CAPÍTULO 41.-2

1430 Words

Cuando Beatriz me deja sola, la oficina se queda en silencio. Solo se escucha el leve zumbido del aire acondicionado y el distante eco de pasos en el pasillo. La luz natural se cuela a través de las persianas entreabiertas, proyectando líneas doradas sobre mi escritorio. Es uno de esos momentos raros y fugaces en los que puedo respirar sin que el peso de todo me aplaste el pecho. Me recuesto en la silla, dejo caer la cabeza hacia atrás y cierro los ojos por un instante. No es descanso, pero al menos es pausa. Entonces, la puerta se abre sin previo aviso. Mi cuerpo se tensa por reflejo. Me incorporo de inmediato, como si me hubieran llamado al frente en una sala llena de jueces invisibles, y mis ojos se posan en Valeria. Está en el umbral, de pie, sujetando el pomo con una mano. Lleva un

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