Elio permanecía de pie frente al inmenso ventanal de suelo a techo, observando cómo los cipreses se perfectamente podados se movian con el viento marino. Sin girarse, rompió el silencio con una orden directa, la cual ya habia contemplado mucho antes de llegar a la isla. —Lorenzo, necesito que regreses a Livorno esta misma noche—dijo Elio, con la vista fija en la línea donde el mar se fundía con el cielo—. No confío en nadie más que en ti para mantener los engranajes de la organización a flote mientras yo permanezco en este lugar. Génova es demasiado ambiciosa para su propio bien, y mi madre... bueno, ya conoces la capacidad de Carlota Cavallaro, mi madre no es precisamente una ancianita que guste de tejer o se dedique a la oracion ahora que mi padre fallecio, no es una mujer que se quede

