En Quintana Roo, México, Blas Russo está ansioso. Lleva sentado hace cuarenta y cinco minutos en este lugar esperando por ese hombre que pagó la fianza para sacarlo de la cárcel donde estaba recluido acusado por Enzo. Mira su reloj de manera impaciente. Ese hombre dijo en el mensaje que le dejó bajo su puerta que tenía algo importante que proponerle y no puede esperar para saber de qué trata. ¿Tendrá pruebas en contra de Enzo Brown como para ayudar a desenmascararlo? No tiene idea, pero lo que sí sabe es que él no va a descansar hasta destruir a ese tipejo y rescatar a Martina. Mira de nuevo hacia la oscura calle de este café olvidado por Dios y bufa por su maldita suerte. ¿Acaso lo dejó plantado? Cuando está a punto de levantarse, una sombra desde atrás de él le da una pequeña pa