Al día siguiente Hay disparos que no se van aunque el silencio vuelva. Me despierto sobresaltado, convencido durante un segundo de que sigo en medio del ataque. Pero lo único que escucho es mi propia respiración y el leve movimiento de Valentina a mi lado. La luz que entra por la ventana es distinta. Es de día. Y, sin embargo, la sensación no cambia: algo se rompió anoche. Algo que no tiene arreglo inmediato. Mi herida es leve. Eso dicen los médicos. Una curación, algunos estudios para descartar secuelas por el golpe en la cabeza y reposo. Reposo. Como si la mente pudiera obedecer esa orden. No todos tuvieron la misma suerte. Tiziano y Franco siguen en cirugía. Lucca, Gian y Mauricio están estables, pero bajo observación. La palabra “estables” debería tranquilizarme. No lo hace. Cua

