POV. FRANCISCO Hans ríe. No se ríe un poco. No. Se ríe como si hubiera descubierto la comedia del siglo. Se inclina hacia adelante, se agarra el estómago, se limpia una lágrima inexistente del ojo. Y yo, sentado, viéndolo a través de la pantalla del celular, solo pienso que quizá matarlo no sea ilegal en todos los países. Después del encuentro con Serrat se lo conté todo. Todo. Sin filtros. Sin orgullo. Sin la versión editada para quedar bien. Y él… solo respondió con carcajadas. —Deberían quitarte el premio al Arquitecto del Año y darte el del PEOR NOVIO, Francisco —logra decir entre risas. Lo miro. Largo. Profundo. Con esa mirada que normalmente uso para evaluar estructuras defectuosas. Hans, en este momento, es una de ellas. —No soy su novio —respondo, seco—. Es un acuerdo. Un plan

