo suficientemente cerca como para sentir el calor del otro. Vincent

