Dos semanas después Dos semanas pueden parecer poco tiempo. No lo son cuando cada día se vive con la sensación de que algo quedó inconcluso. Desde la confesión de Eliza y la confirmación de su vínculo con Esteban, el mundo siguió girando. La empresa abrió sus puertas. Las reuniones volvieron a llenar la agenda. Los empleados retomaron la rutina. Desde fuera, todo parecía estable. Demasiado estable. Yo sabía que esa calma no era sinónimo de seguridad. Santiago me informa a diario. A veces con datos concretos, a veces solo con avances parciales, hilos sueltos que todavía no terminan de unirse. El rompecabezas empieza a mostrar una imagen más clara: nombres, movimientos financieros, conexiones con la mafia que Esteban utilizaba para lavar dinero a través de la empresa. Pero mientras no es

