CAPÍTULO 39.-1

976 Words

El sol de Roma no perdona ni siquiera en la mañana. Es una luz dorada que se derrama por las fachadas de los edificios, que brilla en las cúpulas lejanas y hace que hasta las sombras parezcan tener historia. Me arremango un poco la camisa de lino mientras observo cómo Nicoló sostiene a Emilio en su regazo. Es nuestra última mañana en Roma y hemos decidido pasarla recorriendo lo que podamos y a nuestro estilo. Luego del incidente de Emilio, lanzando un chorro de orina en el pecho a su padre, preparé el desayuno y decidimos salir a pasear solo los tres. La plaza está llena de vida, de turistas que van y vienen, de vendedores que gritan sus ofertas en italiano con ese tono musical tan característico, de niños que corretean persiguiendo burbujas. Pero en medio de ese caos hermoso, lo único qu

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