Khatia
—Hasta aquí te puedo dejar. –señala el piloto que Marco consiguió para que nos acercara a Italia.
—Con eso es suficiente, gracias por todo. –responde Marco a través del auricular.
La avioneta comienza a descender y yo entro en pánico sin razón aparente...bueno en realidad si tengo muchas razones pero estamos en territorio de Bianchi, aquí nada puede salir mal. ¿Verdad?
—¿Estás bien? –cuestiona él tomando mi mano.
—Sí, solo necesito estar protegida por cuatro paredes supongo.
—¿Cuándo cuatro paredes nos han salvado? –cuestiona con tono burlón y yo río sintiendo como mis hombros se destensan.
—Tienes razón, pero creo que eso me da ventaja. O a si se siente.
—Te entiendo Khatia, créeme.
Marco no suelta mi mano, yo tampoco hago nada para alejarla de la suya, ¿Por qué? No lo sé, quizás justo ahora, él es mi lugar seguro.
La avioneta aterriza y el piloto baja antes para verificar que todo esté en orden, mi cabello está cubierto por una peluca, como siempre, lentes y ropa común al igual que Marco, solo que él no lleva peluca hoy.
—Todo listo, pueden bajar.
Marco desabrocha su cinturón y luego procede con el mío, baja con cautela a pesar de que le dijeron que todo estaba bien, me ayuda a bajar una vez que él mismo verificó todo.
—Gracias por todo, te veré pronto.
—Espero que no tan pronto, Bianchi. –bromea el piloto y se abrazan amistosamente–, señora Bianchi, un placer conocerla.
Asiento y trato de mantener la calma pero sus palabras me erizan la piel de la nuca, caminamos hasta la salida del aeropuerto y pasamos sin problemas hasta la calle, nos están buscando, aún no sabemos quién o con que objetivo, pero debemos ser cuidadosos.
—Hay una casa a la que llegaremos, es de Nicolette, pasaremos la noche ahí.
—¿Por qué? Digo ya estamos en Italia, ¿Por qué no ir a dónde están todos? ¿Estás ocultando algo? –cuestiono y noto su mirada pero no es de sorpresa, es de algo más.
—Te dije que no iba a ocultarte nada más, he sido sincero contigo en todo momento.
—¿Entonces qué ocurre?
—Estamos en Italia, si, pero no del todo a salvo, pasaremos está noche aquí y mañana la gente de Lian vendrá por nosotros, yo tambien deseo estar con mi familia, Khatia. Quiero hacer esto bien.
—De acuerdo, lo siento, lo haremos a tu modo.
—Eso sonó sexy. –señala y levanta ambas cejas de manera coqueta.
—Eres un tonto. –aseguro pero termino por reír.
Ambos subimos al coche rentado que ya esperaba en el aeropuerto, aunque quiera estar con mi gente lo antes posible, debo darle méritos a Marco por querer hacerlo todo bien planeado, aunque...eso nunca sale bien.
***
—¿Quieres algo de cenar? –cuestiona Marco apenas bajo las escaleras.
—¿Hay algo comestible ahí? –cuestiono llegando hasta el refrigerador.
Me pongo a su lado y siento su nerviosismo.
—Nada...no planeé muy bien la llegada. –se disculpa.
—Por lo menos hay agua caliente. –señalo tomando una manzana.
Me siento encima de la barra y con la navaja comienzo a partirla, está bien, comestible. Marco se acerca y se para frente a mi pero con una distancia prudente. Le ofrezco un trozo de manzana y lo acepta.
—¿Cómo está tu herida?
—Mejor, creo que un punto se rompió, ¿Podrías revisar después?
—Claro, no hay problema.
Marco me observa comer, su mirada me calienta la sangre, pero trato de fingir que no es así. Johnny tenía razón en algo, Marco y yo nos hacíamos el amor con la mirada, ardiamos sin necesidad de tocarnos, algo tan sublime como peligroso.
—Podriamos salir a cenar. –sugiero y sus ojos se achican con sospecha.
—¿Hablas en serio? –cuestiona tan sorprendido que resulta tierno de ver.
—Si, claro. Después de todo, estamos en el lugar donde la comida es casi un pecado de lo deliciosa que es. ¿Por qué vamos a perder esa oportunidad?
—De acuerdo, ¿Quieres elegir el lugar?
—Sorprendeme, Marco Bianchi, estamos en tu territorio. Iré a cambiarme la ropa. –aseguro bajando de la barra y caminando escaleras arriba, solo espero no estar cometiendo un error.
***
Por alguna extraña razón estoy muy nerviosa, mis manos están sudando, hay un hueco en mi estómago, ¿Por qué me siento así? Solo es una cena y ya. ¿Verdad?
—¿Arrepentida? –cuestiona su voz burlona.
Me giro para verlo y dios...no puedo negar todo lo que ese hombre me hace sentir y pensar. Es guapísimo, es tan caliente, (Chert poberi, ital'yanskiy) maldito italiano.
—Khatia, ¿Todo está bien?
Marco se acerca hasta mi, coloca ambas manos en mis hombros y lentamente recorre la piel de mis brazos.
—Te ves preciosa, tan preciosa como siempre, mi muñeca rusa. –murmura de manera tan sensual que yo quiero derretirme ahí mismo.
—Tú también. –logro responder alejándome de él.
—¿Yo también me veo preciosa? Eso es un halago nuevo, debo admitir. –se burla y yo río.
—No seas tonto, sabes lo que eres, no necesitas que nadie te lo diga.
—Eso no significa que no me guste oírlo de ti. Vamos Khatia, me esforcé demasiado. –confiesa abriendo los brazos para que pueda verlo mejor.
—Te ves caliente. –murmuro y me golpeo mentalmente. Marco, por supuesto sonríe como idiota y hace un gesto de acuerdo con sus labios.
—Con eso es más que suficiente, ahora mi bella rusa, es hora de ir a cenar. –me ofrece su brazo y obviamente no lo acepto pero no se ofende, sabe que lleva una ventaja sobre mi.
****
—Benvenuti, signor Bianchi, signora Bianchi.
—Grazie Giorgio, è un piacere essere di nuovo qui. (Gracias Giorgio, es un placer estar aquí de nuevo)
—Tenemos su mesa reservada, he pedido que limiten los comensales, no necesitamos que esté incómodo.
—Te lo agradezco.
—Hay una pareja festejando su despedida en familia, pero no harán ruido innecesario.
—No te preocupes, está bien.
El chef en persona nos lleva hasta la mesa que Marco reservó para ambos, el lugar es espectacular, pero no esperaba menos de mi presumido italiano.
Me tenso un poco al procesar el rumbo de mis pensamientos y él lo nota.
—¿Todo bien?
—Va bene, signor Bianchi.–respondo y sus ojos me miran con ese brillo travieso.
—Rusa traviesa, sabes que amo que tu lengua sea tan versátil. El acento italiano fue hecho para ti. ¿Lo sabías?
—Lo sé, no hay nada que no me quede bien. –presumo y me toma de la mano, haciéndome girar, quedando muy, muy cerca de su cuerpo.
—El mundo entero fue creado para quedar bien contigo, los paisajes más bonitos, las lenguas más extrañas y las más sexis, todas fueron creadas par ti, por eso es que el mundo te pertenece, amore della mia vita.
Marco lleva mis manos entrelazadas con las suyas hacia mi espalda, donde me convierte en su prisionera, mientras sus labios se acercan a mi oído, y susurran palabras en italiano, palabras sucias, palabras lindas, tan típico de él.
La punta de su nariz acaricia mi mejilla, mientras sus labios se acercan a los míos, lentamente. Mi corazón late frenético, mi garganta se seca, su aroma me enciende los sentidos, voy a caer, voy a hacerlo.
—¿Khatia?
Esa voz...esa maldita voz. Marco se tensa y su mirada asesina taladra al hombre que tenemos enfrente.
Sin soltar mi mano, Marco me acomoda junto a él, mientras yo observo a Christian.
—¿Qué carajos haces aquí con este idiota? –cuestiona con rabia.
—Mne ne nuzhno davat' vam ob"yasneniya. (No tengo porque darte explicaciones)
—No uses tu maldito ruso conmigo, Khatia.
—¿Ahora te parece maldito? Qué detalle.
—No has respondido a mi pregunta.
—No tengo porque, no eres nadie a quien deba darle respuestas si no quiero.
—Soy tu...–Christian se detiene al ver qué está en un error–, fuimos una pareja, Khatia.
—Asi es, fuimos, cosa del pasado, ahora no tenemos nada en común. Te recuerdo que fuiste tú, quien decidió sobre eso, acepta las consecuencias de tus acciones. Ahora, no quiero un escándalo, no nos conviene, a nadie aquí. –señalo con la cabeza la mesa donde su prometida y toda su familia se encuentra.
—¿Por eso te refugiaste en este idiota?
—Marco no es el tema de conversación, vete Christian.
Camino tratando de dejarlo atrás pero sus siguientes palabras me congelan de rabia.
—¿Acaso ya te revolcaste con él? ¿Por eso lo defiendes? ¿Ya te convertiste nuevamente en su puta favorita?
Antes de que yo pueda hacer algo, Marco me suelta y camina hasta él, lo toma por la solapa del traje y lo lleva en medio de forcejeos hacia el jardín, una vez ahí, ese italiano feroz y sanguinario aparece.
Christian está en el suelo y Marco sobre él, golpeándolo con fuerza. La gente se percata de lo que sucede, algunos guardias llegan hasta la escena y esto no va a terminar bien si se acercan a Marco.
—¡Chert voz'mi, basta! –grito y Marco se detiene, se arregla el traje y peina su cabello. Christian se levanta con ayuda de los guardias.
—No vuelvas a hablar así de mi mujer, porque no vas a vivir para contarlo, ¿Entendiste basura?
—¿Tu mujer? No me hagas reír Bianchi, ella no es tu mujer, ella no sabe serlo. –escupe con rabia Christian y Marco se acerca a él con una sonrisa en su rostro.
—Tal vez contigo no lo fue, porque nunca fuiste suficiente, tú no sabes ser hombre, yo no necesito tocarla para saber que me desea, porque nunca dejó de hacerlo. No olvides eso.–señala Marco con suficiencia –. Ah y otra cosa, ella te perdonó la vida por la mujer con la que la engañaste, pero yo, no voy a dudar en llenarte la cabeza de plomo.
Marco camina hasta mi y me toma la mano, yo estoy temblando, de rabia, de sorpresa, de deseo.
Hay algo en lo que Marco tiene razón, no necesita tocarme para saber que me tiene deseándolo, porque es verdad, jamás dejé de hacerlo y justo ahora, mi cuerpo pide a gritos que me folle en cualquier lugar posible, porque joder que verlo así, tan primitivo, tan territorial, tan él...hace que mi cuerpo arda tanto como el infierno.