El desfile termina con una ovación que debería significarlo todo. Aplausos largos, sinceros. Cámaras disparando sin pausa. Periodistas pronunciando el apellido Ferrara como si fuera una promesa renovada. Valentina ha estado impecable. Su discurso fue honesto, contenido, valiente. Exactamente lo que su padre habría hecho. Yo debería sentir orgullo sin fisuras. Pero algo no está bien. Lo noto primero como una ausencia sutil. Como cuando una habitación sigue llena de ruido, pero falta el único sonido que importa. Busco su rostro entre la gente casi por reflejo, esperando verla sonreírme desde algún punto del backstage. No está. —¿La señora Ferrara? —pregunto a uno de los asistentes mientras me coloco la chaqueta—. ¿La ha visto pasar? Niega, todavía exaltado por el éxito del desfile. N

