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Blurb

Crecí sin madre, y eso me hizo difícil las cosas. Pero la vida me recompensó con un grandioso padre, me hizo la persona que soy ahora. Soy un desastre en el amor, pero todo cambia cuando conozco al vecino sexy y guapo. Sé que esto es arriesgado, pero ¿Qué no lo es en la vida? El que tenga novia no es un impedimento para mí, soy una chica mala.

Mi vida da un giro de 180° cuando le sucede algo a mi odiosa prima Sue, y después todo se desencadena. Entonces me caigo de mi pedestal, y comienzo a ver la vida de otra forma. Todos cambiamos con el tiempo, y yo lo hago más que otras personas.

No me reconozco.

Soy peor que la antigua Aileen. Pero descubro cosas que me ponen a pensar si estoy viviendo esta vida, me hacen inestable. Y otro chico llamado Henry me hace sentir algo, que nadie ha hecho en mí, y no se les olvide a Cristian, mi ángel guardián.

¿Quieren conocer la inestable, y loca vida que tengo?

¿Saber que le pasó a Sue y por qué rayos estoy en esto?

¿Y quién es Ronnin realmente?

Comienza a pasar las páginas, porque os muero por contarles todo.

Cada pensamiento y sucio demonio que tengo dentro.

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Capítulo 1- parte 1
No voy a llorar, no voy a llorar, no voy a llorar, no voy a llorar. Llevo repitiendo que no voy a llorar más de media hora, aprieto las manos en puños para darme algo de valor, para no llorar, yo soy fuerte. Pero hasta la persona más fuerte se quiebra, hasta el más fuerte se derrumba y llora. Mi garganta pica con un nudo y mi corazón se aplasta con dolor. Veo que su mano sostiene la suya, le abre la puerta de su auto. Mis ojos se cristalizan. No voy a llorar. Ambos están en el auto, y se van sin haberme visto. Estoy parada en medio de la calle con lágrimas a punto de caer, las personas me miran extraño, me agacho tapándome el rostro con las manos, lágrimas se filtran entre mis dedos y lloro. Mi cabello cubre la parte superior de mi rostro, lloro mientras las personas miran a un extraño en el suelo llorando de coraje. Duele. No sé cuánto tiempo he estado así, me limpió las lágrimas de un manotón, cuando estoy sorbiendo mis mocos alguien tiende un pañuelo para mí, sacudo la cabeza, no quiero la compasión de nadie. No quiero que nadie me mire con lástima, pero es difícil en la situación que me encuentro no tenerme lástima, hasta yo misma me doy lástima. La persona sigue tendiéndome su pañuelo, a regañadientes lo tomo y me sorbo los mocos haciendo el mayor ruido que avergonzaría a una mujer, pero la vergüenza es lo que me falta ahora. Lo único que tengo es lágrimas y lástima para mí. Pienso si devolverle el pañuelo está bien o devolvérselo después, sigo mirando el suelo, cuando decido darle las gracias y devolverle su pañuelo la persona se ha ido. Me quedo mirando el pañuelo rojo, suave y caro, y lloro más. *** —Chica sexy, levántate —la voz de mi compañera de habitación resuena en mis oídos. —Estarás tarde para tu clase de Economía. —Escucho la puerta cerrarse y me quito la sábana de encima que me cubría la cabeza. Anoche llegué al campus arrastrando mis pies con ojos hinchados que todos los que me miraban en la calle de seguro pensaban que era un zombi ya que se alejaban en cuanto me veían. Cuando llegué a la habitación que comparto con Heather ella no estaba, así que me tiré a la cama y lloré por un rato más, no quiero que me vea hoy nadie. No quiero levantarme de la cama. Mi celular suena, busco por todos lados hasta que lo encuentro en el suelo, respondo la llamada de papá en el suelo con mi sábana. Creo que dormiré aquí abajo, es más cómodo. —Buenos días, princesa. —su voz tan alegre me hace hoyos en el pecho. Una vez más siento que voy a echarme a llorar. —Buenos días, papi —hago una voz falsa —¿Cómo estás? —sonrío para enmascarar mi dolor, aunque él no puede verlo. Lo hago por mí misma. —Bien, ¿estás enferma? Escucho tu voz algo extraña —aprieto los labios. Mi padre es de los que se da cuenta de todo, yo soy una completa mentirosa y él es la persona que sabe descifrar todo, desenmascara a los mentirosos como yo. —Sí, un resfriado —miento. A pesar de ser tan bueno en desenmascarar a los mentirosos, nunca ha podido desenmascararme a mí. Soy buena escondiendo mis sentimientos y propósitos. —Me quedaré en cama todo el día. —¿Ya tomaste algo? —escucho su preocupación en su voz, y me digo que después se lo recompensaré, solo que ahora no puedo decirle la verdad. —Tomaré algo ahora después de colgar la llamada —miento. —¿Qué tal el trabajo? —cambio el rumbo de la conversación, no quería seguir mintiéndole y llenando mi corazón con culpa, la carga ya era muy pesada. —¿Estas comiendo bien? ¿Has estado sintiéndote bien? —siento su sonrisa a través de la llamada. —He estado bien y como bien, Gabriel se encarga de ello —hay un deje de humor en su voz. —¿y tú? ¿haz comido bien? —y todo vuelve a mí como siempre. —Estoy bien papi, te quiero —mis ojos se filtran de lágrimas otra vez. No llores, no llores —cuídate y mantente saludable. —no llores, no llores. —También te quiero Aileen, cuídate princesa y mantente en forma. Recupérate pronto. ¿Vendrás éste fin de semana a casa? —Claro, ahí estaré como siempre —no llores, no llores. —El deber llama, adiós princesa, hasta el fin de semana. —Cuelga. No llores. Dejo escapar un suspiro porque no me haya atrapado en mi propia mentira del resfriado. No me gusta mentirle a mi padre, pero simplemente no podría decirle que su hija fue usada y manipulada por un idiota universitario, que la engatusó para que saliera con él y la muy estúpida lo hizo dándole todo lo que ella misma creía era amor. Ni yo misma sé que mierda es el amor. Anoche lloré, no porque me rompiera el corazón, lloré por coraje e indignación de que me hubiera utilizado. Me sentí como la más estúpida de las mujeres, él solo me utilizó para darle celos a su novia.  Y yo que empezaba a creer que este era el correcto, menuda basura me encontré. Limpio las lágrimas no caídas, no pienso seguir llorando por una basura como esa. Es el segundo chico que me usa, el segundo que creí era el correcto, pero no lo era, solo era uno del montón de mierda donde proviene. Me levanto del piso y me quito la sábana, me doy un baño y me cambio de ropa, peino mi cabello, miro mi reflejo en el espejo; ojos hinchados y rojos, cabello castaño, ojos grises y piel pálida. Me pongo unas gafas para ocultar mis ojos de las personas y tomo mi billetera. Salgo de los dormitorios del campus y me dirijo a un café lejos de ahí. Lo último que quiero es cruzarme a una compañera de clase o peor aún, al idiota que me usó. Camino hasta que me detengo en un café, me introduzco y pido un café negro para ahuyentar el sueño y soledad, si eso se puede. Me siento en un rincón donde nadie pueda verme y me bebo el café sola, mirando a los alrededores esperando no encontrar a ningún conocido. Vuelvo a los dormitorios, Heather sigue en clase, así que me cambio de ropa y me pongo unos pantalones cortos deportivos y una sudadera, me calzo los tenis, tomo mi reproductor de música con audífonos y salgo del dormitorio una vez más. Troto por un buen rato hasta que mis músculos se sienten arder y regreso trotando con el sudor en mi cuerpo y rostro, siento mis oídos inundándome con música, es la única forma de que mi mente no vaya a ese lugar, al que evito a toda costa para no sentirme miserable. Comienzo a correr como si mi vida dependiera de ello, corro y corro más, hasta que no me alcanza, llego sudada y con la respiración entrecortada a los dormitorios, miro hacia atrás y no hay nadie en la calle salvo yo. Cierro los ojos y por un instante viene su rostro a mi mente, cierro mis manos en puños y los abro de nuevo. Hoy no es un día para recordar el pasado. Entro a mi dormitorio y me doy una ducha para cambiarme e ir por algo de comida, no quiero estar aquí, manejo hasta un restaurante y me pido lo mejor del menú, tengo que consentirme. Como apetitosamente ya que el ejercicio me ha dejado con hambre, hasta que una pareja me quita el apetito. La chica le grita a su novio y se levanta de la mesa enojada, da zancadas a la salida mientras su novio paga la cuenta y le sigue corriendo. Los veo discutir en la calle, y la rubia comienza a llorar, su novio la abraza y le besa la parte superior de su cabeza, parece tan enamorado de ella, me siento como una intrusa por verlos, se suben al auto y se van. Pido la cuenta y me voy de ahí, camino por un buen rato yendo de compras, pierdo el mayor tiempo haciendo de compras y viendo una película de acción en el cine, cuando salgo de la plaza con bolsas en mano veo que ya ha oscurecido. Así que me voy a un restaurante a cenar, pido otra vez lo mejor del menú y más caro. Ésta vez no hay ninguna pareja discutiendo haciéndome perder el apetito, así que pido un postre y me endulzo la vida. Cuando llego a los dormitorios, ya es pasada de las diez, y Heather no se encuentra en la habitación, solo veo en su cama el cambio de ropa que se hizo y un envoltorio de condón usado, me imagino que ha de estar en una fiesta con su novio. Me doy una ducha y me cambio a mi pijama, pronto estoy dormida. *** La casa sigue como la recuerdo, mi padre no ha llegado del trabajo y mi hermano sigue en clases o algo así me dijo Sue. No quise pasar ningún minuto más en mi habitación del campus, así tomé el vuelo, saliendo de clases. Ellos me esperaban ésta noche, pero llegué antes de lo esperado. Quería ver de nuevo a mi familia. Desempaco mis cosas y las coloco en los percheros, Gina, mi nana me lleva un jugo a mi habitación. Es lo más cercano que tuve a una madre, ya que la mía murió en un accidente cuando tenía tres años. —Ha crecido mi niña —dice con una sonrisa, sus canas ya son visibles. Tanto tiempo. —Lo he hecho nana. —¿No quieres que le avise a tu padre que has llegado temprano? Sacudo mi cabeza. —Quiero darle una sorpresa, así que no lo molestes en el trabajo —le doy una sonrisa. —Cualquier cosa que necesites puedes decirme, —cierra la puerta y me dejo caer en la cama. La casa está tan vacía y sola. Cuando vivía aquí me la pasaba jugando con mi hermano pequeño Walter, siempre le hacía travesuras. Mi papá siempre me regañaba, pero me guiñaba el ojo para que supiera que solo lo hacía por Walter, después de que me mandaba a la habitación, él iba un rato después de calmar a Walter, yo lo esperaba como me había dicho y me traía un helado para comer con él. Nos la pasábamos sentados en la alfombra hablando y riendo de cosas triviales. Mi mejor amigo, sonrío al recordar esos momentos. Ahora que he crecido y me he ido a la universidad ya no lo hacemos, solo me llama tres veces a la semana para checar que todo esté bien, pero ya no hay ese momento de comer helado y reír como lo era de niña. Extraño esos momentos con mi papá, y extraño también a mamá. Mi papá siempre nos contaba su historia de amor, y las cosas que ella hizo por su amor, eran cosas de sentirse orgullosa. Pero aún recuerdo el dolor que mi papá sentía cada vez que mencionaba su nombre, los ojos llorosos y los llantos que escuchaba cada vez que iba a su habitación y me quedaba en la puerta, escuchaba su dolor, el que escondía de nosotros con una sonrisa para sacarnos a delante sin una madre. Cuando en la primaria me pidieron llamar a mi mamá, porque había golpeado a un niño me enojé, les grité que no tenía mamá, que había muerto en un accidente. Le dije a mi papá que fuera en su lugar. Cuando hice un recital y vi a todos los niños con sus madres me cabreé. Cuando fue el día de regalarle algo a nuestras madres hice pedazos el regalo que le hice. Cuando me gradué fue mi padre quien estuvo ahí, mientras todos los demás niños tenían a ambos padres. Ese día lloré. Cada cosa o evento que me recordaba o pedía tener una madre, ocultaba el dolor con el enojo. La extrañaba tanto. Añoré tenerla anoche conmigo, que me consolara y me cantara una canción mientras me dormía llorando. Cada vez que hacía eso cuando era niña me hacía sentir bien. Nunca tuve una madre para contarle cosas sobre el primer chico que me gustó, ni para decirle sobre mi primer beso, cuando me rompieron el corazón por primera vez ni para pedirle consejo acerca de que vestido llevar a la graduación, de que me instruyera como usar protección al tener relaciones sexuales o qué hacer cuando me viniera la menstruación. No tuve ninguno de esos momentos con mi madre. Mi padre hacía lo mejor para enseñarme, pero ningún padre puede ayudar a su hija en ese tipo de situaciones, porque eso le concierne a la madre e hija, así que aprendí a pedir consejos a mi padre en temas que él pudiera manejar. Mi nana también estuvo ahí pendiente de mí. Y cómo olvidar a mi tía Emma. Ella era otra de las personas en las que confiaba mucho y me apoyó siempre. Supe de mi amiga qué hacer cuando das tu primer beso y para usar protección al tener sexo. También sobre los chicos. Todo relacionado a eso me lo enseñaron mis amistades en la escuela. Cuando me vino la regla fue una cosa espantosa, nadie me había dicho que tendría que hacer cuando pasara, estaba en casa sola, la nana había ido de compras, cuando me iba a bañar, me quité la ropa y vi mis bragas manchadas con sangre, creí que estaba muriendo, pero mi cuerpo estaba cambiando, me bañé y puse nueva ropa, pero mis bragas seguían siendo manchadas de rojo, no había nadie en casa y no sabía a quién acudir. Le llamé a una de mis amigas y fue cuando me dijeron que me había venido la regla, parecía una tonta y lloraba asustada. Mi amiga me dijo que me calmara y me pusiera una toalla sanitaria, pero yo no tenía de esas. Cuando la nana llegó me encontró llorando y vio la sangre en mi ropa interior, me abrazó. —Tranquila, mi niña —susurró en mi oído mientras lágrimas caían por mis mejillas —eso es normal. Te ha venido la regla, tu cuerpo está cambiando —me estuvo pasando la mano por la cabeza y dando palmaditas en la espalda para tranquilizarme, —levántate, vamos a limpiarte —me llevó a su habitación y agarró un paquete y me lo dio —son toallas sanitarias, debes usarlas por cinco días hasta que pase. Viene cada mes, deberías empezar a llevar el control de tu periodo, yo te ayudaré como hacerlo —me dio una sonrisa y nunca estuve tan agradecida con ella como ese día. Me hizo sentir a salvo. Después me fue haciéndose fácil, con cada mes que pasaba yo había logrado saber todo sobre mi periodo y cómo prevenir accidentes. La nana me salvó ese día. Un día las toallas se me acabaron y me acababa de bajar, la nana no se encontraba para ayudarme esta vez, mi padre acababa de llegar del trabajo, no sabía qué hacer. Necesitaba ir a la farmacia por un paquete de toallas sanitarias, pero yo no podía hacerlo. Tenía quince cuando bajé las escaleras y lo encontré leyendo el periódico en la sala, con las manos detrás de mi espalda y la cara roja le pedí que fuera a comprar unas para mí. —¿Qué pasó princesa? —levantó la vista de su periódico para centrarse en mí con una sonrisa. —¿sucede algo? —la preocupación llenó su rostro. Tragué saliva sintiendo mis mejillas arder. —Hoy es el día —dije. Su ceño se profundizó. —¿Hoy es tu día? No es tu cumpleaños hoy. —Me miraba con incertidumbre. —Necesito esas cosas con alas —tartamudee. —La de cada mes. El seguía sin entenderme y yo moría de vergüenza cada vez que pronunciaba una palabra. —¿Cosas con alas? ¿Vas a disfrazarte de ángel o algo así? Todavía falta para la fiesta de disfraces. —Papá —comencé —necesito…toallas…sanitarias. —sus ojos se abrieron con el entendimiento. —Me llegó hoy y no tengo. Se levantó de su sillón y fue hacia a mí, me tomó de los brazos. —Me hubieras dicho desde el inicio. —Eso es lo que trataba papá —mis mejillas ardían de la vergüenza. —No sientas pena princesa, es normal en las mujeres —carraspeó y vi que sus mejillas estaban algo rojas, también le era incómodo este tema. —Ya sabes son cosas de la naturaleza, el cambio de ser una niña para cambiar a…mujer —dijo la última palabra en un susurro. —¿Puedes ir a comprar unas para mí? —mordí mi labio, mis mejillas aún más sintiéndose arder. Mi padre se quedó sin habla ¿Cómo le estaba pidiendo esto? Esto eran cosas de mujeres. —Claro, pequeña —me dio una sonrisa —haría lo que fuera por ti. No te preocupes —pareciera que estuviera mejor. —Compraré eso por ti, no te sientas avergonzada de pedírselo a tu padre. —me envolvió en un abrazo de oso y me sentí un poquito más aliviada. Era mi padre y como mi mejor amigo me entendía. Sé que en este momento debe estar recordando a mamá, que si ella estuviera aquí sabría qué hacer. —Volveré enseguida. —Depositó un beso en mi cabeza y salió de la casa. Unos minutos después me llamó al celular. —Princesa ¿con alas o sin alas? —se escuchaba nervioso —se encuentra un montón de diferentes tamaños. —Una con alas —respondí otra vez mis mejillas ardiendo de la vergüenza —y normales. —Ya las llevo —colgó. Dejé escapar un suspiro. Cuando llegó a casa no solo trajo el paquete, si no también pastillas y un montón de helado, chocolate, dulces, papitas, y té. —Me dijeron también que esto te vendría bien en un día como estos —me enseñó todo lo que compró y eso arrebató una sonrisa de mis labios. —Eres el mejor padre, te quiero —lo llené de besos y abrazos. Ese día comí helado y de todo lo que compró, con mi padre, mientras veíamos una película hasta la madrugada. Me dormí en su hombro y desperté en mi cama, me había cargado en brazos. Desde entonces mi padre me consiente cuando ando en mis días. Y hacemos maratón de series y películas mientras comemos un montón de chucherías. Escucho el auto de papá llegar, así que bajo las escaleras y me apresuro a recibirlo en la entrada. Cuando abre la puerta lo sorprendo con un grito de mi parte. La sonrisa de él no tiene precio. —¡Princesa! —me lleva a sus brazos y me mantiene ahí. Rio con él. —¿No llegabas ésta noche? —Quería verte, así que me apresuré a llegar temprano. —Sí que fue una sorpresa. Que gusto que ya estés aquí, —deposita un beso en mi pelo y medio abrazados nos dirigimos a la sala. Cuando Walter llega comemos como una familia. —Realmente haz crecido pequeño —alboroto su cabello y él aleja mi mano de un manotón. —Ya no soy un niño para que revuelvas mi cabello —pone los ojos en blanco, pero sé que le gusta que haga eso. Sí que ha crecido mi pequeño hermano. —Como sea, ¿cómo vas en el instituto? —llevo un trozo de fruta a mi boca mientras espero la respuesta de mi hermano. —Bien, el mejor de la clase, como siempre. Y presidente del comité de estudiantes —hay orgullo en su voz. —En resumen, sigues siendo un nerd y friki —sonrío burlándome de él. —¿Y la novia? ¿Sara? ¿Karla? ¿Cómo se llamaba? Vuelve a poner los ojos en blanco y sonrío de nuevo. —Kate, se llama Kate. Apréndete su nombre, llevamos un año de novios y no te has aprendido su nombre. —Refunfuña. Mi padre nos mira divertido. —Ya lo haré, pero soy mala recordando los nombres de las personas. —Como sea, solo espero que cuando venga mañana recuerdes su nombre. —¿Mañana? —pregunto. Dirijo la mirada a mi padre para que me explique que hay mañana. —Mañana hay una bienvenida para ti querida, casi siempre la hacemos cuando regresas a casa —me recuerda. Lo había olvidado, siempre que regresaba a casa, venían mis primos y tíos, amigos de la familia para darme la bienvenida correcta. Ah y también estaba la Sara, la novia de mi hermano ¿Cómo dijo que se llamaba? Ya no lo recordaba, creo que ésta noche estaré repasando su nombre. —La había olvidado —conversamos de cosas triviales y cómo me ha ido en mis clases. La carrera que llevo es de dirección de empresas, y pienso hacer una maestría también relacionado a las empresas, ya que seré la sucesora en la empresa de mi padre, yo manejaré todo lo que tenga que ver con ello, también existe gran parte de la empresa de mi madre que me dejó en su testamento; sus acciones en las tiendas Singer, para mi hermano y yo. Walter también quiere ser parte de esto, así que una vez que se gradúe del instituto tomará una carrera que tenga que ver en la administración de la empresa. Ambos llevaremos la empresa de mi padre y de mi madre al éxito, más allá de lo que ellos han hecho. Walter quería que con el nombre de las dos empresas fundáramos un lugar para ayudar a niños huérfanos y ancianos desprotegidos. Una que él estaría dirigiendo con nuestro apoyo, una vez que se gradúe tomará un año de descanso para ir a África a ayudar con su novia. Sin duda Walter heredó el corazón de mi madre. Y yo heredé el de mi padre. —Me retiraré de la mesa, tengo que llamar a mi novia. Que descanses bien hermanita, espero que recuerdes el nombre de Kate mañana —me besa en la frente y se despide de nuestro padre para ir a su habitación. Solo estamos padre e hija. —¿Quieres ver una película? —sonrío enseñando mis dientes. Asiente. Estamos en la sala de cine, si señores, tenemos un cine privado y cómodo para la familia. Los beneficios de tener a un padre millonario. Como de mis palomitas mientras empieza el logo de la empresa de la película. Y en grandes letras aparece “Animales fantásticos y donde encontrarlos” grito de la emoción. Esa película saldría dentro de una semana. Miro a mi padre con ojos enormes, él se limita a sonreír. —¿Cómo lo supiste? —estoy extasiada de felicidad. —Sé que te leíste los libros de Harry Potter, yo te los regalé el día de tu cumpleaños. ¿Cómo no iba a saber que harían una película y que querrías verla? Te conozco como la palma de mi mano, pequeña. —Dice —así que pedí la película a la empresa y ayer me llegó justo como dijeron que harían. Pensé que querías verla antes que todos ¿estoy en lo cierto? —asiento sonriendo —así que aquí estamos viendo una película que tanto esperabas. —Amo las conexiones que tiene papá. —Gracias, gracias, gracias papá, te amo —le doy un beso en la mejilla feliz. —Tengo al mejor padre del mundo, gracias. Como de mis palomitas cuando comienza. Estoy excitada de felicidad, mis pies se mueven, quiero brincar por esta felicidad. Y aquí estamos viendo padre e hija una película basada en uno de mis libros favoritos. Esto es completa felicidad. *** La tía Angie llega súper temprano a la fiesta de bienvenida, dice que quería estar más tiempo conmigo. —Hermosa, te has vuelto tan hermosa como tu abuela —me abraza fuertemente y me da un beso en la mejilla. Veo como sus ojos se cristalizan ante el recuerdo de su madre. No conocí a mis abuelos porque murieron en un accidente de avión, y tampoco conocí a los padres de mi papá porque también murieron en un accidente. Así que no tenía abuelos, lamentablemente. Eso es una de las cosas que me gustaría haber vivido, que mi abuela me cocinara galletas y me consintiera como su nieta. Solo que las cosas más hermosas no son para personas como yo, no tengo el derecho de tener lo que más anhelo. Aunque me digo a mi misma que no los necesito, porque tengo a mi papá y hermano, también a mis tíos y primos. Pero en cierta forma, sé que me miento. Las cosas que más niegas no querer, son las cosas que más anhelas tener pero que no tienes. —¿Y cómo has estado? ¿Qué tal la universidad? —me dirige al interior de la casa y nos sienta en un sofá. —Bien, está todo perfecto. Me adentra a una larga conversación como siempre hace cada vez que viene a visitarme, mi tío es la salvación. Le sonrío en agradecimiento una vez que llega. —Hola, tío Jamie —lo abrazo. —Hola pequeña ¿cómo va todo? —mira a la tía Angie y sonríe —¿otra vez llenándola de preguntas? —un sonrojo crece en las mejillas de mi tía. —Tus primos quieren saludarte, vamos. Me despido de mi tía para ir a saludar a mis primos. Al primero que encuentro es a Axel. Nuestro primo mayor. Tiene casi veintidós años, y está en cuarto año de universidad. —Hola prima, veo que te has venido antes —sonríe. —Disculpa por no avisarte. No soportaba un día más en el campus. Axel y yo asistimos a la misma universidad, aunque el dormitorio de los hombres estaba a unos pocos kilómetros de la nuestra no pude ir a decirle que me iba primero. Esperaba que no se enterara de lo que mi ex novio había hecho, quedaría como un idiota total. —No te preocupes, estaba seguro que tendrías tus razones. —¿Dónde está Sue? —miré a los alrededores, pero no había rastro de ella. Es la hermana pequeña de Axel.  —Estará buscando a su próximo novio —Sue era de mi edad, solo por unos dos meses yo era mayor que ella. Aunque en nuestras personalidades somos sumamente diferentes, ella es tan superficial y hermosa, una chica muy popular entre chicos. En cambio, yo era más reservada y fría. —Solo espero que esta vez se mantenga alejada de mi armario, —la última vez que tuve una de estas bienvenidas, había desaparecido mi minifalda de cuero azul. Hermosa y una edición limitada de Gucci. —Hola, Aileen —la pequeña Megan me abraza tiernamente, es pequeña y dulce. Su flequillo es mono, me da una sonrisa que le da gusto verme. Es mi prima pequeña y mi favorita. Nos entendemos a nuestro modo. —Hola Megan, haz crecido —ella ríe. Axel nos mira divertida. Es difícil no querer a la dulce y tierna Megan. —Sigo igual —arruga su nariz haciendo que sus lentes bajen. Le revuelvo el cabello y le pregunto por la tía Emma. —Está hablando con el tío Randy. Asiento. Me despido de Axel y voy a buscar a mi tía favorita. Los encuentro riendo, y alcanzo a escuchar unos nombres conocidos. —Sería mejor Gideon o Maxon. —El tío Fredy sacude su cabeza. —Por nada del mundo quiero que le pongas nombres de libros a mi hijo —sabía que los recordaba. —¿De qué hablan? Me acerco a ellos y tomo un aperitivo de la bandeja de al lado y me lo meto a la boca.

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