Natalia La habitación estaba en silencio. Demasiado silencio para que mi mente se calmara. Mi mirada se posó en su figura ahora dormida, notando el subir y bajar tranquilo de su pecho y su respiración fácil, que no decía nada de la agonía que debió haber sufrido hace apenas unos momentos. Probablemente durante días. No. Durante los últimos dos años. Por la Diosa Luna. Seguía aturdida por las revelaciones, horas después, pero si algo era, era racional. En cuanto supe la verdad, de su… ‘condición’, dejé que mi papel de doctora opacara cualquier otra pregunta. Ahora, sola con el silencio, no podía hacer otra cosa más que ver dormir al hombre con el que no quería tener nada que ver. Incluso herido y un poco pálido, era absurdamente guapo, con el puente de la nariz afilado. Era surreali

