El miércoles por la mañana Seth saca mi casco de debajo del asiento de su moto y se mete algo de ropa en su lugar. —Avísanos cuando llegues —le pide su madre y yo asiento. —Es la quinta vez que te escucho decir eso desde que me he levantado. Sonrío y estiro los labios rozando los suyos cuando se acerca. —Ten cuidado —susurro. —Como siempre —. Me da otro beso más brusco—. Te quiero —me dice en voz baja y le da un beso a su madre en la frente—. A ti también. Seth nos hace sonreír como a tontas. Lo entiendo. Es encantador cuando quiere. Nos quedamos en la entrada del garaje abierto para despedirnos de él. Dejo de agitar la mano cuando arranca y enseguida nos encerramos dentro de la casa de nuevo. Odio estar en pijama fuera, sobre todo en este vecindario. No puedo esperar a que el mes qu

