Capítulo 14. Todos tus secretos.

1308 Palabras
La noche transcurrió con normalidad, pero desde que Tyler bajó del podio y se sentó junto a ella, no se movió, parecía estar cómodo ahí. Ella lo miraba de reojo, pensando en como iniciar una conversación, el silencio entre ellos parecía pesado y eso la estaba poniendo incómoda. Estaba a punto de comentar algo sobre el banquete, cuando Tyler le ganó —¿Siempre eres tan callada? O, ¿Solo eres así conmigo?. Bianca tragó saliva. —Un poco de ambos supongo. —Dime, Bianca… una mujer como tú… ¿tiene a alguien esperándola en casa? ¿Un novio? ¿Un amante?. Bianca lo miró y le sostuvo la mirada. Por un momento, la voz de Nyx quiso salir, pero la mantuvo a raya. —No tengo pareja —respondió con sinceridad—. Pero… me veo con alguien. Alguien complicado. No es algo que se pueda llamar relación. Tyler sintió una punzada de celos tan real que casi pudo saborearla. La idea de otro hombre tocando esa piel lo enfurecía, por alguna razón quería acaparar la atención de su secretaria en todo momento. —Vaya coincidencia —susurró él, acercándose tanto que ella pudo oler el whisky y su loción cara—. Yo también me veo con alguien. Alguien que tiene el control total de mis noches. Pero ella no es como tú… La tensión era tan espesa que casi se podía cortar. Bianca sintió un escalofrío. Tyler estaba tanteando el terreno, —¿Cómo yo?. Él la miró fijo, haciendo que ella sintiera su ritmo cardíaco acelerarse. —No lo digo de una mala manera, tu eres…obediente, ella es, todo lo opuesto, pero claro la diferencia es que tú trabajas para mi, y ella no, debe ser eso. —No se ofenda, pero no lo imagino en una relación sentimental. Él soltó una pequeña risa seca, casi inaudible. —¿Por qué?, porque soy un arrogante de pacotilla. Bianca puso una expresión que lo hizo sonreír aun más. —Se lo que dicen de mi en la oficina, no me importa realmente, pueden llamarme idiota, engreído, o lo que sea, mis resultados me respaldan, gracias a mí tienen un salario, y no lo digo por arrogancia, todos nos beneficiamos de los demás, tú por ejemplo, yo te uso y tú me usas, ganar ganar. Bianca sintió que la saliva se atoraba en su garganta, bebió de su copa y sonrió. —Si, tiene razón. —Incluso yo necesito un descanso de mí mismo a veces. Dime algo de ti que no esté en tu currículum. ¿Qué hay de tu vida fuera de la oficina?, justo ahora tengo mucha curiosidad. Bianca sintió un vuelco en el estómago. La pregunta era directa, sin rodeos. —No hay nada asombroso —respondió ella, eligiendo sus palabras con cuidado—. Me gusta la tranquilidad. Tyler la observó con curiosidad, entornando los ojos. —Si, no pareces el tipo de mujer que se siente cómoda en el drama. —Pero, ¿y usted?, ¿Qué hay de su vida personal?. Tyler guardó silencio un momento, mirando el vino en su copa antes de volver a clavar sus ojos verdes en los de ella. —¿Quieres saber que hago en mi tiempo libre o como soy con mi pareja?. Ella sentía que su rostro se encendía, por el vino o por su mirada, no estaba segura. —Imagino que no tiene mucho tiempo libre, así que…prefiero saber sobre lo otro. —Es… inusual. No es alguien con quien pueda ir a cenar a un lugar como este, ni alguien que el mundo entendería. Es una mujer que tiene una forma muy específica de ver el mundo, y de hacerme verlo a mí. No diría que la amo, pero si la necesito, me gusta, me gusta estar con ella, y no, no soy un cretino cuando estamos solos. Bianca sintió una oleada de satisfacción que le recorrió la espina dorsal. Sabía perfectamente que hablaba de Nyx. Escucharlo admitir que “tenía una relación” con su otro yo, frente a su yo real, era el triunfo definitivo. Ella era la dueña de sus noches y ahora, estaba conquistando sus pensamientos de día. —Suena a que ella es alguien muy especial —dijo Bianca, ocultando su sonrisa tras la copa. —Lo es—admitió él, y por primera vez, Bianca vio vulnerabilidad en su rostro—. Pero justo ahora, estando aquí sentado contigo, me pregunto si no me estoy perdiendo de algo más… real. —¿Habla del matrimonio?. Tyler sonrió y desvió la mirada. —Si. Pero que importa, hoy en día los matrimonios no duran, creo que estoy mejor asi. La conversación siguió fluyendo, perdiendo la etiqueta de jefe y empleada. Se volvieron cómplices bajo la luz de los candelabros, creando una intimidad tan profunda que el ruido de la gala desapareció. Tyler ya no la miraba como a una secretaria, sino como a una mujer que lo entendía mejor que nadie, sin saber que, efectivamente, ella era la única persona que conocía todos sus secretos. ……. El trayecto en el coche de Tyler fue silencioso. El chófer los dejó frente al modesto edificio de Bianca. La luz de la luna bañaba el interior del vehículo. Tyler bajó junto con ella y se paró frente a ella. —Gracias por traerme, señor —dijo Bianca, deseando escapar antes de que su corazón la traicionara. —Déjame acompañarte. Ella asintió y caminaron hasta las puertas de cristal del edificio, ella se detuvo y lo miró a los ojos aun sabiendo lo peligroso que era eso. —Bueno, nos vemos el Lunes en el trabajo. —Bianca… —Tyler la tomó del brazo. No fue brusco, pero sí firme. Su mirada recorrió el rostro de ella, deteniéndose en su boca—. No puedo dejar que entres así. No después de cómo me has mirado toda la noche. Antes de que ella pudiera procesar sus palabras, Tyler acortó la distancia. Fue un arrebato, un impulso que había estado conteniendo desde que la vio aparecer con aquel vestido azul. La tomó del rostro con una mano y la besó. No fue un beso suave; fue un beso hambriento, cargado de la frustración de semanas de deseo reprimido y de la confusión que sentía entre ella y Nyx. Bianca se quedó paralizada un segundo, sintiendo el sabor del bourbon y el calor de sus labios, pero el pánico de ser descubierta y la vulnerabilidad de la situación la hicieron reaccionar. Con un movimiento instintivo y brusco, se separó y le cruzó la cara con una bofetada que resonó en todo el lugar. ¡ZAS! El sonido del impacto resonó. Bianca le había soltado una bofetada limpia, con toda la fuerza de su mano. Tyler giró el rostro por el impacto. El silencio que siguió fue sepulcral. Bianca respiraba agitadamente, con los ojos muy abiertos, y su mano ardiendo. —¡No…no vuelva hacer eso! —gritó ella, con la voz quebrada por el miedo y la impresión. Abrió la puerta del edificio y entró corriendo, hasta que desapareció por la puerta del elevador. Tyler se quedó inmóvil. Se llevó una mano a la mejilla, que empezaba a hincharse y a latir con fuerza. Pero, para su sorpresa, no sintió rabia. Una sonrisa lenta y oscura apareció en sus labios. El dolor era real, era nítido, y le recordaba a los castigos de Nyx. —Maldita sea… —susurró Tyler, sus pupilas dilatándose en la oscuridad. No se sentía rechazado; se sentía más vivo que nunca. Se dio la vuelta y caminó hacia el auto con una seguridad renovada. Bianca López acababa de volverse mucho más interesante de lo que jamás imaginó. Una vez dentro del auto, Tyler se reclinó en el asiento, sintiendo una excitación inhumana recorriendo su columna.
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