Andrés Al llegar al parking de la empresa tenía sensaciones encontradas. Por un lado estaba feliz de que todo se hubiera solucionado entre nosotros y a la vez estaba que desbordaba alegría por los poros por saber que por fin viviríamos juntos y estaba seguro que ese sería un paso intermedio hacia que por fin pudiera pedirle matrimonio. Pero por el otro, no acababa de tomarme del todo bien que Pablo siguiera intentando meterle ideas en la cabeza. Y si bien le había restado importancia cuando me lo dijo, dentro de mí tenía cada vez más ganas de ir a partirle la cara… sobre todo porque yo había sido testigo de muchísimas de sus confesiones sobre sus aventuras y, a pesar de haberlas podido usar a mi favor a su hora, al día de hoy seguía sin contárselas a Sara. No había caso, no era como Pa

